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Historia... Alianza

Author: Inés Ávila
last update publish date: 2026-02-19 22:36:50

Cap 2

Historia… Alianza

Una joven vestida de monja, se paseaba por los jardines de un convento, en un momento se asomó a las rejas miraba con añoranza el estar fuera de aquel lugar, pero sabía que eso jamás iba suceder, el permanecer allí se lo debía a su propio padre.

— «¿Por qué no pude crecer en una familia?" Pensaba ella, llena de tristeza— «Debió dejarme morir, porque vivir aquí es lo mismo que hacerse enterrar en vida».

Gruesas lágrimas asomaban a su mirada tormentosa, se sentía él ser más desdichado, ella no deseaba ser monja, pero en menos de tres meses sería la iniciación y nada ni nadie lo podría impedir.

Anhelaba tanto conocer el mundo de afuera, pero eso estaba prohibido para ella, apretó los labios con rabia contenida, la madre superiora era la única persona que sabía porqué estaba allí, ella le había contado la historia; para justificar, el porqué tendría que ser una religiosa; todo había sucedido dieciocho años atrás.

El día anterior había sido su cumpleaños número dieciocho, sentía tristeza y a la vez rabia y frustración, era tan injusta la vida con ella.

Esa mañana Jeremías se levantó nostálgico, pero también sentía enojo, no había dormido mucho, solo tenía en mente el día en que su esposa tuvo que ir a la clínica para tener a las gemelas, esa fecha estaba grabada con fuego en su mente y en su corazón.

Ella, su amada, había tenido un embarazo lleno de altibajos, la presión había estado la mayor parte del tiempo alta, el médico de la familia quien también era su mejor amigo estaba bastante preocupado.

Aquel día las labores de parto les había sorprendido, tenían la cesárea programada para una semana después, pero las contracciones se presentaron inesperadamente al inicio de la madrugada.

Habían decidido realizar la cesárea, pero la presión sanguínea era muy alta, esperaron con paciencia y muy alertas a lo que sucedía con su esposa, eran como las nueve de la mañana cuando él médico salió con malas noticias:

— “El parto se ha complicado, voy a hacer todo lo posible por salvar a tus hijas y a tu esposa, Jeremías— fueron las palabras de su amigo y médico.

— ¡Haz lo que sea necesario, pero salva a mi mujer, te lo ruego!— exclamó él lleno de angustia.

Jeremías Hellinger se encontraba entre la espada y la pared ante aquella situación era la clínica de su amigo Henry Madden; Lydia, su esposa estaba bastante complicada con su presión arterial.

Sabía que venían dos, el exámen de ecografía le había dado la noticia.

Jeremías se sintió incómodo al tener todos estos recuerdos atormentando su memoria.

— Jeremías Hellinger, tu esposa acaban de nacer tus hijas— le había dicho el médico con rostro extraño.

Jeremías era un hombre de rostro severo, se había casado con Lydia una mujer muy hermosa, quien ya estaba embarazada pero él decidió asumir la paternidad, siempre había estado enamorado en silencio de ella.

Así que cuando ella recurrió a él para notificarle que él novio la había dejado embarazada, no le importó, vió la oportunidad de tenerla para él, así que le propuso matrimonio para que nadie le echara en cara el error que ella había cometido.

A él realmente no le importaba si ella no lo amaba, solo quiso que ese hijo que ella esperaba fuera suyo, hacerla su esposa y a la vez tener un heredero para sus negocios familiares.

Él era muy próspero a nivel económico, así que de inmediato buscó la manera de sacar provecho de todo aquello, tenía todo planeado, si era niño el matrimonio sería con la hija de Alexander Bauer, un multimillonario de origen alemán, quien tenía una pequeña hija de dos años, todo estaba hablado entre ellos.

Si era una niña, pensó en Joel Gardner, él era muy hábil, éste sí que era uno de los hombres con más dinero en el planeta, tenía a un pequeño de ocho años, Mathias Gardner.

Pero el hecho de que vinieran dos lo tomó de sorpresa, pues no tenía una opción para esta inesperada noticia, ya que con Joel Gardner había cuadrado todo para una gran alianza de negocios.

—Nos traerá grandes beneficios el que nuestros hijos se puedan casar, será una buena alianza,— le dijo a Joel— eso nos va a asegurar un gran patrimonio financiero a ambas familias.

