MasukMe reí con ironía; esos tipos tenían un concepto equivocado de lo que era ser una persona interesada, pero bueno, para ellos esto era así porque era lo único que podían ofrecer.
—Mejor me quedo totalmente sola y me enfoco en lo que importa, encontrar trabajo de una vez por todas y seguir con mi vida de la manera más tranquila posible.
Me levanté del sofá y me fui al cuarto de Jean; al abrir una de las puertas de su clóset, me encontré con la ropa que tenía para mí y me puse una camiseta oversize.
—¿Qué planeas hacer mañana? —Jean me preguntó apoyada en el umbral de su clóset—. Supongo que no te vas a quedar aquí.
—Exacto, saldré a buscar trabajo porque las cosas no pueden dejarse pasar tanto tiempo. Ya luego veré de qué manera me voy a deshacer de esas personas locas que me andan acosando.
—Toma esto. —Ella me tiró unas llaves que las tomé sin problema alguno en el aire. —Es el carro en el que hemos venido; mañana tengo sesión de fotos en la playa, así que llevaré el deportivo. Nadie te va a molestar porque no te verán.
—Está bien, de igual manera pienso ir lo suficientemente lejos de la ciudad para que nadie me moleste. Leí que necesitaban a alguien para cuidar a una anciana, así que trataré de que me den el trabajo y quizás termine viviendo en las afueras para que la situación se calme en esos momentos.
Jean estuvo poco convencida con esto, pero al final terminó por entender las cosas y se resignó a que no me iba a ver tan seguido en estos momentos.
Al día siguiente no había ni siquiera amanecido cuando me levanté para salir; Jean todavía dormía profundamente y traté de no hacer tanto ruido para no despertarla. Le dejé el desayuno listo y salí de su apartamento.
—Señorita Kensy —Tom me miró sorprendido—, pensé que no iba a levantarse a esta hora y menos a salir.
—Tengo que ir a buscar trabajo y mejor me voy temprano porque las personas están durmiendo, así que no me va a suponer un problema. Jean se ha quedado dormida; ya sabes cómo es; cuando te pregunte, le dices que me fui temprano para ver lo del trabajo.
Salí del edificio sin problema alguno, tal como lo había pensado, todos dormían a esta hora y por ende no tuve dificultades para ello.
Miré el periódico y leí el anuncio: “Se solicita joven fuerte y con mucha paciencia para el cuidado de una anciana, excelente salario y todas las prestaciones que otorga la ley.”
Esperaba que me dieran el trabajo, cumplía con los requisitos perfectamente y no veía el motivo por el cual no me lo iban a dar.
—Vamos, Kensy, piensa en positivo. Eres muy capaz al momento de trabajar y tener paciencia.
Eso lo tenía muy en claro, era capaz de hacer tal cosa a cabalidad. Al final de cuentas le había tenido paciencia a esa vieja bruja de la biblioteca, no creía que esta anciana fuera peor que ella.
—Pero qué demonios —dije al llegar a la mansión y mirar a una mujer salir empapada de una sustancia viscosa mientras lanzaba maldiciones —esto tiene que ser una broma.
Ahora me preguntaba si esa anciana amable que pensaba que olía a chocolate casero y galletas, era así. El anuncio decía que debía de tener mucha paciencia, pero no sabía qué tan horribles eran las cosas para llegar a este punto.
—Señorita —una voz me sacó de mis pensamientos —¿Ha venido por el anuncio en el periódico?
Aquella mujer de mirada amable se notaba demasiado cansada, pensaba en las ventajas que esto me daría siendo la principal el hecho de que estaba muy lejos de la ciudad y nadie iba a venir a molestar aquí. Además tendría comida y alojamiento gratis.
—¿Señorita? —la mujer me preguntó con duda y temor —si es referente a la otra chica que ha salido, créame que no es lo que parece.
—Sí, vengo a la entrevista de trabajo —respondí abiertamente y la miré con calma —no es necesario que me mienta, sé bien que la persona que hizo tal cosa fue la señora de la casa, al final de cuentas el periódico decía que necesitaban a alguien con mucha paciencia.
Ella no se atrevió a negar tal cosa, al final bajé del carro y caminé hacia la casa. Al entrar a la casa me encontré con un desastre total y una anciana se encontraba en una silla de ruedas mientras limpiaba sus manos.
A una corta distancia se encontraba una niña que parecía divertirse con las cosas que presenciaba, en el momento en que ella me miró se puso totalmente seria y sus ojos me resultaron familiares.
—¿Qué es lo que miras? —ella preguntó con fastidio —¿Acaso tengo la cara pintada o algo por el estilo?
