LOGINTomé a la asistente y la llevé hasta la sala; ella intentó hacer la cabeza hacia atrás, pero yo no lo permití y la enderecé rápidamente.
—No hagas esto, la sangre te puede ahogar y es más peligroso —miré a la niña—. Necesito un botiquín, dime en dónde está uno.
Pensé que ella se iba a poner de terca, pero se fue corriendo y en poco tiempo llegó con el botiquín. Comencé a curar a la asistente y pronto el sangrado se detuvo por completo.
—Bien, las cosas ya están resueltas —tomé el botiquín y ordené todo—. Me tengo que ir, iré a traer mi ropa y todo lo demás para poder mudarme aquí cuanto antes.
—¿En serio vas a trabajar aquí? —El gesto de desagrado de la niña fue evidente—. En serio que lo tuyo es demasiado masoquista.
—Se le llama necesidad, niña. Y deberías cambiar esos modales, en serio que te hacen falta —mi tono fue fuerte, pero sin gritar—. Lo peor es que en serio que eres una buena niña; no obstante, te obsesionas con parecer mala.
—¿Cómo es posible que le hables de esa manera a mi bisnieta? —la anciana llegó empujando su silla de ruedas—. Eres una igualada que no sabe cuál es su lugar y cuál es el lugar de los demás.
—El hecho de que sea parte de la servidumbre a usted no le da el derecho de venir a humillarme como le venga en gana.
—Tini —la señora miró a la asistente personal—. ¿En serio has contratado a esta igualada para trabajar en la casa? Definitivamente, mi nieto no va a aprobar que ella ocupe el puesto de Ana.
—Señora Emma, tengo que decirle que es la única persona que ha querido el puesto luego de los berrinches de la señorita.
—No necesitamos a nadie, así que tranquila porque no quiero a esta mujer. Tú todavía me sigues atendiendo de mil maravillas.
—Señora Emma, yo me encuentro exhausta. —Ella lanzó un suspiro pesado—. Además, hay algo que usted no sabe: me encuentro embarazada y estoy en el primer trimestre.
Aquella confesión se sintió pesada; la señora Emma mantuvo el silencio al igual que la niña y me quedaron mirando con desconfianza.
—Es justo por eso que su nieto me ha pedido que consiga a alguien más, él sabe mi estado y también es consciente que el doctor me advirtió de una amenaza de aborto.
Esto fue peor que antes, miré como la niña se asustaba totalmente debido al golpe que le había dado. Yo la tomé del brazo y la llevé hasta el sofá nuevamente porque se había levantado.
—Deberías descansar, yo me voy a ir, pero mañana vendré temprano a ocuparme de mis obligaciones.
—Por favor regrese —ella me miró con angustia —realmente la necesito en casa, entiendo que no fue la bienvenida más adecuada, pero tanto la señora Emma como la señorita Amairany son lindas personas, solo que no le gustan las personas desconocidas.
—No te preocupes —puse mi mano encima de la mano de la asistente —te doy mi palabra que mañana voy a venir aquí, a primera hora. Solo necesito alistar unas cuantas cosas y decirle a mi mejor amiga que conseguí el trabajo.
—Está bien —ella se mostró más tranquila —en serio que le agradezco mucho por esto, señorita Kensy.
Sonreí y al final me fui de aquella casa, pude sentir la mirada de ambas personas que me despreciaban, pero a pesar de esto no me di la vuelta y tampoco me sentí asustada por ellas.
—Vamos, Kensy —me dije a mí misma —sabes bien que tienes paciencia, una niña y una anciana no van a poder más que tú.
Salí de aquella casa, el camino fue demasiado largo debido al tráfico y al final llegué luego del mediodía. Al llegar al apartamento de Jean la encontré llegando de su sesión de fotos, se notaba más bronceada y su cabello estaba lleno de arena.
—Vaya, al parecer te has peleado con la playa completa —puse mi cartera a un lado y miré el cabello de Jean —vamos, te voy a ayudar a arreglarlo.
—Gracias —sus ojos se aguaron —eres la mejor al momento de cuidar mi cabello.
No dije nada, solamente le brindé una sonrisa y la llevé al baño. La senté y abrí el grifo de su bañera, comencé a enjuagar su cabello y luego tomé todo lo que se ponía en ese afro.
—¿Sabes? Pude conseguir el trabajo —le comenté en el momento en que mis dedos se deslizaban por sus rizos —aunque me temo que no va a ser nada fácil al inicio, espero poder ganarme el afecto de la señora Emma y de su bisnieta.
