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Capítulo 67. Sé mi Valentín

last update Fecha de publicación: 2023-02-14 23:39:47

   En San Valentín coincidió el fallo final del juez. Anabella se sentía muy mal ese día, agradece que en la tarde no tendría mentoría.

   A John le tocó esperar en la puerta del departamento hasta más tarde de su habitual hora de salida. Paula estaba llegando y vio a John mirando su reloj de pulsera.

   —John ¿qué haces aquí aún? —inquirió dándole un beso como siempre cariñosa.

   —Espero a Anabella, hoy el juez emite el veredicto de custodia y aunque le he dicho que no hay de qué preocuparse se levantó descompuesta y los nervios le causan náuseas.

   —Mmhhh… ¿No será que está embarazada? —Expresó Paula con una sonrisa.

   John sintió un vacío en el estómago, como cuando caes en la montaña rusa…

   —Ahhh…, No, no… Es decir, ella se cuida, tiene un dispositivo, o algo así —contestó John impresionado porque es una posibilidad que no había contemplado.

   Paula se echó a reír.

   —Bueno, si tú lo dices…

   Anabella llegó con la cara verde.

   — ¿Te sientes mejor muchacha?

   —La preocupación me enfermó —acotó Anabella y se acercó a la puerta, John instintivamente puso una mano en su frente húmeda y pálida.

   —Si estás muy enferma quédate, te busco para que vayamos al juzgado.

   —No hace falta, estoy mejor —exclamó Anabella sonriendo a duras penas.

   John le tomó la mano y se despidieron, pero Paula con mirada conspiradora dijo antes de que salieran:

   —Hágase una prueba de embarazo.

   — ¡¿Qué?! —exclamó Anabella atónita y Paula se echó a reír de nuevo.

   —Estos muchachos —arguyó negando con la cabeza—, no me digan que han pasado el tiempo solo mirando la televisión, no sé qué le ven de raro —espetó con las manos en las caderas.

   Anabella caminó junto a John pensativa, John no dijo nada, pero en el camino no pudo evitar conversar, él quedó bastante preocupado por la insinuación de Paula.

   —Anabella, tú te cuidas de un embarazo ¿cierto?

   —Claro que lo hago, ¿cómo se te ocurre? —Contestó Anabella en voz alta y un poco molesta.

   —Te confieso que no es algo en lo que piense ahora mismo, es decir, quiero tener hijos, pero Lizzie ocupa ese lugar…

   Anabella se quedó mirándolo.

   —Agradezco tu amor por Lizzie, sé que es sincero.

   John la miró un instante sin perder la concentración en la carretera.

   —Al menos algo ves sincero en mí.

   —Tu amor por Lizzie no es interesado, por eso sé que es genuino.

   — ¿Cómo sabes que no aparento quererla para que te ablandes?, es una táctica infalible consentir al pequeño para ganarse a la madre.

   — ¿Muestras tus tácticas entonces? —preguntó molesta.

   —Te hago notar que quieres ser tan infalible y es imposible, no te da la gana de confiar en mí, no pones de tu parte al menos.

   —Por los momentos solo tengo cabeza para la decisión del juez.

   John apretó el volante muy frustrado.

   — ¿Cuál es tu plan a largo plazo Anabella?

   —Recibirme como médico legal y forense, trabajar muy duro y comprarle una casa para que mi madre y yo vivamos.

   —Tu madre no quiso dar una oportunidad a nadie más después de Emiliano, se centró en ti y luego en Lizzie y si no las tuviera estaría sola y hubiera perdido la vista, porque es tan necia que no hubiera pedido ayuda a nadie.

   — ¿Y puedes juzgarla acaso?, la vida le demostró que no podía confiar en hombres y a mí también.

   — ¿Cuándo demonios podrás perdonarme? —exclamó John muy molesto.

   —Ya me fallaste una vez, es difícil para mí hacer planes a futuro contigo

   —Bien señora perfecta, solo te diré que dejes de proyectarte en tu madre…

   —Yo no me proyecto en mi madre.

   —Ah no, ¿y por qué no le das la oportunidad a Emiliano de acercarse a ti?

   —Porque me falló, yo lo esperé por años y solo llegaba un sobre con dinero, por eso es para mí tan satisfactorio ganarme el dinero por mí misma y no recibirlo porque crecí viéndolo como la causa de mi dolor y de nuestra soledad —Anabella se limpió las lágrimas—, dicen que las latinas tienen el síndrome de mamá gallina, pero para una madre soltera el hijo no solo es su razón de existir, también es su única compañía y persona que la ama de verdad.

   —Ya no eres madre soltera Anabella —musitó John triste.

   —John, no lo sé, vivamos hoy, veamos qué decidió el juez, un paso a la vez…

   Al llegar al trabajo en el escritorio de Anabella había un enorme arreglo floral, ella miró a John sonriendo, él no mostró ninguna expresión en su rostro y se concentró en su trabajo con Oliver.

   Anabella tomó la tarjeta en el arreglo y decía:

   Te has convertido en todo para mí, sé más que mi amante, sé también ser mi Valentín… 

   Anabella entró al despacho de John interrumpiendo, Oliver calló al verla. Anabella sonrió con Oliver.

   —Oliver, déjanos un momento, tengo que hablar con nuestro jefe.

   Oliver se levantó de su silla y le dio una mirada sabedora alzando las cejas a John.

   —Iré a mi recién estrenada oficina a continuar trabajando, los pobres solteros no nos queda otra cosa.

   —Mientes como abogado —inquirió John y Oliver sonrió ladino, salió cerrando la puerta trás él.

   John observó a Anabella y se recostó cómodamente en su asiento.