—Vaya, quién diría —alcé las cejas con interés —una niña que tiene una cara angelical, pero modales totalmente arrabaleros.
—¿Quién te has creído para hablarle así a mi bisnieta? —aquella anciana preguntó con un tono lleno de enojo y superioridad —¿En serio esta es la supuesta mujer que me va a cuidar? No la quiero, que se vaya si no quieres que le arroje aceite hirviendo, Tini.
—Señora, por favor, ya no hay una sola candidata y su nieto insiste en que tenemos que buscar a alguien para que se haga cargo de usted.
—No me interesa que una salvaje como esa mujer venga a cuidarme, en un arranque va a sacarme los ojos y me los va a dar de desayunar.
—Quiero decirle que aquí la única que se comporta como una salvaje es usted y su bisnieta, yo no le he tirado gelatina a la otra empleada sino alguna de ustedes dos.
—Fue muy divertido —la niña comenzó a reír —eso le pasa por no saber hacer un postre tan simple.
Definitivamente tendría que tener mucha paciencia con estas dos personas, pero debía conseguir el empleo pasara lo que pasara.
—Señorita, creo que lo mejor es que se vaya. Ellas no quieren que trabaje aquí, le agradezco por su tiempo y le pido disculpas por las palabras de ambas damas.
—No pienso irme, realmente necesito el trabajo —le pedí a la mujer —si usted se encuentra a cargo de la contratación de la persona que busca, simplemente contrateme y del resto me voy a preocupar yo.
—Pero señorita, el trabajo va a ser una pesadilla si ellas no la quieren aquí.
—No me importa, entienda que necesito el trabajo y puedo soportar cualquier cosa con tal de quedarme con el puesto. Vamos a hablar del salario y lo demás, espero que sea lo suficientemente bueno para soportar a estas dos personas.
Aquella mujer aceptó lo que le decía y nos fuimos a una oficina pequeña que se encontraba casi al final del pasillo. Estando ahí fue que me dió el salario junto con todas las prestaciones, al ver la suma me daba cuenta que este trabajo no lo iba a encontrar tan simple.
—Supongo que el horario laboral es de 8 horas y no se me va a molestar luego de eso, ¿O sí?
—Supone bien, en caso de que se requieran sus servicios fuera de este tiempo se le van a pagar horas extras, pero nada que sea exigido, si acaso se llega a negar se va a entender y buscaremos otra solución sin repercusión alguna para usted.
—Entonces está bien, tomaré el trabajo y luego veré de qué manera resolver las cosas con ese par. No se preocupe que esto es algo que me incumbe a mí y a nadie más.
—¿Está segura? Realmente ellas son bastante difíciles de tolerar cuando deciden volverse insoportables, no me gustaría que se sintiera mal porque no es algo personal.
—Me encuentro segura, créame que he soportado a otro tipo de personas y no va a tener queja de mí.
Ella movió su cabeza con aprobación y me extendió la mano con gran alegría, luego de eso le dí mi identificación para que preparara el contrato de trabajo y salimos de aquella oficina.
No había puesto un pie fuera cuando escuché que algo se acercaba en mi dirección con una velocidad increíble. Solamente fue necesario que hiciera mi cabeza a un lado para que el cojín se estrellara justo en el rostro de la asistente.
—Tini —la niña se mostró arrepentida al instante y su tono cambió por completo —lo siento, no ha sido mi intención lastimarte.
Cuando la línea de sangre tan fina salió de la nariz de la asistente fue peor aún, la pequeña me miró con rabia y comenzó a señalarme con el dedo.
—¡Ese golpe era para ti, por tu culpa Tini está sangrando!
