LOGINCAITLINEsteban se había ido a toda prisa con Fabian, dejándome sola con mis pensamientos. Considerando que Rico estaba invitado a cenar, su llegada era demasiado temprana. Miré la hora en la pantalla de mi teléfono, preguntándome si sería buena idea bajar también.Aunque Esteban había actuado un poco extraño cuando se enteró de quién era el invitado, no había dicho nada sobre Rico. Al menos no a mí. Antes de irse, no se detuvo a decirme si podía o no bajar. No es que yo quisiera... todavía.Desde la noche en que Eliana me arrastró al comedor, Esteban nunca me había dicho que me quedara adentro o escondida. Esto, sin embargo, era diferente.Chateé un poco con Viv, que parecía decepcionada de que el día siguiente fuera sábado porque no trabajaba los fines de semana.Me mandó una nota de voz explicando lo triste que estaba por eso. Se me escapó una risa. Era un enorme contraste con cómo se sentía antes respecto a los fines de semana.Toqué el ícono de grabar. —¿Quién eres y qué le hicis
ESTEBANCaminé por el pasillo. Fabian me seguía en silencio.—¿Qué vas a hacer? —preguntó Fabian.—Nada. Voy a saludar a mi estimado invitado —dije con indiferencia, deteniéndome en las escaleras. Miré a Fabian y bajé la voz—. Mantén los ojos abiertos. —Hice un círculo en el aire con el dedo.Fabian asintió, entendiendo. Les había avisado a los hombres antes de la visita de Rico que, cuando llegara, cada rincón de la casa y cada movimiento debía ser vigilado.Aunque podía ser una oportunidad para pescar a unos cuantos traidores, había una gran probabilidad de que el juego se alargara mucho más.El propósito de la visita de Rico todavía no se conocía. Su meta principal era deshacerse de mí, pero ¿cómo ayudaría estar en mi mesa a lograrlo?Bajé las escaleras despacio. En el comedor, encontré a Eliana y a Rosio, su asistente, claramente entretenidas con Rico.Aclarándome la garganta para anunciar mi llegada, jalé una silla en la cabecera de la mesa.Rico se puso de pie y me saludó.—Qué
CAITLINLa cocina estaba ruidosa y un poco desordenada. Miré alrededor y todos parecían estar haciendo una cosa u otra a la vez. Me hizo preguntarme si Miranda había invitado a toda la familia del hombre a cenar.—¿Cuántos platillos? —pregunté sin dirigirme a nadie en particular.—La señora quiere siete —susurró la chica a mi lado.Eso era más de lo usual. Siempre había distintos platillos en la mesa. Al menos desde que empecé a quedarme con ellos.—Ocho platillos y tres postres —dijo otra desde el pasillo.—Eso es mucho. ¿Hay algo que pueda hacer? —pregunté, esperando unirme.—No —dijeron todas al unísono.Poniendo los ojos en blanco ante eso, tomé una escoba y empecé a barrer los derrames en el piso. Luego tomé un trapo para limpiar la encimera mientras ellas trataban de hacer todo lo posible para que me detuviera. Lo cual era curioso, considerando que yo había hecho cosas mucho peores que barrer y limpiar.Carajo, había limpiado baños por dinero extra. No era mejor que ninguna de e
ESTEBANVer a Caitlin lamerse mi semen de los dedos despertó un fuego dentro de mí.Su cabello estaba húmedo de sudor, sus ojos todavía entrecerrados, dándole un aspecto seductor. Dios, era hermosa.Me rodeó el cuello con un brazo y me jaló hacia abajo para un beso. Sentí la sangre acumularse en mi entrepierna.Sus manos se deslizaron por mi espalda hasta mi trasero.Chica loca.Pasando los dedos por el semen en su estómago, los lleve hacia su coño, luego los deslicé dentro de ella mientras le frotaba el clítoris con el pulgar.—Ohh... —gimió, rompiendo el beso.Empujó las caderas hacia arriba para encontrarse con mis dedos, su coño apretándose con fuerza alrededor de ellos.—Con calma, dulzura. —Me reí entre dientes.Era una cosita fogosa e insaciable, y me encantaba.Rodé fuera de ella. Me recosté de costado, apoyado en un codo, la cabeza descansando contra mi palma.Una sensación cálida se expandió por mi pecho, y por alguna razón, el corazón me latió más rápido.—Me vuelas la ment
CAITLINEsteban me sacó el vestido por la cabeza, dejándome desnuda bajo su cuerpo. Forcejeé con su cinturón, tratando de quitárselo. Su mano cubrió la mía. Se desabrochó el cinturón y se quitó los pantalones y los calzoncillos.Sus manos recorrieron cada centímetro de mí, y su lengua lamió todo el camino hacia abajo hasta mi tobillo dolorido.—¿Te duele, dulzura?¿Dulzura? Bueno, esa era una nueva.—No —respondí sin aliento.Intenté sentarme; quería jalarlo hacia mí. Quería sellar mis labios con los suyos y sentir su peso sobre mí y su verga dentro de mí, en mi boca o en mi coño.—No, Gatita, recuéstate —ordenó.Me recosté, mis ojos entrecerrados fijos en él. Comenzó a dejar besos por mi pierna hacia arriba, hasta mi centro, separándome las piernas.—Estás empapada para mí, nena —murmuró contra mi carne sensible antes de presionar la lengua contra mi clítoris.Aspiré aire, aferrándome a las sábanas entre los dedos. Succionó suavemente el botón, luego lamió mis labios vaginales hacia
CAITLINRemojarme en agua tibia... casi caliente... era exactamente lo que necesitaba. El agua aliviaba el dolor en mi tobillo.Me quedé en la tina hasta que el agua se enfrió. Luego me levanté y me sequé el cuerpo con una toalla limpia y seca.Tomando mi loción del tocador, cojeé hasta el cuarto y me senté en la cama. Masajeándome la loción en la piel, me enfoqué un poco más en el tobillo, tratando de alejar el dolor.Alguien tocó suavemente a la puerta.—¿Quién es? —pregunté.—Pepe.Me puse de pie, apresurándome hacia el clóset.—¡Dame un minuto!Escogí un vestido corto y suelto. Era fácil de ponerse. Mirando mi reflejo en el espejo, me pasé los dedos por el cabello. Luego me apresuré a llegar a la puerta... no había nada de rápido en cojear.—¿Encontraste alguno? —pregunté, abriendo la puerta.Me entregó una pila de libros. No los esperaba, así que me costó no dejarlos caer.¿Había pedido tantos? me pregunté.—El encargado de la librería recomendó algunos libros que podrían gustart







