LOGINLa insensibilidad de Eros era algo que desconcertaba a Bianca y, al mismo tiempo, la consumía en una molestia constante. Cuando él le hizo aquella propuesta desesperada en su oficina, ella tuvo la ingenuidad de creer que, al menos, él sería amable. Después de todo, se habían convertido en cómplices de una farsa monumental desde hacía un mes. Sin embargo, la realidad era mucho más gélida. Lo que más torturaba a Bianca en sus momentos de soledad era la posibilidad de quedar embarazada de un hombre que la trataba como un activo financiero más.
Eros le había dejado claro que cualquier fallo en el plan lo pondría en ridículo frente a su poderosa familia. Si ella no concebía pronto, el consejo de administración y su padre sospecharían que todo el compromiso era un montaje para retener el poder. Esa presión asfixiaba a Bianca. A pesar de llevar un mes bajo el mismo techo y de haberse sometido al primer ciclo del tratamiento médico, los síntomas del embarazo brillaban por su ausencia. No había náuseas matutinas ni cansancio extremo; al contrario, lo que sentía era una ansiedad galopante.
Lo que verdaderamente había empeorado la relación entre ambos fue la llegada del periodo de Bianca unos días atrás. Aunque solo le duró dos días y fue inusualmente leve, para ella fue la confirmación de un fracaso inicial. La mentira parecía ir de mal en peor, y el humor de Eros se había vuelto aún más cortante, como si ella estuviera saboteando el contrato a propósito.
—Señorita, ¿no va a comer nada? —La voz de una de las sirvientas sacó a Bianca de sus oscuros pensamientos.
Bianca levantó la vista y encontró a la mujer observándola con una mirada interrogante, casi compasiva.
—¿Se siente bien? —insistió la empleada al ver el plato de comida intacto.
—No, no tengo hambre —respondió Bianca con un suspiro, apartando el servicio.
Se retiró de la mesa con un nudo en el estómago. Era obvio que no debía esperar a Eros; no llegaría a cenar otra noche más. Según los rumores que circulaban entre la servidumbre, el señor Homsworth nunca comía en casa. Siempre lo hacía en restaurantes de lujo con clientes o, si el trabajo lo sobrepasaba, pedía algo rápido en su oficina. Antes solía desayunar en casa de su madre, pero desde que la mujer se había ido de viaje al extranjero, Eros se había recluido completamente en su despacho presidencial, evitando cualquier rastro de calidez hogareña.
Era viernes por la noche, un momento en que cualquier persona normal estaría disfrutando de un descanso, pero en esa mansión el silencio era absoluto. Bianca fue hasta la sala principal y encendió la inmensa pantalla de plasma que dominaba la pared. Al parecer, nadie usaba ese aparato, ni siquiera el personal de servicio tenía permitido tocarlo. “En serio, no puedo creer que algo tan caro solo esté aquí como una decoración más”, pensó con ironía.
Al encenderla, frunció el ceño con frustración. El televisor no tenía configurada ninguna plataforma de streaming. Bianca buscó por los menús, pero no había rastro de aplicaciones para ver películas o series. Las noticias financieras no eran lo suyo y los canales locales emitían programas mediocres que no lograban distraerla de su realidad. “¿Cómo alguien tan rico no tiene al menos N*****x o HBO?”, se preguntó, sintiendo que la opulencia de la casa era solo una fachada vacía.
En ese momento, detuvo a una de las empleadas que pasaba por el pasillo sosteniendo un cesto de sábanas limpias.
—Disculpa —le dijo Bianca—, ¿el señor Eros no tiene ninguna plataforma de paga para ver series?
La empleada se detuvo, mirando el televisor como si fuera un objeto extraño. —Señorita, el señor no pasa tiempo en casa, se dedica solamente a su trabajo. Él dice que ver televisión es una pérdida de tiempo y que el tiempo debe invertirse en trabajo valioso que genere ingresos.
Bianca soltó una risa amarga que sorprendió a la mujer. —Dios, qué hombre más avaro. Es inmensamente rico, ¿por qué quiere incrementar su fortuna tanto si cuando morimos el dinero se queda aquí? Al final, todo ese esfuerzo será repartido a las víboras que esperan la muerte de alguien como él.
La empleada se quedó atónita ante la franqueza de Bianca. El silencio que siguió fue sepulcral, y Bianca se arrepintió de inmediato de su arrebato. —Lo siento, es que… estoy un poco tensa.
—Tiene razón —susurró la mujer con una sonrisa de lado, bajando la voz para no ser oída—. Ojalá el señor cambie con la llegada del bebé. Tal vez así pueda valorar más lo que hay a su alrededor y… ¡Señor Homsworth!
