LOGINEl presente de Milo es prometedor y a la vez, tiene algo de presión. ¿Será suficiente esto para que ponga los pies en la tierra?
Milo PrinceMiro a Viena, y no sé lo que siento.Es casi imposible para mí, ahora mismo, separar las imágenes que han permanecido en mi mente por años, de lo que ella me está confesando.«¿No recuerda nada? ¿Por el vino?».No sé por qué, pero siento ganas de vomitar al interiorizarlo. No obstante, intento mantener la cordura, la misma expresión que no delate todas las cosas que me están pasando por la mente. Las manos, que cierro en puños, me tiemblan, así como todo en mi interior.Sus ojos oscuros me observan con una súplica, aunque creo que no se da cuenta. Y maldición, no puedo creer lo que me ahoga ahora mismo.—Tú… —empiezo, pero no estoy seguro qué se supone que debo decir. Suelto lo primero que se me ocurre—. Creo que debemos cambiarnos.Le doy la espalda para poder recomponerme, y con un carraspeo, camino hasta donde dejé mi maleta.—En el club debemos ir bien vestidos, estará toda la crema y nata de la sociedad. No se supone que se extienda demasiado, solemos pasar la Nochebu
Viena Prince¿Por qué me duele tanto el pecho? ¿Por qué me duele el corazón al escucharlo?Mis ojos se llenan de lágrimas en un segundo. Ni siquiera estoy segura de que él haya dicho lo que creo que escuché.Pero veo en sus ojos que no es imaginación mía. Y que Milo espera una respuesta de mi parte.Abro la boca para responder, pero en medio segundo se me pasan tantas cosas por la mente. Los años que he vivido arrepentida y dolida con todo lo que pasó, y que nunca terminé de entender. Mil palabras de reclamos, de resentimientos, de vergüenzas y también de un dolor tan profundo que mantiene la herida abierta por completo.Me abrazo a mí misma como una manera de crear un escudo entre él y yo. Esos ojos grises me taladran de una forma tan intensa que me sienta pequeña a su alrededor. La ropa me aprieta y de repente, quiero quitarme todo porque siento que me quemo.—No deberías pensar tanto la respuesta, Vi —murmura, con expresión dolida y resignada, por más que su voz suena como si se hu
Milo PrinceLas manos me cosquillean con las ganas de seguir tocándola, y tengo que evitarlo por todos los medios. Ya es suficiente tener que hacerlo delante de todos, y será algo a repetir y mantener, pero en privado debo contenerme.Viena ha sido la única mujer que logró quitarme realmente el aliento, por eso la química de mi cerebro está actuando confusa a su alrededor. Por momentos siento que olvido todo lo sucedido, que nada importa, más allá de lo que alguna parte de mí insiste en añorar. Sin embargo, debo recordarme los límites. De ello depende que pueda sobrevivir a esto.Y es lo que quiero hablar con Viena ahora. Lo necesito.Las cuatro paredes que nos rodean en cuanto ella cierra la puerta con expresión confusa me dan la sensación de que me falta el aire. Se lo roba todo. Doy un vistazo involuntario, nuevamente, a su cuerpo, a ese conjunto rosa que lleva puesto y que es muy de su estilo. Todavía lleva el abrigo puesto y, como una polilla a la luz, deshago la distancia que n
Viena PrinceEl calor nos golpea de lleno en cuanto entramos a la casa y lo agradezco, porque esa interacción en el exterior me dejó temblando.No terminamos de poner un pie dentro, cuando siento una docena de miradas sobre mí, y de inmediato, un abrazo perfumado. Los brazos de Enid Prince, mi nueva suegra, me rodean.—Viena, querida, qué bueno verte. Me encanta que ya hayan llegado —exclama con efusividad, y al separarse un poco, me sonríe.Me toma un poco por sorpresa esta muestra exagerada de cariño, pero no voy a protestar ni a poner peros, lo disfruto.Le dedico una sonrisa.—Muchas gracias, Enid. Gracias por la invitación…Ella chasquea la lengua y hace un gesto con su mano.—Nada de gracias, ahora eres parte de la familia y es aquí donde debes estar. Estaba ansiosa por verte, ya quiero saberlo todo, pero primero…—Primero, vas a darle un beso a tu hijo, porque comienzo a arrepentirme de haber venido solo para ser reemplazado.Enid suelta una carcajada y por primera vez desde que
Milo Prince—Entonces, estarán presentes… —exclama Viena, y comienza a contar con los dedos—. Tus padres, tu hermano con su esposa Bianca, tu abuela paterna… Nuria, ¿no?No la miro, porque voy atento a la carretera, pero asiento.—También dos hermanos de tu mamá. Elisa, con su esposo e hijo, Philliph y Merritt. Y Nicholas, con su esposa Ursula, además de una hija ya adulta, casada y con un hijo pequeño. ¿Me recuerdas los nombres? Solo me acuerdo de que el pequeño sería Matias.Me da un poco de risa la concentración que pone con esto. No hay manera de que se aprenda los nombres de cada uno de los miembros de mi familia que estarán en la inmensa casa. Pero Viena es terca, y yo soy un idiota por seguirla la corriente.—Sí, Matias tiene dos años y es hijo de mi prima Liahna, con su esposo Terrence.Le doy un vistazo. Hace una mueca extraña, entrecierra los ojos y gesticula algo con sus manos. Podría pensar que es un ritual de memoria o algo parecido.—Ok, seguimos con la parte paterna. Tu
Viena Prince No debería estar nerviosa. Quisiera decir que no es así, pero no puedo mentirme. Definitivamente estoy al borde de un colapso. Cuando tuve el primer encuentro con los padres de Milo, aquella noche en el restaurante, fue algo tan rápido y pasajero que no tuve tiempo de asimilarlo como tal, solo actué en consecuencia con la mentira. Lo de hoy, el viaje, el reencuentro y mi nueva condición de esposa, no se siente así. Tengo miedo de meter la pata, de que descubran la farsa y de arruinar esto que, de por sí, ya es demasiado difícil de mantener. «No ayuda que Milo sea un idiota y que no estemos haciendo esto bien». Miro mi maleta a un lado de la puerta y me recorre un escalofrío. Es pequeña y solo llevo conmigo lo esencial, pero aun así, se siente como si cargara mi futuro más inmediato. No es para menos, si se supone que debo pasar la Navidad con la familia de mi nuevo esposo, un ególatra de cuidado que se sale con la suya porque yo no tengo criterio propio, aparentement







