LOGINToda su vida, Kensy ha sido la mujer que los hombres eligen como amiga, pero nunca como el amor de sus vidas. Bibliotecaria, romántica y acostumbrada a sobrevivir entre el rechazo y los prejuicios por su apariencia, cree que el destino se olvidó de escribir un final feliz para ella. Impulsada por su mejor amiga, acepta asistir a una exclusiva fiesta de máscaras donde termina entregándole su virginidad a un misterioso hombre cuya identidad desconoce. Lo que parecía ser una única noche de pasión queda atrás... hasta que, días después, es despedida de su trabajo de la forma más humillante, convirtiéndose en el blanco de una cruel viralización que cambia su vida para siempre. Cuando todo parece perdido, consigue empleo como cuidadora en una lujosa mansión, solo para descubrir que su nuevo jefe es el mismo hombre con quien compartió aquella inolvidable noche: el poderoso y enigmático magnate Montanari. Entre una bisabuela imposible de complacer, una niña que hará todo por expulsarla de la casa y una atracción que ninguno de los dos puede ignorar, Kensy intentará proteger su corazón sin imaginar que el mayor secreto de todos no pertenece al magnate... sino a ella. Porque Kensy no es quien todos creen. Detrás de esa mujer que el mundo desprecia se esconde **Kira Romanova**, la última heredera de una dinastía cuya sangre aún conserva el peso de una corona perdida. Cuando la verdad salga a la luz, no solo cambiará su destino... también pondrá de rodillas al hombre que juró no volver a enamorarse.
View More—Necesito hablar contigo, Kensy —el tono serio de mi jefa hizo que mis alarmas se encendieran—. Vamos a mi oficina, no quiero discutir este tema aquí en plena biblioteca.
Fruncí el ceño, pero no dije nada y simplemente comencé a caminar detrás de ella. Al entrar a su oficina, miré a una mujer justo detrás de ella; era lo contrario a mí, esbelta e incluso con un peinado casi perfecto.
—Bien, te digo que te encuentras despedida. Sé bien que no te gustan los preámbulos, por eso te lo digo sin adornos.
Mis piernas tambalearon, sentí como la presión se me venía al suelo y pensé en las consecuencias que se vendrían en caso de que me quedara sin empleo. No podía regresar al mismo lugar de antes, cualquier cosa menos eso.
—¿Por qué me ha despedido? —pregunté con una fortaleza que no tenía—. Dame un motivo por el cual has tomado esta decisión.
Ella no dijo nada, así que solamente pude sonreír al ver que no tenía nada para justificar mi despido.
—Tal como lo supuse, en tu cabeza hueca no hay una justificación para que me despidas. Suficientes neuronas trabajaron al tomar la decisión de echarme; ahora necesitas cinco días hábiles para pensar en otra cosa.
Mi comentario hizo que la que un día fue mi jefa me diera una bofetada. Mi cabello, que se encontraba perfectamente atado en una moña, terminó en mi cara debido al impacto del golpe.
—Me has golpeado —llevé mi mano a mi mejilla mientras sentía cómo palpitaba con fuerza—. Definitivamente, esto es algo que no puedo dejar pasar.
La sangre en mi boca fue el motor suficiente para regresarle el golpe el doble de fuerte a esta mujer que ahora era una mera desconocida.
—¿Cómo te atreves? —ella me miró con odio y su labio reventado con una fisura más grande que la mía —¡Seguridad!
Pronto dos gorilas entraron a la oficina de la encargada; ella dió la orden sin ninguna contemplación y cuando me sacaron, miré a otro gorila con una caja entre sus manos y ahí estaban mis pertenencias.
Me sacaron de la biblioteca a rastras; a nadie le importó que me estuvieran tratando peor que a un animal, pero lo que sí hicieron fue grabar la escena tan miserable para que quedara para el recuerdo. Al llegar a la salida, me empujaron y terminé rodando escaleras abajo, haciendo que mi vestido subiera y quedara con el trasero al aire. Aventaron mis cosas y, pensando que esto no podía empeorar más, fue que miré unos zapatos conocidos y, al mirar hacia arriba, ahí se encontraba mi mejor amigo.
—¡Kensy! —él me levantó con ambos brazos —¿Te encuentras bien?
