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—¡No tienes derecho a estar embarazada!La voz de Chantal resonó por todo el pasillo del hospital.Lola se quedó mirándola durante unos segundos.No podía creer lo que acababa de escuchar.Chantal tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no había tristeza en ellos. Había rabia. Una rabia tan intensa que parecía consumirla por dentro.—No es justo —continuó Chantal, apretando los puños—. ¡No es justo que tú tengas un hijo después de lo que hiciste!Lola frunció el ceño.—¿Después de lo que hice?—¡Por tu culpa murió mi bebé!Durante un instante, el pasillo quedó en silencio.Lola observó a su hermana.Después miró el resultado del embarazo que Chantal todavía sostenía entre sus manos.Y, contra todo pronóstico, soltó una pequeña risa.Chantal la miró con odio.—¿De qué te ríes?Lola extendió la mano.—Devuélveme mi resultado.—¡No!—Chantal.—¡No tienes derecho!Lola respiró profundamente.No quería discutir. No aquel día.No cuando acababa de recibir la noticia más hermosa de su vida.
Chantal salió de la habitación de Antonella.Cerró la puerta con cuidado y respiró profundamente.Había conseguido mantener la compostura frente a su suegra, pero ahora que estaba en el pasillo, una sonrisa satisfecha apareció en sus labios.Todo estaba saliendo como lo había planeado.O, al menos, eso quería creer.Caminó unos metros hasta que vio a una mujer esperándola cerca de los elevadores.—¡Tía!Chantal aceleró el paso y la abrazó.—Tía Brenda, gracias por venir.Brenda correspondió al abrazo y luego miró hacia la puerta de la habitación.—¿Todavía no muere esa vieja bruja?Chantal se separó inmediatamente.—¡Tía!Brenda soltó una carcajada.—¿Qué? No me mires así. Sabes perfectamente lo que pienso de ella.Chantal bajó la voz.—Estamos en un hospital. Entonces habla más bajo.Brenda sonrió como si acabara de recordar algo divertido.—Aunque quizá deberías empezar a tratarme con más respeto.Chantal frunció el ceño.—¿Por qué?La mujer se acercó y tomó su brazo.—Porque, niña…
Los ojos de Justin permanecieron clavados en Sharon.Había decepción en ellos.Una decepción tan profunda que, por un instante, Sharon sintió que el mundo entero se había detenido.Ella negó desesperadamente con la cabeza.—¡Eso está trucado! —exclamó, con la voz quebrada—. ¡Te juro que es falso! ¡Yo nunca hice eso!Pero Justin no respondió.Seguía mirando las pruebas que tenía frente a él.Sharon sentía que se estaba hundiendo.—Justin, tienes que creerme.Él levantó lentamente la mirada.—¿Por qué debería hacerlo?La pregunta la destrozó.—Porque me conoces.—Creí que te conocía.Sharon sintió que las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.Entonces Ámbar dejó escapar una pequeña risa.No era una carcajada. Era apenas una sonrisa cargada de seguridad.—¿A quién le crees, Justin? —preguntó con calma—. ¿A las pruebas que tienes frente a tus ojos o a Sharon?Sharon la miró con incredulidad.—¡Tú hiciste esto!Ámbar arqueó una ceja.—¿Yo?—¡Sí!—Entonces demuestra que es mentira.
Al día siguiente, Justin tomó una decisión que sorprendió a todos.No abandonaría la ciudad.Había pasado toda la noche pensando en Ámbar.Recordaba su rostro cuando la había acusado injustamente. Recordaba la bofetada.Recordaba la expresión de desprecio en sus ojos cuando le reveló que era una Garza Sada.Pero, sobre todo, recordaba sus propias palabras.Había sido cruel. Había cometido un error.Y ahora necesitaba corregirlo.No sabía si Ámbar estaría dispuesta a escucharlo, pero estaba decidido a intentarlo.—Me voy a quedar —dijo finalmente.Su madre lo miró con preocupación.—¿Justin, hijo...?—Debo pedirle perdón a Ámbar.Su madre suspiró.—Justin, creo que deberías regresar conmigo. Quizá lo mejor sea darle espacio.—Madre, por favor, no te entrometas.Ella guardó silencio.Sabía que su hijo estaba obsesionado con arreglar aquello que había destruido, pero también sabía que Ámbar podía no querer volver a verlo.—Bien —dijo finalmente—. Entonces debo volver a la ciudad. Sharon v
—¿Casarme con otro? Madre, no… no puedo hacerlo… —dijo Ámbar, sintiendo cómo la voz se le quebraba en la garganta y la habitación comenzaba a dar vueltas a su alrededor.María se levantó del sofá con andar pausado.Rodeó el cuerpo tembloroso de su hija y la envolvió en un abrazo cálido, firme, buscando trasmitirle la seguridad que tanto le faltaba.—Entonces, mi niña… ¿quieres que tu hijo crezca sin la presencia y el amparo de un padre? —preguntó María en voz baja.Ámbar se quedó perpleja.Las palabras de su madre impactaron directo en su pecho como un golpe helado.La mente se le quedó en blanco por un instante, incapaz de articular una sola defensa.—Madre… por favor, necesito tiempo. Tengo que pensarlo.Salió de la estancia con el corazón martilleándole el pecho.Los pensamientos la golpeaban sin piedad a cada paso que daba por el pasillo.«No puedo dejar a mi bebé sin una figura paterna… pero… Justin sigue siendo su padre», pensó,**Mientras tanto, al llegar a casa, Greg cargo a L
Afuera del salón, Justin permanecía completamente inmóvil.Los guardias ya se habían marchado después de dejarlo fuera de la propiedad, pero él seguía allí, incapaz de procesar lo que acababa de ocurrir.Miró hacia las enormes puertas por las que acababan de expulsarlo.Ámbar, la mujer que amaba, su esposa, resulta que sintió que no la conocía, no sabia que era una heredera, no sabía nada sobre ella.Justin se pasó ambas manos por el rostro.—Dios mío...Sintió que el estómago se le revolvía.Recordó cada una de las palabras que había pronunciado contra ella.«¿Cómo puedes ser amante de Greg Garza Sada?»«¿No tienes vergüenza?»Ahora aquellas frases regresaban a su cabeza una y otra vez.—Ámbar... es una Garza Sada —murmuró con incredulidad.Se quedó mirando al vacío.¿Cómo había podido equivocarse de semejante manera?Había construido toda una historia en su cabeza sin molestarse siquiera en preguntarle la verdad.La había juzgado. La había humillado delante de otras personas.Y lo pe