Cuando la mujer pronunció el apellido, se hizo a un lado rápidamente, bajando la cabeza. Eros entró en la sala con el paso firme de quien es dueño de todo lo que pisa, sin quitarle los ojos de encima a Bianca. Al verla sentada frente al televisor, le ordenó a la empleada que se retirara con un simple gesto de la mano. La mujer salió casi corriendo, temiendo que él hubiera escuchado las críticas sobre su avaricia.
Eros observó la pantalla encendida con desdén. Bianca, en lugar de amilanarse, decidió enfrentarlo. Quería ver algo que la hiciera olvidar su contrato, como la serie Lucifer; la amaba, solía verla con una amiga en su celular antes de que todo en su vida se desmoronara, pero no había podido terminarla desde que su amiga se mudó.
—¿Por qué no haces algo más productivo que ver televisión en casa como una holgazana? —soltó Eros, su voz cargada de un juicio gélido.
Bianca se puso de pie, enfrentando la mirada de acero de su "prometido". La rabia que había estado acumulando durante todo el mes finalmente encontró una salida.
—Prefiero ser una holgazana que ser un amargado, avaro y adicto al trabajo —le espetó con valentía—. Alguien que en cualquier momento puede morir de un paro cardiaco por tanto estrés, solo para dejarle sus millones a gente que no lo quiere.
—¿Perdón? —La voz de Eros cortó el aire con la precisión de una hoja de afeitar. Se puso de pie, su imponente figura proyectando una sombra alargada sobre Bianca.
—No te enfades por escuchar la verdad —replicó ella, sosteniéndole la mirada a pesar del temblor interno que la sacudía. —¿La verdad? —Eros soltó una carcajada carente de humor, una expresión de puro desprecio—. La única verdad aquí es que el tiempo está corriendo en nuestra contra. El contrato es claro, las expectativas de mi familia son altas y tú ni siquiera logras quedar embarazada. Hasta ahora, estoy empezando a creer que eres incluso inútil hasta para eso. Bianca sintió que la sangre le hervía. Se sintió profundamente indignada por lo lejos que él estaba llevando su crueldad. Ya no era solo una transacción; era un ataque directo a su naturaleza como mujer. —¿Qué cosa? —le espetó, dando un paso hacia él—. Aquí el único inútil eres tú. Estoy cansada de tus reproches constantes. Yo sé perfectamente que puedo concebir porque ya estuve embarazada una vez, ¿pero qué me dice de usted, señor Homsworth? ¿Ha dejado a alguna mujer embarazada alguna vez? Porque a su edad, creo que eso jamás ha pasado. Tal vez el problema no sea mi vientre, sino su incapacidad. —¿A mi edad? ¿En serio vas a usar ese argumento? —Los ojos de Eros chispearon con una furia fría. Nadie se atrevía a cuestionar su virilidad ni su eficiencia. —Es la verdad —dijo ella con una simpleza fingida, tratando de ocultar el dolor emocional que le causaba recordar al bebé que perdió en el accidente—. Prefiero aprovechar esta oportunidad de ver y hacer lo que quiero en esta casa, ya que solo me quedan ocho meses de contrato antes de desaparecer de tu vida... De repente, Bianca se interrumpió. Una punzada aguda y eléctrica le recorrió el vientre. Fue un dolor breve pero intenso que la obligó a contener el aliento. Eros, notando el cambio repentino en su expresión, suavizó ligeramente el tono de su voz y le preguntó si estaba bien, aunque su rostro aún no reflejaba una preocupación genuina, sino más bien fastidio por la interrupción. —Estoy bien. Solo son cólicos... —murmuró ella, pero apenas terminó la frase, el dolor regresó con el triple de intensidad. Bianca inclinó su cuerpo hacia el frente, apretando los dientes. “Maldición”, pensó, sintiendo que las fuerzas se le escapaban. —Será mejor que vayamos con un médico ahora mismo —sentenció Eros, tomándola del brazo para sostenerla. —Te dije que no necesito uno, es solo el estrés de aguantarte... —intentó protestar ella, pero el dolor se incrementó de tal manera que su visión comenzó a nublarse. Esta vez, Bianca no pudo más que asentir y admitir que no sería una mala idea ir a la clínica. El trayecto fue un borrón de luces y sombras. Al llegar a la clínica privada, Bianca no soportó más la presión y terminó desmayándose en los brazos de Eros justo antes de entrar a urgencias. Cuando finalmente abrió los ojos, la luz suave del sábado por la mañana se filtraba por las persianas de la habitación del hospital. Bianca se sintió desorientada por un momento hasta que miró hacia los pies de su cama. Se