Sentí que el corazón se iba a salir de mi pecho, pensé en todo lo que había pasado y las cosas que él logró ver. Esto solamente acrecentó la vergüenza y lo único que pude hacer fue refugiarme entre sus brazos que me recibieron con cariño.
—Me quiero ir de aquí, por favor sácame de este sitio.
Él recogió mis cosas y me llevó en su moto, mi rostro se apoyó en su espalda mientras sentía como el viento se llevaba las lágrimas que derramaba debido a la vergüenza y a la desesperación que sentía por encontrarme desempleada.
—Hemos llegado a apartamento, Kensy —Brandon se estacionó frente a mi apartamento —vamos, tengo que curar tus heridas.
Él me ayudó a bajar de la moto, me quedó mirando y como siempre limpió mis lágrimas.
—No llores, todo va a estar bien.
Entramos a la apartamento y él fue al botiquín, comenzó a curar mis raspones como lo había hecho desde hace demasiado tiempo. Mi corazón latía con fuerza al pensar en una posibilidad de tener una relación con Brandon, era un buen hombre y durante todos estos años fue uno de los pocos que me trató bien.
—Brandon —sentí que el corazón estaba a punto de salirse de mi pecho —hay algo que te quiero decir y que me gustaría que escucharas.
—Dime —él alzó la mirada mientras sostenía un algodón entre los dedos —sabes que cuentas conmigo para lo que desees.
Pensaba en mil cosas que podían salir mal, perder su amistad era la peor de ellas. Pero también era consciente que si no arriesgaba simplemente no iba a saber qué era lo que podía pasar en un futuro.
—Desde hace mucho tiempo hay un sentimiento de mi parte hacia ti, te quiero como algo más que un amigo. Es por eso que te pregunto, ¿Quieres tener una relación conmigo? ¿Puedo contar contigo para eso?
Brandon dejó caer la mota de algodón al suelo cuando le dije esto, él se levantó a toda prisa y se alejó de mí con un nerviosismo evidente.
—Yo… Lo siento… Es solo que tu físico no es mi tipo, lo lamento demasiado Kensy.
Estas palabras fueron demasiado para mí, las lágrimas se agolparon con tanta fuerza que no pude contenerlas. Cuando Brandon me miró llorar se intentó acercar, pero en esta ocasión fui yo quien se alejó de él.
—Vete, no hagas esto.
—Kensy, en serio que no soy la clase de hombre que mereces. Hay otros hombres allá afuera para ti, yo no soy uno de ellos.
No dije nada, simplemente saqué a Brandon de mi apartamento y cerré la puerta justo en su rostro. Al mirar este piso sentí como si me ahogara, definitivamente no podía quedarme en este sitio porque me sentía totalmente ahogada.
Salí de mi apartamento y fui directo a un bar que se encontraba en el centro de la ciudad, al llegar entré directo porque soborné al guardia de seguridad y me fui directo a la barra.
—Quiero una botella de tequila —puse el efectivo en las manos del barman —la mejor que tengas, si no alcanza con eso, me dices.
El barman asintió y me puso la botella de tequila con sal y limón además de la copa. Comencé a beber directo de la botella y pronto el alcohol hizo que mi juicio se nublara.
Unos hombres se me acercaron, ellos deslizaron sus manos en mi cuerpo y al sentir tal cosa los aparté con asco.
—Déjenme en paz, no quiero saber nada de ustedes.
Comencé a lanzar manotazos, pero ellos no se fueron e incluso comenzaron a tocarme más sugerentemente.
—¿Acaso no han escuchado? —una voz masculina y fuerte resonó en el bar —quiere que la dejen en paz, así que largo de aquí.
Miré al hombre que me había defendido, tenía un físico imposible de ignorar y su esencia era tan fuerte que lograba amedrentar a cualquiera.
—Largo de aquí —su cabeza se hizo de lado —mientras soy amable.
Los hombres que me habían molestado se fueron corriendo, cuando intenté levantarme del asiento para irme fue que me tropecé. Pensé que iba a caer directo al suelo, sin embargo no fue el caso porque los brazos de mi salvador no solo me detuvieron sino que también me alzaron en el aire.
Salimos del bar, podía escuchar que me hacía preguntas, sin embargo no me encontraba en estado de responderlas. Al final solamente pude ver un pasillo iluminado por varias luces y muchas habitaciones, estábamos en un hotel.
—Espera —lo detuve y lo quedé mirando —no sé de qué manera agradecerte más que esta.
