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Cuando la puerta de la habitación se abrió, Darius y Raúl entraron apresuradamente.Sin embargo, ambos se detuvieron en seco al contemplar la escena que tenían delante.Antonella estaba despierta.La mujer permanecía recostada sobre la cama, con el rostro pálido y el cabello desordenado, pero sus ojos estaban abiertos y los observaban con una lucidez que no habían visto en mucho tiempo.Darius sintió que el corazón le daba un vuelco.—¿Madre? —susurró, acercándose rápidamente a ella—. ¿Puedes escucharme? ¿Sabes quién soy?Antonella movió ligeramente la cabeza y trató de incorporarse, aunque el esfuerzo pareció agotarla. Darius se apresuró a colocar una mano detrás de sus hombros para ayudarla.—¡Madre, no te esfuerces! Espera, voy a ayudarte.Ella lo miró durante unos segundos, como si estuviera intentando reconocerlo. Después, sus labios temblaron y consiguió pronunciar unas palabras.—Da... Darius.El hombre sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.—¡Sí, madre! Soy yo. ¡Has d
Darius regresó a casa con el rostro desencajado y los nervios al límite.Durante todo el trayecto, no había podido dejar de pensar en lo ocurrido en la construcción.La inspección había sido un desastre y, para empeorar las cosas, Lola había dejado claro que no pensaba dar marcha atrás.Si cumplía su amenaza y llevaba el asunto ante los tribunales, las consecuencias podían ser devastadoras.Su empresa había tardado años en consolidarse. Había invertido dinero, tiempo y esfuerzo para construir una reputación en el sector, y ahora todo podía desaparecer en cuestión de días.Al entrar en la sala, encontró a Chantal esperándolo. Ella se levantó inmediatamente al verlo, intentando descubrir en su expresión si las cosas habían salido bien.—Darius, ¿qué pasó? ¿Pudiste resolver el problema?Él ni siquiera respondió al principio. Se quitó la chaqueta y la arrojó sobre uno de los sillones antes de dejarse caer en otro, llevándose ambas manos al rostro.Chantal comenzó a inquietarse.—¡Darius,
—¿Qué hacen aquí?La voz de Darius Loredo resonó en el área de construcción, cargada de indignación.Al ver a Lola y Greg frente a la entrada, acompañados por varios inspectores, sintió que algo no iba bien.Había recibido noticias de que ambos se presentarían en las instalaciones, pero no esperaba que llegaran con un equipo de profesionales dispuestos a revisar cada rincón de la obra.Lola sonrió con descaro, disfrutando de la expresión de desconcierto que apareció en el rostro del hombre.—¿Olvidas que somos los dueños de este proyecto? Tenemos derecho a realizar cualquier inspección cuando lo consideremos necesario. ¿O acaso necesitas que te lo recuerde, señor Loredo?Darius apretó la mandíbula.—No necesitan presentarse de esta manera. Si desean revisar el avance, podrían haberlo solicitado con anticipación.—¿Y perderme la oportunidad de llevarme una sorpresa? —replicó Lola, fingiendo inocencia—. Además, si todo marcha tan bien como aseguras, no tienes absolutamente nada de qué p
Cuando Lola llegó a la habitación donde Greg se encontraba ingresado, descubrió que los médicos ya estaban preparando los documentos para darle el alta. Después de varias horas de angustia, exámenes y preocupación, finalmente podría llevar a su esposo a casa.Al verla entrar, Greg dejó escapar un suspiro de alivio. Había pasado demasiado tiempo preocupado por ella y por su bebé. Aunque los médicos le habían asegurado que no presentaba lesiones graves, lo que más deseaba era reunirse con su familia.—Amor…Lola no necesitó escuchar nada más. Se acercó rápidamente a la cama y lo abrazó con fuerza, escondiendo el rostro contra su pecho.Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas mientras sus manos se aferraban a la ropa de Greg, como si todavía temiera que alguien pudiera arrebatárselo.Él la rodeó con los brazos y le acarició suavemente la espalda.—Está bien, Lola. No te preocupes, amor. Estoy bien y estaré aquí a tu lado. No tienes que seguir llorando.—No sabes cuánto mied
Darius la miró con una mezcla de impaciencia y falsa ternura. Al ver que Lola no correspondía a su abrazo, su expresión cambió. La tomó del brazo y apretó los dedos alrededor de este, obligándola a prestarle atención.—Deja de tratarme así, Lola. ¿Hasta cuándo vas a seguir rechazándome? ¡Te amo! Siempre te he amado y tú lo sabes. Vuelve conmigo, por favor. Podemos empezar de nuevo, lejos de todos los problemas que has tenido con Greg.Lola intentó soltarse, pero Darius no la dejó.—Suéltame —exigió ella, mirándolo con indignación.—Primero escúchame. No tienes por qué seguir sufriendo. Ahora que Greg ha muerto, recibirás una fortuna como su viuda. Tendrás todo el dinero que necesitas para vivir como una reina y yo estaré a tu lado. Juntos podremos disfrutar de esa riqueza sin que nadie se interponga entre nosotros.Durante unos segundos, Lola creyó haber escuchado mal.¿Acaso aquel hombre estaba hablando en serio?Su esposo acababa de sobrevivir a un derrumbe, se encontraba en el hosp
Lola abrazó a Greg con todas sus fuerzas, incapaz de contener las lágrimas que se agolpaban en sus ojos. Durante aquellos interminables minutos, había llegado a pensar que nunca volvería a verlo, que el derrumbe se lo había arrebatado para siempre.Sin embargo, allí estaba él, frente a ella, respirando y sosteniéndose sobre sus propios pies.Lo examinó de arriba abajo, buscando alguna herida que pudiera haber pasado por alto.Tenía el rostro cubierto de polvo, la ropa rasgada y una expresión de agotamiento que le partía el corazón, pero, al menos, no parecía tener ninguna lesión grave.—Greg… —susurró, acariciándole las mejillas—. Estás aquí. Gracias a Dios, estás aquí.Él le dedicó una sonrisa cansada y la estrechó contra su pecho. También había sentido miedo. Mientras permanecía atrapado entre los escombros, su único pensamiento había sido salir de allí para regresar con Lola. No podía permitirse morir, no cuando todavía tenían tantos sueños por cumplir y un hijo que pronto llegaría