—Estoy segura que vas a poder conseguirlo y si ellas no ceden es que definitivamente tienen un problema serio —ella habló mientras mantenía sus ojos cerrados y se relajaba con mi contacto —eres un amor de persona, así que créeme que si ellas se llevan mal contigo o no te aceptan es porque se encuentran dementes.
—Espero que tengas la razón, necesito el trabajo y también alejarme de la ciudad por las cosas que están pasando por culpa de ese vídeo.
—Ten calma, todo va a acomodarse en corto o largo tiempo. Espero que sea en corto tiempo, lo bueno es que el vídeo original ya no se encuentra disponible y al parecer las personas que han subido esto nuevamente terminan siendo eliminados también.
Trataba de no pensar en las cosas referente a eso, había cierto temor al creer que la persona que estaba detrás de ello era quien pensaba, pero al mismo tiempo de alguna manera su silencio me daba las respuestas que tanto necesitaba.
—¿Y te has dado cuenta que el señor Montanari se encuentra en la ciudad?
Cuando Jean dijo esto terminé por jalar su cabello, ella se quejó y fue hasta ese momento en que abrió sus ojos.
—¿Qué te pasa? Nunca te había pasado algo así.
—No es nada, es solo que el señor Montanari es el jefe de mi ex jefa —respiré profundamente —entonces como puedes imaginar, su sola mención me pone nerviosa.
—¿Lo conoces? —ella arqueó una ceja con un interés muy grande —¿Es tan guapo como se mira en las revistas?
—Claro que lo conozco, él me ayudó a levantarme cuando me tiraron por las escaleras de la biblioteca. Lo único es que no se miró porque esto no generaba tantas burlas, y no me preguntes lo otro porque sabes bien que no soy de las personas que mira revistas y esas cosas.
—Ya sé, lo tuyo son más los libros y no las revistas de moda.
—Exacto —sonreí y tomé una toalla para cubrir el cabello de Jean —vamos, ya esto está listo y hay que peinarlo; pero antes tienes que tomar un baño para quitar toda esa arena.
Dejé a Jean a solas y comencé a preparar lo que ella iba a ocupar, cuando salió ya todo estaba listo. Se quedó de pie por un momento y me miró totalmente conmovida.
—¿Qué sucede? —pregunté con la ceja arqueada —¿Te encuentras bien? ¿Qué bicho te ha picado?
—Voy a extrañar todo esto de ti, en serio que sí —ella secó una lágrima que no existía y me abrazó fuerte —en serio que tu amistad ha sido una bendición para mí, bendito sea el momento en que me defendiste de aquellos tipos.
—Eres una boba dulce —le di un golpecito en la frente —no pienses que me voy a ir para siempre, es solo un trabajo en el que probablemente me dejen salir cada quince días o mensual.
Cuando dije esto todo fue peor, ella comenzó a llorar de verdad en ese momento y la tuve que consolar.
—Ya deja de llorar de esa manera que no me he muerto —le di palmaditas en la espalda —todo va a salir bien, espero que la salida sea quincenal para así verte. No te angusties tanto, también podemos hablar por teléfono.
—Está bien —ella secó sus lágrimas —ahora vamos a que me peines por última vez, quiero ser arreglada por esas manos tan divinas que tienes.
Hice lo que Jean me pidió, cuando terminé me di cuenta que debía de ir a mi apartamento y se lo dije.
—Te voy a acompañar porque la gente se encuentra loca en estos momentos y no puedo dejarte a tu suerte, vamos.