Mis manos lo tomaron por su rostro y lo besé, quizás estaba loca, pero no encontré ningún otro tipo de agradecimiento.
Lejos de alejarme, me acercó a su cuerpo. Me sorprendió ver que comenzaba a desvestirme poco a poco, no podía creer que pudiera atraer a un hombre de esta manera. Al final de cuentas era una persona gorda que no llamaba la atención en absoluto.
Fui puesta en la cama y mientras estaba atada a ella colocó un tubo en mis pies y luego se quedó de pie mientras me veía.
Él se desnudó sin ningún pudor, su físico era tan surreal que pensé que solamente se veía en un dibujo. Mi misterioso sádico tomó un pedazo de hielo que lo metió en mi vagina; esto hizo que me estremeciera y sacudiera mis pies que se abrieron debido al tubo que habían colocado.
—Calma, gatita —él puso su lengua en mi vagina —. Es un tubo telescópico, se abre cuando te mueves.
Él tomó la caja de preservativos y rompió uno con sus dientes, en el momento que se lo colocó se puso encima de mí, entró de una sola estocada y di un grito tan fuerte que se asustó, en el momento que sacó su pene miró que el condón estaba ensangrentado, pude ver que pensaba y de repente todo hizo click en su mente.
—¿Eres virgen?
—De cada orificio de mi cuerpo —hablé con dolor —pensé que iba a perder mi virginidad de otra forma.
—Maldición — él se levantó —. Me hubieras dicho, habría sido más delicado contigo, es la primera vez que estoy con una virgen.
Él me miró de otra forma, soltó mis pies que estaban con el tubo telescópico y masajeó con delicadez mis tobillos, mis dedos fueron lamidos por su lengua y sus labios fueron subiendo cada vez más hasta llegar a los míos.
—Vamos, entra —abrí mis piernas —. Al diablo, lo que esperaba que fuera la pérdida de mi virginidad, esto es lo que tengo y lo que quiero.
Él entró, pero esta vez con cuidado, ya no me dolía así que empecé a provocarlo, me soltó por completo así que comencé a acariciarlo de la forma más descarada posible, sus testículos los tenía en mis manos y los jalaba cada vez que se movía dentro, sus gemidos eran una mezcla de placer y dolor que me hacían sentir bien. Le di la vuelta y comencé a montarlo con frenesí. Mis tetas se movían al compás de mis movimientos, podría jurar que me escuchaban hasta en la gran muralla china. Él me dio la vuelta y sujetó mi cuello con una fuerza placentera. Tres de sus dedos se introdujeron en mi vagina con tanta fuerza que tuve mi primer orgasmo. Todo mi cuerpo se sacudía de tal forma que el colchón comenzó a sonar más fuerte. Me puso en una especie de máquina en la que me quedé boca abajo. Su pene vibraba mientras cada vena surcaba toda la longitud del mismo.
—Abre la boca —lo hice y él metió su pene ahí —ahora chúpame, nena, como si tu jodida vida dependiera de ello.
Comencé a hacerlo y él separó mis piernas con el mismo tubo de antes, formamos un glorioso 69, podía escucharlo gemir tan fuerte y veía cómo sus piernas temblaban, pero no cedían en absoluto. Se fue a la parte de atrás y me dio un beso negro que hizo que mi cuerpo se estremeciera.
—Ven aquí —él me soltó y tomó mi mano —, quiero hacer algo contigo.
Me llevó a una mesa en donde me amarró por completo, solamente mi vagina no tenía un solo pedazo de cuerda y miré que tenía un consolador a la disposición que utilizo en mi clítoris mientras sus dedos se volvían a meter en esta zona, gemí de tal forma que pensé que jamás iba a llegar a gemir y en el momento que tuve otro orgasmo me sacudí, pero de forma limitada, las cuerdas me daban un placer morboso. Él tomó otro preservativo y lo puso en su pene, se introdujo de golpe mientras me decía obscenidades al oído que solamente me hacían calentar, el dolor ya había desaparecido por completo y en el momento en que tuve el último orgasmo todas las cuerdas se aflojaron un poco y quedé con los ojos en blanco.
—¿Qué te pareció tu primera vez?
