LOGINESTEBANLa actitud de Caitlin cambió después de la llamada con el doctor. Empezó a morderse los dedos.Me pregunté si simplemente estaba aburrida. Yo no ayudaba, considerando que lo único que hacía era sentarme a observarla mientras estaba perdido en mis pensamientos.Me levanté de mi asiento, caminé hasta el sofá y me senté. Rosio había dejado mi comida en la mesita.—¿Tienes hambre? Hay huevos, carne y...—No, gracias —dijo con una sonrisa forzada.Rosio ya me lo había mencionado, pero era raro escucharla rechazar la comida. Me encantaba cuánto amaba ella su comida.Podría sentarme a verla comer todo el día. Era hermoso.¿No se suponía que el tratamiento también ayudaría con eso?—¿No tienes hambre? —pregunté.Me miró. Su mirada bajó hacia la bandeja, y luego tragó saliva. La verdad ya estaba en sus ojos.¿Cómo era posible que pudiera saber cuándo mentía y cuándo no, pero no hubiera podido ver que me había estado mintiendo sobre sus asuntos con Caspian?Carajo, era mala mentirosa. E
CAITLINSe me entreabrieron los párpados. El rostro de un hombre desconocido estaba a unos centímetros del mío. Tenía el ceño fruncido.—¿Quién es usted? —croé.No respondió. Simplemente se alejó de la cama.Escuché a Esteban murmurar algo. Ambos hablaban en voz baja, y apenas podía oír una palabra de lo que decían.Recorrí la habitación con la mirada. Tenía una vía intravenosa conectada a la mano. Entonces recordé lo que había pasado en el estudio de Esteban.¿Por qué susurraban? ¿De verdad había algo mal conmigo?—Le avisaré cuando estén listos los resultados —dijo el doctor, caminando hacia la puerta.Eso me dio un poco de alivio. Aun así, no pude evitar preguntarme qué dirían los resultados. No podía decir que hubiera estado llevando una vida saludable.Esteban se sentó en la silla junto a la cama. Sus ojos eran más suaves que en su estudio. El miedo en su voz cuando me atrapó en el estudio había sido tan real. Aun así, quería que me fuera. Con él sentado a unos centímetros de mí,
ESTEBAN—¡Llamen al doctor! —ladré, cargándola hasta nuestro cuarto.No podía arriesgarme a llevarla al hospital por si era parte del plan de Caspian. Si la habían enfermado a propósito, era por una razón... un plan estúpido... y yo no iba a caer de lleno en él.No cuando podía poner en peligro la vida de Caitlin, considerando que apenas podía confiar en mis propios hombres.¿Cómo llegamos a esto? Me sentía como un maldito débil.La recosté con cuidado en la cama, quitándole las almohadas de debajo.—El doctor viene en camino —dijo Rosio desde la puerta. Dio unos pasos hacia adelante, con la mirada clavada en el suelo—. Yo... noté que no estaba comiendo mucho. Pensé que no le gustaba la...¡Genial! Y apenas me lo decía en el momento "oportuno".—Gracias, Rosio. Puedes irte.Pasé los dedos por el cabello de Caitlin. Tenía sudor en la frente, y en las palmas también. Le quité la sudadera y le puse algo más cómodo.Se movió.—Esteban...Tomé su mano en la mía y me la llevé a la boca.—Sí
CAITLINMi estómago gruñó, pero no por hambre. La bandeja de comida seguía en el cuarto. Solo me había comido la mitad.Qué raro. Siempre me termino mi comida. Carajo, amaba la comida.Me volteé de lado y luego me recosté boca arriba. Aspiré hondo.Una ola de náuseas me golpeó. Tragué saliva, tratando de contenerla, pero el sabor amargo se me coló en la boca.De repente, la boca se me llenó de saliva.Ay, Dios.Iba a vomitar. Otra vez.Salté de la cama y corrí directo al baño. Apenas llegué al lavabo antes de vomitar. Me agarré del lavabo mientras vaciaba el estómago.Lo único que había hecho en las últimas horas era dormir. Era como si no tuviera control sobre mi cuerpo. Para colmo, no podía retener la comida.Abrí la llave y puse las manos bajo el agua corriente, luego me salpiqué la cara con agua fría. Lo hice varias veces hasta que me sentí un poco mejor.Lentamente, levanté la cabeza para mirar mi reflejo en el espejo. Me veía diferente. Mis mejillas se veían mucho más delgadas q
ESTEBANEl equipo médico sacó al pequeño Carlos en su incubadora de transporte.La incubadora era enorme comparada con su cuerpecito. Las aspas del helicóptero eran tan ruidosas que me pregunté si el ruido le estaría afectando sus pequeños oídos.Mientras su equipo lo subía a bordo, otro equipo sacó a Eliana en camilla. Al pasar la camilla, levantó el pulgar hacia mí.—Nos vemos pronto, primita —murmuré, seguro de que no podía oírme.Scott estaba a unos centímetros de mí. Callado. Había estado igual de callado cuando le conté mi plan.Considerando que no estaba en condiciones de lanzar puñetazos, al menos esperaba que lanzara algunas palabras.—Te toca —dije, inclinando la cabeza hacia su lado.Había escogido un helicóptero médico grande por esa razón. Los quería a todos fuera de ahí, fuera de su alcance.—Sé que algo pasa... —murmuró, mirando de nuevo hacia el edificio del hospital—. No sé qué es, pero solo quiero que mi familia esté a salvo.Volvió la mirada hacia mí, sus ojos estud
ESTEBAN«No están a salvo».Las palabras se repetían en mi cabeza.Durante horas me senté junto a la cama, bombardeando al doctor con preguntas y poniéndole de vez en cuando un dedo bajo la nariz para asegurarme de que seguía respirando.Verla acostada en la cama por tanto tiempo me llenaba de pavor.Yo había sostenido la mano de Laura y me había sentado junto a su cama, en negación. Había obligado a los doctores a hacer algo.Solo que devolver a los muertos a la vida era una hazaña imposible.Caitlin se movió. Aparté los recuerdos.Siseó al llevarse una mano a la frente. Le aparté un mechón de cabello del rostro, acunándole la mejilla con la otra mano.Lentamente, abrió los ojos. Solté un suspiro de alivio.—Despertaste —susurré—. Pensé que planeabas dormir para siempre.Se rió. La observé, estudiando su rostro en busca de cualquier señal de dolor. Aunque mis palabras pudieron sonar sarcásticas, no lo eran. Había estado preocupado hasta los huesos.—No pareces muy contento con eso...