Salimos del edificio de Jean, algo en mí me decía que las cosas no iban a resultar tan fáciles y supe que mi ojo de loca no se equivocaba en el momento en que llegué. Varias personas se encontraban frente a mi edificio y muchos de ellos llevaban mis cosas entre sus manos como souvenirs…
Tomé a la asistente y la llevé hasta la sala; ella intentó hacer la cabeza hacia atrás, pero yo no lo permití y la enderecé rápidamente.—No hagas esto, la sangre te puede ahogar y es más peligroso —miré a la niña—. Necesito un botiquín, dime en dónde está uno.Pensé que ella se iba a poner de terca, pero se fue corriendo y en poco tiempo llegó con el botiquín. Comencé a curar a la asistente y pronto el sangrado se detuvo por completo.—Bien, las cosas ya están resueltas —tomé el botiquín y ordené todo—. Me tengo que ir, iré a traer mi ropa y todo lo demás para poder mudarme aquí cuanto antes.—¿En serio vas a trabajar aquí? —El gesto de desagrado de la niña fue evidente—. En serio que lo tuyo es demasiado masoquista.—Se le llama necesidad, niña. Y deberías cambiar esos modales, en serio que te hacen falta —mi tono fue fuerte, pero sin gritar—. Lo peor es que en serio que eres una buena niña; no obstante, te obsesionas con parecer mala.—¿Cómo es posible que le hables de esa manera a
Me reí con ironía; esos tipos tenían un concepto equivocado de lo que era ser una persona interesada, pero bueno, para ellos esto era así porque era lo único que podían ofrecer.—Mejor me quedo totalmente sola y me enfoco en lo que importa, encontrar trabajo de una vez por todas y seguir con mi vida de la manera más tranquila posible.Me levanté del sofá y me fui al cuarto de Jean; al abrir una de las puertas de su clóset, me encontré con la ropa que tenía para mí y me puse una camiseta oversize.—¿Qué planeas hacer mañana? —Jean me preguntó apoyada en el umbral de su clóset—. Supongo que no te vas a quedar aquí.—Exacto, saldré a buscar trabajo porque las cosas no pueden dejarse pasar tanto tiempo. Ya luego veré de qué manera me voy a deshacer de esas personas locas que me andan acosando.—Toma esto. —Ella me tiró unas llaves que las tomé sin problema alguno en el aire. —Es el carro en el que hemos venido; mañana tengo sesión de fotos en la playa, así que llevaré el deportivo. Nadie
Sentí como si el corazón se fuera a salir de mi pecho; pensaba en aquel hombre que me había salvado justo el día de hoy. Pero la voz era muy delicada y también la mano; fue entonces que me di cuenta de que no estaba delante de un hombre, sino de una mujer. —Por suerte pude encontrarte caminando en la calle. —Jean me miró con reproche—. Las personas se han vuelto locas; no puedes venir a salir cuando no dejan de hablar de ti en redes sociales.—No me puedo quedar encerrada toda la vida; sabes bien que debo cubrir gastos y, hasta el momento, nadie me ha dicho que me va a mantener.—Entonces yo te mantengo, pero no vas a exponerte a las burlas de esos idiotas. En serio que la humanidad cada día está más perdida; mira que hacer burla a una persona que se cae es de retrasados mentales.—No, te equivocas y tengo que corregirte. —Me solté del agarre de Jean y la quedé mirando directamente a sus ojos en medio de aquella oscuridad—. Es una gorda la que ha caído; todo hubiera sido diferent
El dolor que tenía en mi cuerpo me hizo recordar lo que había pasado la noche anterior y la confirmación era aquella mancha de sangre en las sábanas de este hotel.Me levanté para buscarlo, pero a cambio lo único que encontré fue una habitación lujosa de hotel totalmente vacía. Sin embargo, no se había ido sin dejar algo atrás; en una charola se encontraban varios fajos de billetes apilados.Cuando me acerqué, miré una nota escrita a mano, una letra casi perfecta y calculadora. “Gracias por lo de anoche, ahí tienes tu recompensa.” Miré el dinero, me reí con dolor e ironía y pensé en mi situación. Era consciente de que mi situación financiera no era la más estable en estos momentos y seguramente este dinero me iba a servir de mucho; sin embargo, sabía bien que moralmente no era lo más correcto.—Dios, ¿Qué hago? —llevé mis manos a mi cabello y lo desordené más de lo que estaba—. Bueno, definitivamente no puedo dejar esto aquí.Busqué en el baño un botiquín; ahí saqué unos analgésicos
—Necesito hablar contigo, Kensy —el tono serio de mi jefa hizo que mis alarmas se encendieran—. Vamos a mi oficina, no quiero discutir este tema aquí en plena biblioteca.Fruncí el ceño, pero no dije nada y simplemente comencé a caminar detrás de ella. Al entrar a su oficina, miré a una mujer justo detrás de ella; era lo contrario a mí, esbelta e incluso con un peinado casi perfecto.—Bien, te digo que te encuentras despedida. Sé bien que no te gustan los preámbulos, por eso te lo digo sin adornos.Mis piernas tambalearon, sentí como la presión se me venía al suelo y pensé en las consecuencias que se vendrían en caso de que me quedara sin empleo. No podía regresar al mismo lugar de antes, cualquier cosa menos eso.—¿Por qué me ha despedido? —pregunté con una fortaleza que no tenía—. Dame un motivo por el cual has tomado esta decisión. Ella no dijo nada, así que solamente pude sonreír al ver que no tenía nada para justificar mi despido.—Tal como lo supuse, en tu cabeza hueca no hay u