   —Usted me dirá señorita Anabella.

   —Recibí un hermoso arreglo floral.

   —Eso pude ver, quizás es el admirador que siempre está pendiente de usted, ¿no fue en su cumpleaños que le envió flores? —comentó en tono profesional, pero con curiosidad.

   —Sin duda son del admirador que siempre está pendiente de mí.

   — ¿Ah sí? —Preguntó John sorprendido—, ¿está segura que las envió la misma persona? —Ahora John está celoso y Anabella fingió inocencia.

   —Estoy cien por ciento segura que es el mismo admirador que está pendiente de mí…

   —Está bien, no era razón para dejar de trabajar, puede continuar.

   Anabella fue a su asiento y rodó la silla para sentarse en sus piernas.

   —Las flores de mi cumpleaños me las envió Viviana, me refería al admirador que envió la torta de chocolate y ese arreglo.

   John sonrió.

   — ¿Qué pasa con él?

   —Quiero ser más que tu amante, comencemos por ser tu Valentín.

   Anabella lo besó con dulzura y se retiró cuando él quiso profundizar el beso.

   —Estamos en la oficina —enfatizó Anabella riendo…

   —Es cierto, haga lo que el jefe le ordene como buena empleada.

   —Eso trato, mi jefe es muy exigente.

   John sonrió de lado.

   —Quítate las bragas…

   — ¿Qué?

   John abrió mucho los ojos.

   —Ahora, por favor señorita.

   Anabella se echó a reír con la cara roja.

   —No hablas en serio.

   —Yo siempre hablo en serio —objetó John.

   Anabella respiró profundo.

   —Cero inhibiciones… —comentó riendo y sintiéndose libre y desinhibida con él como siempre.

   Anabella con cuidado aflojó la cinturilla de las bragas sin levantar el vestido y John casi reía al verla tan afanada, le detuvo las manos y la sentó en su escritorio, metió las manos deslizándose por sus piernas causando escalofríos en Anabella, ella se levantó un poco y John tuvo en sus manos las bragas de encaje y las metió en su bolsillo, alzó la falda y se metió dentro de ella.

   Anabella mordía sus labios para no gritar, mientras los dedos y boca de John se divertían en su centro, cuando estuvo complacido y ella saciada la deslizó a sus piernas de nuevo y se introdujo lentamente en ella, Anabella estiró su cuerpo y miró al techo al sentirse llena de él y John besó sus pechos quitando con cuidado la tela del vestido y el brasier. 

   John estaba completamente vestido y sin embargo, dentro de ella.

   —Eres todo para mí Anabella, entraste a mi mundo e hiciste tu voluntad conmigo —John movió sus propias caderas para clavarse más en ella haciéndola gemir…

   —Soy tuya John, desde que me tocaste, mi cuerpo te pertenece.

   —Yo quiero más —susurró él contra su boca y Anabella se movió sobre él mientras lo besaba mostrándole con su cuerpo lo que su boca no puede reconocer, que lo ama con locura como nunca antes amó.

   Antes del almuerzo John con Anabella e Irina con Mark estaban en el juzgado esperando que una jueza leyera el informe.

   —En el caso de la menor Elizabeth Nixon Díaz, después de una disputa por custodia por parte de los abuelos paternos misma que se retiró y en base al informe de servicios infantiles he determinado que el acuerdo establecido hasta ahora se mantendrá, la custodia es compartida entre los padres de la menor: Anabella Díaz y Mark Nixon con vivienda permanente en casa de la madre, fines de semana y vacaciones con el padre.

   La jueza encargada dio el golpe oficial y Anabella estaba tan complacida que quería gritar, regresaron las náuseas y en cuanto se levantó un ligero mareo, John la sostuvo viéndola muy pálida.

   —Ya todo pasó —dijo animándola y la abrazó fuerte sintiéndose feliz de que todo hubiera resultado bien.

   Anabella se separó de él en busca de aire.

   —Estoy un poquito mal de nuevo.

   —Anny, ¿estás bien?

   Anabella afirmó con la cabeza sin ver a Mark que se preocupaba por ella y los abogados rechinan los dientes.

   —Solo está muy nerviosa por haber atravesado este infierno —contestó John sin poder disimular su antipatía.

   —Me recordó cuando estuviste embarazada de Lizzie —comentó Mark muy serio y con mirada triste.

   Irina haló a Mark del brazo sonriendo.

   —Dales espacio Mark, debemos salir.

   Mark no se movió.

   — ¿Estás embarazada Anabella? —preguntó molesto.

   — ¡Ese no es tu problema!, llévate a tu mujer, ella es quien debe importarte.

   —Anabella contesta —insistió Mark como loco queriendo tomarla.

   John lo apartó de un empellón, los guardias del juzgado se acercaron y Anabella miró a la jueza muerta de miedo.

   —John vámonos, por favor…

   John tomó a Anabella del brazo y salieron de los tribunales, pero antes de llegar al vehículo sintió de nuevo que las náuseas eran incontrolables, aunque no salió nada de su estómago, era solo la incomodidad.

   —Creo que sí estás enferma, quería llevarte a un restaurante, pero mejor te llevo a casa.

   Anabella tomó aire y agua para calmarse, en cuanto se montaron en el auto Anabella abrazó a John contenta porque ya todo había pasado.

   —Gracias por estar conmigo.

   John le dio un beso en la frente.

   —Te llevaré a casa.

   —El almuerzo sería en el restaurante de esa rica torta de chocolate.

   John se echó a reír.

   —Solo son los nervios lo que te enferma.

   Anabella lo pensó un instante…

   —Creo que tengo que hacerme una prueba de embarazo —declaró Anabella en voz baja.

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