ログインJulieta se daba cuenta de que Santiago desconfiaba de ella. Del mismo modo, tampoco pensaba confiar plenamente en él solo porque fuera uno de los colaboradores más cercanos de Héctor.En un momento como aquel, menos que nunca podía confiar en alguien con facilidad.Después de conversar durante un rato, Julieta determinó que, por el momento, Santiago era digno de confianza.El hecho de que llevara tanto tiempo trabajando como asistente de Héctor demostraba, al menos, que contaba con su aprobación.Por supuesto, no solo Julieta desconfiaba de Santiago; él tampoco confiaba del todo en ella.Ambos hablaban con cautela mientras evaluaban en secreto si podían confiar el uno en el otro.Desde el punto de vista de Santiago, si un matrimonio realmente se amaba, sería difícil que una esposa recuperara la calma tan rápido después de la desaparición de su marido.Julieta no mostraba ninguna señal de dolor en el rostro, por lo que él no podía evitar mantenerse alerta.Sin embargo, conforme avanzó
Después de colgar, Julieta se desplomó en el sofá. Tenía la mente en blanco y un sudor frío le recorría la espalda.Permaneció sentada e inmóvil durante mucho tiempo, hasta que finalmente logró obligarse a recuperar la calma. Sin embargo, su ánimo se volvió aún más sombrío.No tenía más remedio que empezar a contemplar el peor escenario posible: que Héctor no apareciera.A lo largo de los años, Héctor había ofendido y sometido a muchas personas. Ahora que estaba desaparecido, quién sabía cuántas estarían esperando aprovechar la oportunidad para apoderarse de sus intereses.Julieta volvió a llamar a Emanuel.Él contestó enseguida.—Pásame los datos de contacto del encargado de la empresa de Héctor aquí —dijo Julieta.Emanuel comprendió de inmediato lo que pretendía hacer y respondió con cierta sorpresa:—¿Ya lograste calmarte tan rápido?Julieta no estaba de humor para conversar con él.—Primero mándamelos.Emanuel soltó una risa y no dijo nada más.—De acuerdo.Poco después, Julieta
A Julieta se le encogió el corazón. Apretó con fuerza el celular y llamó de inmediato a Emanuel.Él contestó enseguida.—Bianca.—¿Anoche estabas con Héctor?Por su tono, Emanuel notó de inmediato que algo no estaba bien.—Tenía pensado abordar hoy el crucero en helicóptero. Tampoco puedo comunicarme con Héctor. La guardia costera ya inició la búsqueda y yo también envié a más personas para ayudar.Emanuel guardó silencio unos instantes y, para sorpresa de Julieta, añadió en tono de broma:—Si de verdad le pasó algo a Héctor, por fin podrás divorciarte sin problemas.La voz de Julieta se volvió fría.—Hay momentos para bromear y este no es uno de ellos.Emanuel soltó una risa.—Fue mi culpa. Tranquila, Héctor no es tan fácil de vencer. No te preocupes. En cuanto lo encuentren, me comunicaré contigo.Julieta bajó el celular. Tenía los dedos tan tensos que los nudillos comenzaban a ponerse blancos.Volvió a leer detenidamente la noticia. El crucero no se había volcado, pero el casco h
Héctor terminó la llamada y miró a Julieta.—Vámonos. Primero te llevaré de regreso.Julieta se sorprendió un poco.Había pensado que Héctor buscaría la manera de llevarla con él. Apenas iba a apartar la mirada cuando lo escuchó preguntar:—¿Quieres ir?Julieta comenzó a caminar.—Mejor llévame de regreso.Héctor la alcanzó y le tomó la mano.Media hora después, regresaron al departamento.Gregorio había dejado en la sala todas las cosas que habían comprado.Héctor fue al vestidor para cambiarse. Entre vestirse y dejar que una empleada lo peinara, tardó casi cuarenta minutos.Julieta lo esperaba en la sala.Cuando Héctor salió, había recuperado su habitual apariencia impecable y profesional. Solo le faltaba ponerse la corbata, que llevaba en la mano.La miró.—Ven.Julieta dudó unos segundos antes de acercarse. Tomó la corbata de su mano, se la pasó alrededor del cuello y comenzó a hacerle el nudo.Héctor bajó la mirada hacia ella y le recordó con una sonrisa:—Esta vez no la aprie
Julieta sintió que el corazón le daba un vuelco. Al levantar la mirada, se encontró directamente con los ojos de Héctor.—Tú...—¿De verdad te parece solo normal?Héctor se acercó todavía más sin apartar la mirada de ella. La distancia entre ambos era tan corta que Julieta intentó hacerse a un lado por instinto, pero él le puso una mano sobre la pierna para impedir que se alejara.Julieta apoyó una mano en su hombro y lo escuchó insistir:—¿De verdad te parece normal?Por lo visto, no pensaba darse por vencido hasta escuchar una respuesta que lo dejara satisfecho.Julieta tensó el cuerpo y lo miró fijamente.—Te ves muy bien. ¿Contento?Héctor no se apartó y volvió a preguntar en voz baja:—¿Solo muy bien?Era evidente que aquella respuesta tampoco le bastaba.Julieta frunció el ceño, sin intención de ceder.—Si sigues así, vas a tener que recorrer el centro comercial tú solo.Al ver que ya tenía el rostro enrojecido, Héctor soltó una risa baja.—De verdad es difícil conseguir que me
Julieta lo miró.¿En qué momento había aceptado comprarle ropa?Héctor percibió su mirada y volteó hacia ella. Como si hubiera adivinado lo que estaba pensando, sonrió.—No te preocupes, no tienes que pagar tú.Julieta se quedó sin palabras.Héctor la tomó de la mano y entró con ella al centro comercial.Las tiendas de ropa para hombre se encontraban en el segundo piso, donde se concentraban numerosas marcas de lujo.Entraron en una boutique de alta gama. Héctor tenía varias prendas hechas a la medida por esa misma marca.En cuanto los empleados los vieron entrar, se acercaron a atenderlos.Héctor le dijo a Julieta:—Elige lo que quieras.Julieta lo miró y se dirigió a la zona de exhibición para revisar la ropa de los percheros.Héctor se sentó en un sofá y los empleados le llevaron algunos bocadillos.Mientras bebía agua, no apartó la mirada de Julieta, quien elegía las prendas con atención.Ese día llevaba un vestido largo blanco combinado con zapatos de piso rojos. Tenía el cabel







