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Lejos de allí…Darius observaba su teléfono con una sonrisa que llevaba demasiado tiempo esperando poder mostrar.El teléfono volvió a sonar.Darius contestó de inmediato.—¿Y bien? —preguntó, intentando contener la impaciencia.Al otro lado de la línea, un hombre respondió con voz firme:—Todo salió como lo acordamos. La dinamita explotó justo cuando el hombre entró en la zona de la construcción. La estructura se vino abajo en cuestión de segundos.Darius cerró los ojos y soltó una carcajada.—¿Estás seguro de que estaba allí?—Lo vimos entrar. Después ocurrió la explosión. Nadie habría podido salir de ese lugar a tiempo.Una sonrisa de satisfacción se extendió por el rostro de Darius.—Excelente. Haz lo que te dije y asegúrate de que nadie relacioné esto conmigo.—Entendido.Darius terminó la llamada y dejó caer el teléfono sobre el escritorio.—¡Al fin! ¡Al fin lo logré!Había eliminado un obstáculo que llevaba demasiado tiempo interponiéndose entre él y la vida que deseaba recupera
Ámbar ya no pudo contenerse y abrazó a Lola con todas sus fuerzas. Había pasado por tantas emociones en las últimas horas que sentía que, si alguien volvía a pronunciar una palabra sobre lo ocurrido, terminaría derrumbándose por completo.Lola la estrechó entre sus brazos y le acarició suavemente la espalda.—Todo está bien, Ámbar. Ya pasó. No tienes que preocuparte por Luis nunca más.—Gracias —murmuró con la voz quebrada—. No sé qué habría hecho sin ti.—No tienes que agradecerme nada. Eres mi amiga, y jamás habría permitido que ese hombre siguiera lastimándote.Cuando finalmente se separaron, Ámbar se encontró con la mirada de su madre.María tenía los ojos húmedos y una expresión de profunda tristeza.—Ámbar, ¿por qué no me dijiste lo que estaba pasando? —preguntó, acercándose a ella—. ¿Por qué tuviste que cargar con todo esto sola?Ámbar bajó la cabeza.—Yo… no sabía cómo decírtelo —confesó—. Tenía miedo de lo que pudieras pensar de mí. No quería preocuparte y creí que podría mane
La sonrisa de Luis desapareció.Por un instante, nadie habló.El color abandonó su rostro tan deprisa que María se puso de pie, alarmada. Greg entrecerró los ojos, mientras Ámbar miraba a Lola sin poder ocultar su sorpresa.—¿Qué tonterías estás diciendo? —balbuceó Luis.—No son tonterías. —Lola tomó una carpeta que había dejado sobre el escritorio—. Y antes de que intentes negarlo, te recomiendo que observes esto con mucha atención.Abrió la carpeta y extendió varios documentos frente a ellos.Había registros de movimientos financieros, copias de transferencias y otros papeles que señalaban operaciones sospechosas relacionadas con la empresa.Greg se inclinó para examinarlos. Su expresión se endureció con cada página que pasaba.María, por su parte, miraba los documentos como si no pudiera creer lo que tenía delante.—¿Qué significa todo esto? —preguntó, con la voz temblorosa.Lola señaló uno de los registros.—Significa que mientras Luis se presentaba como un hombre dispuesto a sacri
—¡Ámbar, teníamos un trato! —La voz de Luis resonó con tanta rabia que varios de los invitados se volvieron hacia ellos—. ¡No puedes hacerme esto delante de todo el mundo!Ámbar lo miró con el corazón acelerado. Tenía las manos frías y sentía que las piernas apenas podían sostenerla, pero no iba a retroceder.—Lo sé, Luis, pero yo no te amo.Las palabras cayeron entre ambos como una sentencia.Luis apretó la mandíbula, incapaz de ocultar su indignación.Para él, aquella boda ya estaba decidida.—¿Después de todo lo que hice? —preguntó, bajando la voz, aunque su furia seguía siendo evidente—. ¿Así es como me pagas?Ámbar sintió una punzada de culpa, pero se obligó a sostenerle la mirada.—Te dije que me casaría contigo, pero no puedo obligarme a sentir algo que no existe.Los murmullos comenzaron a extenderse entre los invitados. Algunos intercambiaron miradas incómodas, mientras otros intentaban comprender qué estaba ocurriendo. Nadie esperaba que la boda terminara en una discusión de
Ambar lo miró con el corazón encogido.Justin acababa de entrar en el jardín, y aunque todavía caminaba lentamente, como si cada paso le exigiera un esfuerzo enorme, sus ojos estaban clavados en ella.Había desesperación en su mirada, una súplica tan dolorosa que Ambar sintió que las fuerzas comenzaban a abandonarla.Él no había dejado de amarla.Y ella, por mucho que intentara convencerse de lo contrario, tampoco había conseguido arrancarlo de su corazón.—No, Ambar, por favor, no —suplicó Justin, deteniéndose a unos pasos de ellaAmbar abrió los labios, pero no consiguió pronunciar una sola palabra.Sentía un nudo en la garganta y las lágrimas amenazaban con desbordarse.Luis, en cambio, no tardó en perder la paciencia.Se levantó de su asiento con el rostro endurecido.—Bueno, tengo un anuncio para todos, justo antes de que comience la cena.Su voz, firme y perfectamente controlada, consiguió que los murmullos disminuyeran.Luis se acomodó la chaqueta y miró a Ambar. Esperaba encont
Quince días despuésPor fin, después de dos semanas de incertidumbre, Justin y Luis recibieron el alta médica.Para Ambar, aquellos quince días habían sido una auténtica tortura.Aunque Justin había logrado estabilizarse.Sin embargo, la presencia de Luis complicaba cada vez más las cosas.El día en que ambos abandonaron el hospital, Luis expresó su deseo de que Ambar fuera quien lo llevara a casa.Apenas escuchó aquella petición, la madre de Justin se puso furiosa.—¡Esto es el colmo! —exclamó, incapaz de contener su indignación—. ¿por que debes acompañarlo? Mi hijo es el padre de tu bebé, Ambar.Luis mantuvo una expresión serena, como si las palabras de aquella mujer no le afectaran.—Solo le estoy pidiendo que me lleve a casa. No creo que sea necesario convertir algo tan sencillo en un problema.—¡Tú sabes perfectamente lo que estás haciendo!Ámbar bajó la mirada. No quería que aquella discusión se prolongara, mucho menos frente a Justin, quien todavía necesitaba tranquilidad para r







