LOGINPOV LeonaLa opresión en mi pecho se vuelve casi insoportable. Aprieto los puños sobre las sábanas de Ivanna, sintiendo cómo una corriente helada me recorre la columna vertebral. El aire en la habitación de pronto se vuelve denso, pesado, como si la sola mención de ese hombre fuera capaz de envenenar el ambiente.—Ignacio... —murmuro, y la palabra sabe a hiel en mi boca—. Ese nombre... Lo escuché en el centro comercial. Alguien lo dijo cerca de mí y sentí como si me faltara el aire. Tuve un ataque de pánico tan fuerte que casi pierdo el conocimiento. Si Luciano no hubiese estado allí, no sé qué me habría sucedido.Ivanna achica los ojos, estudiando cada una de mis reacciones con una lucidez implacable. La ironía de su tono anterior desaparece por completo, reemplazada por una rabia contenida que le tensa los rasgos del rostro.—No me extraña en absoluto —dice con frialdad, ajustándose contra la almohada con cierta dificultad, yo la ayudo como puedo—. Ese infeliz te condicionó durante
POV LeonaMe quedo helada a mitad de la habitación, con la mano aún sobre la manija de la puerta. Las palabras de Ivanna flotan en el aire del cuarto de hospital con una ligereza aplastante, retumbando en mi cabeza como una clave indescifrable.«Un Della Rovere por otro».La miro fijamente, buscando en la calidez de sus ojos una respuesta que mi memoria se niega a darme. La veo ahí, postrada en esa cama, conectada a cables y monitores tras haber recibido una noticia devastadora sobre sus piernas, y aun así me regala un chiste, una sonrisa amplia y una complicidad que no puedo recordar con la mente, pero que mi pecho reconoce de inmediato. Una punzada amarga de afecto y nostalgia me oprime el corazón.Luciano tiene razón, esta chica es fuera de serie. Y por lo que parece es una amiga muy cercana a mí. Porque, aunque yo no la recuerde, todo en ella me inspira familiaridad y respeto.—Señorita Montefiore... —murmuro, dando un par de pasos lentos hacia la cama—. No diga eso, por favor.—¿
POV LeonaEl olor a antiséptico y el murmullo constante de los monitores me reciben apenas cruzamos las puertas automáticas de la clínica. Aprieto con fuerza la tela del abrigo largo que Luciano me pidió que llevara para cubrirme, tratando de encogerme sobre mí misma mientras caminamos a paso firme por los pasillos iluminados de blanco.Tengo la cabeza hecha un nudo. Una parte de mí siente un pánico helado por estar en este lugar, como si mi cuerpo recordara antes que mi mente que las paredes de un hospital solo traen malas noticias. Sin embargo, me fuerzo a respirar despacio, buscando la calma en la figura erguida de Luciano, que camina a mi lado con la mano apoyada en la parte baja de mi espalda, guiándome con una firmeza protectora que me impide desmoronarme.Todo va a estar bien, me repito como un mantra. Ivanna está bien, sólo tengo que verla.Luciano me pide que me quede en un pequeño recibidor privado, lejos de las miradas del personal de turno, antes de entrar a la sala de cui
POV IgnacioMe quedo helado unos segundos, con la copa de whisky a medio camino de la boca. La palabra retumba en las paredes de mi despacho, pesada y acusadora.¿Hay alguien más?Miro a Clara, con las lágrimas a punto de resbalarle por las mejillas y el labio inferior temblando. Representa todo lo que mi familia espera de mí: apellido, distinción, la alianza perfecta para los Della Rovere. La chica que ha estado siempre ahí, aceptando mis tiempos y mis excusas. Pero en lugar de moverme a compasión, su escena me sofoca. Me resulta insoportable compararla con la dignidad callada de Leona, con esa devoción pura que destruí sin piedad.Dejo el vaso sobre la mesa de caoba con un golpe seco, buscando tiempo para componer mi mejor máscara. La frialdad calculadora con la que manejo mis negocios vuelve a tomar el control de mis facciones.Recuerdo que no puedo pasarme de la raya, pues, aunque Clara trata de disimularlo, ella sufre con sus nervios. Una vez ante una crítica de la prensa sobre s
POV IgnacioMi noche no ha sido mejor mis noches anteriores. Apenas he podido dormir un par de horas y con mucho esfuerzo. Creo que tendré que llamar al médico de la familia para pedirle que me recete algo o voy a terminar enloqueciendo.Es como que de a poco voy comprendiendo el error que he cometido al haber dejado de esa manera a Leona. No debí haber sido tan insensible aquel día de nuestro aniversario. No debí, haberle hablado así la noche en la que la dejé o, tal vez, nunca debí buscarla para tener una relación como la que teníamos.Es que aquel día cuando la conocí, perdí por completo la cabeza. Su extrema belleza, su ingenuidad, su sencillez y dulzura al hablar me atraparon de inmediato. Y, por más excusas y limites que mi razón me impusiera, no pude evitar acercarme a ella.No era mi intención enamorarla; no al principio. Pero después comprendí que no había otra manera de que ella me aceptara. Sonrío al recordar todas las estupideces que hice para lograr su atención: escribir
POV LucianoSiento el impacto directo de su cuerpo contra el mío antes de que mi mente alcance a procesarlo.Leona rodea mi cintura con su brazo sano y se recuesta contra mi pecho con una soltura, una calidez y una fuerza que me toman por sorpresa. Su cabeza queda apoyada justo a la altura de mi corazón, que empieza a golpear contra mis costillas con un ritmo violento y desencadenado que jamás le he permitido a nadie escuchar.—¡Gracias, gracias, Luciano! —exclama con la voz quebrada por la emoción—. Nos has salvado a ambas. No sé ni cómo haré para pagarte todo lo que has hecho.Me quedo rígido un segundo, con las manos suspendidas en el aire. No estoy acostumbrado a los abrazos ni a la gratitud desinteresada; en mi mundo, todo se mide en términos de alianzas, deudas y poderes. Pero esto... esto no es una transacción. Es la entrega pura de una mujer que me está confiando su vida entera sin pedir nada a cambio.Una satisfacción voraz y profunda me recorre la espina dorsal. Me agrada. M