No pude responder nada porque las fuerzas habían abandonado mi cuerpo por completo. Lo único que pude mirar fue que él tenía una marca en su espalda de una medialuna, sonreí y la acaricié haciendo que se estremeciera y luego cerré los ojos…
Tomé a la asistente y la llevé hasta la sala; ella intentó hacer la cabeza hacia atrás, pero yo no lo permití y la enderecé rápidamente.—No hagas esto, la sangre te puede ahogar y es más peligroso —miré a la niña—. Necesito un botiquín, dime en dónde está uno.Pensé que ella se iba a poner de terca, pero se fue corriendo y en poco tiempo llegó con el botiquín. Comencé a curar a la asistente y pronto el sangrado se detuvo por completo.—Bien, las cosas ya están resueltas —tomé el botiquín y ordené todo—. Me tengo que ir, iré a traer mi ropa y todo lo demás para poder mudarme aquí cuanto antes.—¿En serio vas a trabajar aquí? —El gesto de desagrado de la niña fue evidente—. En serio que lo tuyo es demasiado masoquista.—Se le llama necesidad, niña. Y deberías cambiar esos modales, en serio que te hacen falta —mi tono fue fuerte, pero sin gritar—. Lo peor es que en serio que eres una buena niña; no obstante, te obsesionas con parecer mala.—¿Cómo es posible que le hables de esa manera a
Me reí con ironía; esos tipos tenían un concepto equivocado de lo que era ser una persona interesada, pero bueno, para ellos esto era así porque era lo único que podían ofrecer.—Mejor me quedo totalmente sola y me enfoco en lo que importa, encontrar trabajo de una vez por todas y seguir con mi vida de la manera más tranquila posible.Me levanté del sofá y me fui al cuarto de Jean; al abrir una de las puertas de su clóset, me encontré con la ropa que tenía para mí y me puse una camiseta oversize.—¿Qué planeas hacer mañana? —Jean me preguntó apoyada en el umbral de su clóset—. Supongo que no te vas a quedar aquí.—Exacto, saldré a buscar trabajo porque las cosas no pueden dejarse pasar tanto tiempo. Ya luego veré de qué manera me voy a deshacer de esas personas locas que me andan acosando.—Toma esto. —Ella me tiró unas llaves que las tomé sin problema alguno en el aire. —Es el carro en el que hemos venido; mañana tengo sesión de fotos en la playa, así que llevaré el deportivo. Nadie
Sentí como si el corazón se fuera a salir de mi pecho; pensaba en aquel hombre que me había salvado justo el día de hoy. Pero la voz era muy delicada y también la mano; fue entonces que me di cuenta de que no estaba delante de un hombre, sino de una mujer. —Por suerte pude encontrarte caminando en la calle. —Jean me miró con reproche—. Las personas se han vuelto locas; no puedes venir a salir cuando no dejan de hablar de ti en redes sociales.—No me puedo quedar encerrada toda la vida; sabes bien que debo cubrir gastos y, hasta el momento, nadie me ha dicho que me va a mantener.—Entonces yo te mantengo, pero no vas a exponerte a las burlas de esos idiotas. En serio que la humanidad cada día está más perdida; mira que hacer burla a una persona que se cae es de retrasados mentales.—No, te equivocas y tengo que corregirte. —Me solté del agarre de Jean y la quedé mirando directamente a sus ojos en medio de aquella oscuridad—. Es una gorda la que ha caído; todo hubiera sido diferent
El dolor que tenía en mi cuerpo me hizo recordar lo que había pasado la noche anterior y la confirmación era aquella mancha de sangre en las sábanas de este hotel.Me levanté para buscarlo, pero a cambio lo único que encontré fue una habitación lujosa de hotel totalmente vacía. Sin embargo, no se había ido sin dejar algo atrás; en una charola se encontraban varios fajos de billetes apilados.Cuando me acerqué, miré una nota escrita a mano, una letra casi perfecta y calculadora. “Gracias por lo de anoche, ahí tienes tu recompensa.” Miré el dinero, me reí con dolor e ironía y pensé en mi situación. Era consciente de que mi situación financiera no era la más estable en estos momentos y seguramente este dinero me iba a servir de mucho; sin embargo, sabía bien que moralmente no era lo más correcto.—Dios, ¿Qué hago? —llevé mis manos a mi cabello y lo desordené más de lo que estaba—. Bueno, definitivamente no puedo dejar esto aquí.Busqué en el baño un botiquín; ahí saqué unos analgésicos












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