—Ha de verse —arquee la ceja —deja de culpar a los demás por tus errores, ha sido tu culpa y punto final, hazte cargo de tus acciones…
Tomé a la asistente y la llevé hasta la sala; ella intentó hacer la cabeza hacia atrás, pero yo no lo permití y la enderecé rápidamente.—No hagas esto, la sangre te puede ahogar y es más peligroso —miré a la niña—. Necesito un botiquín, dime en dónde está uno.Pensé que ella se iba a poner de terca, pero se fue corriendo y en poco tiempo llegó con el botiquín. Comencé a curar a la asistente y pronto el sangrado se detuvo por completo.—Bien, las cosas ya están resueltas —tomé el botiquín y ordené todo—. Me tengo que ir, iré a traer mi ropa y todo lo demás para poder mudarme aquí cuanto antes.—¿En serio vas a trabajar aquí? —El gesto de desagrado de la niña fue evidente—. En serio que lo tuyo es demasiado masoquista.—Se le llama necesidad, niña. Y deberías cambiar esos modales, en serio que te hacen falta —mi tono fue fuerte, pero sin gritar—. Lo peor es que en serio que eres una buena niña; no obstante, te obsesionas con parecer mala.—¿Cómo es posible que le hables de esa manera a
Me reí con ironía; esos tipos tenían un concepto equivocado de lo que era ser una persona interesada, pero bueno, para ellos esto era así porque era lo único que podían ofrecer.—Mejor me quedo totalmente sola y me enfoco en lo que importa, encontrar trabajo de una vez por todas y seguir con mi vida de la manera más tranquila posible.Me levanté del sofá y me fui al cuarto de Jean; al abrir una de las puertas de su clóset, me encontré con la ropa que tenía para mí y me puse una camiseta oversize.—¿Qué planeas hacer mañana? —Jean me preguntó apoyada en el umbral de su clóset—. Supongo que no te vas a quedar aquí.—Exacto, saldré a buscar trabajo porque las cosas no pueden dejarse pasar tanto tiempo. Ya luego veré de qué manera me voy a deshacer de esas personas locas que me andan acosando.—Toma esto. —Ella me tiró unas llaves que las tomé sin problema alguno en el aire. —Es el carro en el que hemos venido; mañana tengo sesión de fotos en la playa, así que llevaré el deportivo. Nadie
Sentí como si el corazón se fuera a salir de mi pecho; pensaba en aquel hombre que me había salvado justo el día de hoy. Pero la voz era muy delicada y también la mano; fue entonces que me di cuenta de que no estaba delante de un hombre, sino de una mujer. —Por suerte pude encontrarte caminando en la calle. —Jean me miró con reproche—. Las personas se han vuelto locas; no puedes venir a salir cuando no dejan de hablar de ti en redes sociales.—No me puedo quedar encerrada toda la vida; sabes bien que debo cubrir gastos y, hasta el momento, nadie me ha dicho que me va a mantener.—Entonces yo te mantengo, pero no vas a exponerte a las burlas de esos idiotas. En serio que la humanidad cada día está más perdida; mira que hacer burla a una persona que se cae es de retrasados mentales.—No, te equivocas y tengo que corregirte. —Me solté del agarre de Jean y la quedé mirando directamente a sus ojos en medio de aquella oscuridad—. Es una gorda la que ha caído; todo hubiera sido diferent
El dolor que tenía en mi cuerpo me hizo recordar lo que había pasado la noche anterior y la confirmación era aquella mancha de sangre en las sábanas de este hotel.Me levanté para buscarlo, pero a cambio lo único que encontré fue una habitación lujosa de hotel totalmente vacía. Sin embargo, no se había ido sin dejar algo atrás; en una charola se encontraban varios fajos de billetes apilados.Cuando me acerqué, miré una nota escrita a mano, una letra casi perfecta y calculadora. “Gracias por lo de anoche, ahí tienes tu recompensa.” Miré el dinero, me reí con dolor e ironía y pensé en mi situación. Era consciente de que mi situación financiera no era la más estable en estos momentos y seguramente este dinero me iba a servir de mucho; sin embargo, sabía bien que moralmente no era lo más correcto.—Dios, ¿Qué hago? —llevé mis manos a mi cabello y lo desordené más de lo que estaba—. Bueno, definitivamente no puedo dejar esto aquí.Busqué en el baño un botiquín; ahí saqué unos analgésicos
—Necesito hablar contigo, Kensy —el tono serio de mi jefa hizo que mis alarmas se encendieran—. Vamos a mi oficina, no quiero discutir este tema aquí en plena biblioteca.Fruncí el ceño, pero no dije nada y simplemente comencé a caminar detrás de ella. Al entrar a su oficina, miré a una mujer justo detrás de ella; era lo contrario a mí, esbelta e incluso con un peinado casi perfecto.—Bien, te digo que te encuentras despedida. Sé bien que no te gustan los preámbulos, por eso te lo digo sin adornos.Mis piernas tambalearon, sentí como la presión se me venía al suelo y pensé en las consecuencias que se vendrían en caso de que me quedara sin empleo. No podía regresar al mismo lugar de antes, cualquier cosa menos eso.—¿Por qué me ha despedido? —pregunté con una fortaleza que no tenía—. Dame un motivo por el cual has tomado esta decisión. Ella no dijo nada, así que solamente pude sonreír al ver que no tenía nada para justificar mi despido.—Tal como lo supuse, en tu cabeza hueca no hay u