quedó paralizada de la sorpresa al ver a Eros sentado en una silla incómoda, con la cabeza apoyada en un ángulo extraño, profundamente dormido. “¿Qué...?”, se preguntó en silencio. No podía creerlo. El hombre frío, el adicto al trabajo que despreciaba perder el tiempo, se había quedado toda la noche allí, a su lado. Una sonrisa involuntaria y dulce se dibujó en sus labios; tal parecía que no era tan insensible como ella esperaba. Con cuidado de no despertarlo, tomó su celular de la mesa de noche y le tomó una fotografía. Al ver la imagen en la pantalla, le dio un acercamiento; en verdad se veía apuesto incluso durmiendo, con la mandíbula relajada y una expresión de paz que nunca mostraba despierto. “Lástima que no somos ni un poco compatibles”, suspiró para sus adentros. En ese instante, Eros se removió y abrió los ojos. —Despertaste —dijo él, su voz ronca por el sueño. Bianca sintió que su cara se enrojecía al notar que él tenía su camisa morada algo desabrochada y el cabello revuelto. Parecía un modelo de esas revistas de alta gama que su madre solía hojear, y su mente comenzó a crear ilusiones locas que se apresuró a enterrar—. Duermes demasiado y, por cierto, roncas —añadió él, recuperando su tono sarcástico habitual. “Como siempre, dándome los buenos días a su manera”, pensó ella, ladeando una sonrisa sarcástica. Al principio le afectaba cada dardo venenoso que él lanzaba, pero después de reflexionar, Bianca se había hecho ver a sí misma que él no tenía derecho a tratarla así y que, después de todo, estaban juntos en ese embrollo. Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió. Una mujer con bata blanca y una presencia imponente entró en la habitación. Era una doctora extremadamente atractiva, con un aire de profesionalismo absoluto. —Ah, nuestra paciente despertó —dijo la doctora, revisando una tableta digital—. Bien, los análisis indican que los dolores y el desmayo se deben al estado en que se encuentra. Le recomiendo que descanse lo más que pueda por los próximos tres meses, hasta que el bebé se haya desarrollado en buenas condiciones. Debe evitar los conflictos y las situaciones de estrés, ya que podrían empeorar su situación y poner en riesgo la gestación. El rostro de Bianca se desencajó por completo. El mundo pareció detenerse cuando la doctora mencionó la palabra “bebé”. Un silencio sepulcral llenó la estancia. Eros se puso de pie lentamente, su mirada fija en la doctora. —¿Bebé? —preguntó él, su voz apenas un susurro cargado de una emoción indescifrable—. ¿Está completamente segura de que ella está embarazada? La doctora asintió con una sonrisa profesional y reafirmó los resultados de laboratorio. Bianca sintió que el corazón le daba un vuelco: el contrato ahora era una realidad irrevocable, y el hijo de Eros finalmente estaba creciendo dentro de ella.De pronto se escucha una detonación, al ver a Bianca a punto de caer al agua intento sujetarla, pero ella cae al agua, mi mundo se vino abajo cuando no la vi mas, al buscar al responsable solo vi a Claudia con un arma apuntando hacia a mi.—Mucho bla bla bla, hola amor. ¿me extrañaste?—Eres una maldita…—¿Yo?.. Bueno, lo soy.—Tu madre debe estar revolcándose en la tumba por la clase de hija que tuvo.—Tienes razón, por eso tuve que deshacerme de ella. —palidezco sin creer lo que había dicho —¿Qué? Cariño, que no te sorprenda, era una molestia y una vergüenza que me buscara y les dijera todos que era su hija—¿Mataste a tu madre? —dijo Melissa paralizada —¡Estas loca!—No, loca es estar obsesionada por un hombre que le valemos una mierda, un hombre que no le importamos en lo absoluto, y esa querida, somos tu y yo. Locas por un hombre que prefirió a una estúpida que conoció en poco tiempo y que ni siquiera sabe mucho de él. ¡¿pero sabes que?! Me di cuenta de algo y por eso habrá un ca
La observo fijamente y aun desconfiando, le ordeno a todos que se vayan pero que dos se quedaran cerca por si algo salía mal, confiar en esta mujer es como probar las posibilidades de sobrevivir si me lanzo de un acantiladoEl tipo que habíamos contratado se veía molesto y nos dice que lo acompañemos, lo seguimos detrás hasta estar a solas con él. Claudia me codea para que le de una parte del dinero, pero el dice que no porque ahora las cosas serán distintas—¿Qué? —dijo claudia molesta —Haber, eso no fue lo que acordamos por llamada.—Si pero tampoco lo era secuestrar a la esposa de uno de los hombres mas poderosos y ricos del mundo.—Las cosas no son como crees —intento persuadirlo —Es una pobre estúpida que solo lo está utilizado por su dinero.—¡No quieran verme la cara de imbécil! —saca su arma cabreado —Esa chica, no es ninguna pobretona, se muy bien que es la hija del reconocido Lucio Blood.—¡Qué! —dijimos ambas al mismo tiempo.—Se muy bien las consecuencias por meterse con a