— Me parece bien, iré preparando a Mathías para cuando llegue el día— respondió el millonario Gardner.

La suerte de la otra niña la pensaría después, tendría que esperar un poco más, había sido una gran suerte que vinieran dos, tendría ganancias por partida doble.

Cuando él médico salió para informar a Jeremías sobre las complicaciones, su mundo se vino abajo, ahora solo quería que su esposa saliera bien de todo aquello.

— ¡Sálvala a ella Henry, te lo ruego!— pidió desesperado.

El doctor volvió para estar presente en las labores del complicado parto, la primera niña, logró nacer, pero para la segunda, la esposa de Jeremías perdió las fuerzas, los médicos tuvieron que reanimarla, estaba teniendo un infarto, aún así, nació la otra bebé, pero Lydia Hellinger no recobró la conciencia, había fallecido al tener a la niña.

Por eso el doctor de la familia salió a dar la triste noticia a aquel padre desesperado.

— Jeremías, te aseguro que hicimos todo lo posible, nacieron las dos niñas, pero Lydia no logró recuperarse después de tener a la segunda bebé.

El rostro de aquel hombre se transformó en una máscara de dolor, no lo podía creer, todo aquello tenía que ser una pesadilla, una mala jugada de la vida.

Agarró al doctor por la pechera para exigir que le diera otra noticia, aquello no podía ser verdad, vinieron otros médicos para calmar a aquel hombre contrariado por el dolor, exclamaba:

— ¡Ésto no es justo! Ella tiene que estar bien, es mi felicidad entiéndeme! Esa niña no puede llevarse la vida de mi esposa! ¡Maldita sea!

— ¡Cálmate Jeremías!— exclamó Henry, quien era el médico de la familia — hicimos lo imposible, tu esposa tuvo fallas cardíacas, además ya sabías lo complicado de su embarazo por su presión tan alta al momento del parto.

— ¿Dime, entonces que hago? ¿Quién va a criar a esas dos niñas? ¿Qué voy a hacer sin mi Lydia? ¡Dime!

— ¡No lo sé!— exclamó él médico— solo sé que debes calmarte por favor!

—¡Era mí mujer, el amor de mi vida; no podré vivir sin ella! ¿Entiendes?— exclamó nuevamente Jeremías lleno de dolor.

— ¡No sé, tienes que buscar una niñera, alguien que te ayude, pero debes pensar en una buena solución, no te derrumbes de esa manera!— exclamó él doctor de la familia.

— ¡Déjame en paz!— estaba desesperado —¡Quiero verla, llévame a dónde la tienen Henry, por favor!

— Ven conmigo, pero debes calmarte, si no, tendré que suministrarte un calmante — dijo él médico.

Jeremías hizo acopio de valor, respiró profundo y siguió a su amigo y médico familiar; aún no le entraba en la cabeza que su amada Lydia se hubiera ido después de tener a la otra bebé, ésta niña era la única culpable, nunca debió aceptar aquel embarazo, pero su amor por su esposa era superior a cualquier otro acontecimiento.

Los pensamientos de éste hombre eran un caos, culpaba a aquella pequeña inocente del fallecimiento de su amada esposa.

Entró dónde estaba ella, inerte; no pudo más y se echó sobre el cuerpo de la mujer muerta a llorar inconsolable y desgarradoramente, su amigo Henry lo dejó tranquilo, hasta ver qué se le agotaron las fuerzas.

Lo ayudó a levantar, para lograr que se sentara, le ofreció un poco de agua, éste tomó un sorbo, luego lo apartó diciéndo:

— ¡Quiero ver a las niñas!

— Me parece lo más sensato— dijo él médico.

Las dos pequeñas dormían plácidamente, cada una en su pequeña cuna, era extraordinario el parecido de ambas, parecían dos gotas de agua, eran gemelas idénticas.

—¿Cuál nació primero Henry?— preguntó Jeremías.

Éste le señaló a la pequeña diciendo:

— Es ella, tuvo un peso de 4 libras y media, esta muy bien a pesar del bajo peso.

— ¿La otra está bien?— preguntó.

— Ella tiene menos peso, solo pesa 3 libras, está muy delicada de salud— dijo Henry.

—¡Déjala que muera! ¡Es la culpable de la muerte de mi Lydia, no la quiero en mi familia!— exclamó con dientes apretados.

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Comments (1)
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MARISOL DUARTE
Buena temática y se pone más interesante
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