Escucho que Melissa dice que irá hablar algo conmigo por lo que tuve que regresar a mi puesto y fingir un poco mas para después escapar. Me mira y se burla de mi.—Asi que inventas ser la hija de un hombre tan poderoso solo para salirte con la tuya, eres patética.—¿Patética yo? Mira quien lo dice, la misma que me envió a secuestrarme para deshacerse de una Blood.—Ay por favor —se burla —Todo el mundo sabe que lucio no tiene familia y mucho menos una hija.—Bueno, déjame darte la noticia que mi madre en su juventud era tan irresistible que el cayó a sus pies enamorado, pero por circunstancias de su familia se fue del país, claro sin saber que mi madre estaba embarazada de él y bueno, heme aquí, la hija única de Lucio Blood.—Como se que no estas mintiendo.—Bueno si quieres llama a mi padre y pregúntale, ah, espera… se supone que estas muerta, que ironías de la vida ¿no? Ahora incluso soy más poderosa porque vengo de una familia que la tuya lame el suelo de donde pisa la mía, ups que
Empuño mis manos y me subo a mi auto, de pronto el agente se sube a mi auto y sin preguntar acelero tan rápido como lo es mi auto para alcanzar el vehículo, al alcanzarlos el agente informa sobre la dirección, de pronto el auto parecía perder el control.—¿Qué demonios?<BIANCA>—¡Qué demonios sucede atrás!—¡Mierda detenla!No iba dejarles el trabajo fácilmente, pero son dos contra mí, no sé por cuanto más podré causar estos problemas, pero no duré mucho tiempo ya que me dieron un golpe en la nuca que me dejó aturdida hasta que me quedara dormida, para cuando desperté ya me encontraba encerrada sabrá dios donde en medio de la oscuridadQuise moverme, pero no pude hacer ya que mis manos se encontraban atadas hacia atrás y me estaba lastimando por el respaldar de la silla. Suspiro profundo porque esto no era lo que quería, de saber que esto habría pasado, hubiera acompañado a Eros a ver a esa muerta—Pero si nuestra dama ya despertó. —por un momento me sentí cegada por la luz. Un moren
Después de la acusación que mi supuesta abuela me hizo de tener un amante, Lucio le ordenó que se fuera y ella lo hizo de inmediato, fue tan incomodo todo que ni siquiera salí de la habitación, no me pude despedir de nadie y tampoco quise hablar con mi madre que me insistía en abrir la puerta pero quise hacer, quería esta sola y despejar mi mente, no se que fue lo que pasó después, solo sé, todos se fueron casi de inmediato de la casaSolo estaba siendo amable con el agente, eso era todo, pero esa mujer… tenia que salir con eso, “no puedo creer que yo descienda de ella” es un fastidio pensar que comparto sangre con ella—Bianca… —Eros me abraza por detrás —Vamos… no te afecto lo que dijo esa mujer, no tiene importancia….—Eros, me llamó zorra y encima seguía ofendiendo a mi mamá… ¡ay!... —inhalo profundo —Te juro que quería ponerla en su lugar con unos golpes, si no fuera porque es una mujer de edad adulta… y como cereza al pastel dice que el agente es mi amante, ¿puedes creerlo?—Dim
<BIANCA>El comportamiento de Eros no era normal, pero no le tomé importancia ya que mi mente se encontraba pensando en los problemas que me esta causando los padres de mi padre, esos señores que no se quieren ir de aquí de ninguna forma y es un fastidio porque yo jamas los voy a perdonar, mancharon el nombre de mi madre con mentiras solo porque querían mantener en control absoluto a mi padre—Deja de mortificarte por ellos.—Es que no entiendo como pudieron hacerte eso mamá, manipularon todo para que ustedes…—Hija, es cosa del pasado. Lo único que importa es el presente y que tú siempre me sigas creyendo.Claro que siempre creería en ella, es mi madre y dudar de ella es como si mi esposo desconfiara de mi. Ella me abraza con una sonrisa, acomodo su gorro para luego besar su frente, ella dice que su cabello ha comenzado a caerse así que debía usarlo.—¿Todo bien con… Lucio?.—Si, pensé que había cambiado, pero después de que habláramos sobre nosotros y lo que sucedió, bueno, nos dimo







