INICIAR SESIÓNMark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija.
—Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas.
—Son cosas de adultos Lizzie.
La niña bajó la cara.
—Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo.
— ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró.
— ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios…
Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su barbilla temblaba, él pasó la mano por su cabello.
—Patita perdóname sí… —Mark le abrió los brazos y la niña lo abrazó—, está bien, él solo es tu amigo, pero yo soy tu papá y no quiero que me tengas miedo —la niña afirmó con la cabeza—. Pase lo que pase, yo siempre seré tu papá, yo te amo más que a nadie en el mundo, tú eres mi esencia buena, mi niña grande, mi primer orgullo, por favor no olvides que te amo Lizzie.
—Yo también te amo papá —musitó Lizzie y Mark la abrazó con más fuerza.
—Serás una excelente hermana mayor, no hay nadie mejor en el mundo que tú mi patita.
Lizzie sonrió y Anabella agradeció que dejará a la niña feliz y con ella.
En ese instante sonó el celular de Anabella y ella preocupada por John lo tomó, pero era Olivia, ella estaría a cargo de la exhumación del cadáver del marido de Laila y quería a Anabella trabajando con ella.
John entró a la casa y Anabella dio gracias a Dios de que no se hubiera encontrado con Mark, ella continuó hablando con Olivia y Lizzie fue con John, lo miraba con recelo.
John se sentó en el sofá y la llamó a su lado.
—Lizzie, quiero pedirte perdón por mi comportamiento, no fue justo que presenciaras mi pelea con tu papá, pero ya estás grandecita para entender que a veces los adultos somos tontos, no quiere decir que contigo perderé la paciencia, eso nunca ocurrirá.
—Ojalá mi papá y tú nunca más peleen, no me gusta porque yo los quiero mucho.
John parpadeó varias veces y sonrió acercando a la niña para darle un beso en la frente.
—Yo también te quiero Lizzie.
Lizzie le dio un beso con cuidado en la mejilla que no estaba lastimada y corrió con Laila la cachorra a su habitación.
John miró a Anabella entonces, ella se acercó y se sentó en el sofá frente a él.
Acabo de colgar con Olivia —Anabella hizo una pausa, sabía que lo que estaba por decir podría dar pie a una discusión fuerte—, ella es la encargada de la exhumación del marido de Laila; los hijos del difunto denunciaron el asesinato de su padre.
—Lo sé, es decir, no sabía que mi tía Olivia sería la encargada, pero no me sorprende, los hijos de Almenar tienen las influencias suficientes para tener al mejor equipo de su lado.
A Anabella se le humedecieron los ojos.
—No quiero que seas el abogado de Laila —dijo en un hilo de voz.
John se levantó y fue a la cafetera y se sirvió café, Anabella lo seguía con la mirada.
—Sabíamos que llegaría el momento que estaríamos enfrentados, yo soy abogado defensor y los forenses están por lo general con la fiscalía.
—No quiero enfrentarme a ti por Laila Andueza.
— ¿No quieres repetir la historia? —preguntó—, te duele demasiado la traición de Laila como para que Mark no te importe como dices.
—Por favor no vengas con eso —suplicó Anabella.
—No te preocupes, tu hija me lo acaba de hacer entender, él hecho de que Mark sea su padre no le ha impedido quererme.
—Yo quiero, no, yo necesito que entiendas que tú para mí no eres comparable con Mark.
—Él es tu familia y yo soy tu hogar.
—Exacto, John, ojalá pudieras entenderme que no lo elijo a él sobre ti.
John se quedó callado y pasó las manos por su cabello.
—Llegué a casa aún enojado contigo, cuando te escuché hablando con mi tía Olivia estaba dispuesto a discutir, pero Lizzie en su infinita sabiduría me abrió los ojos, la cosa es que es mi deber con mi familia ser el abogado defensor de Laila Andueza, pero me has pedido que no lo haga y tú eres mi hogar.
Anabella llorando se sentó a su lado y lo abrazó, él la puso en su pecho y acarició su vientre abultado.
—Gracias John, de verdad… Y entiendo que la labor de Campbell Wells es velar por sus clientes y eres socio mayoritario, opino que debería poner a Irina a defenderla, a ver como le hace con el embustero de su marido.
John la miró sonriendo.
—Has tenido una idea buenísima mi amor, llamaré a Irina…
—Pero ahora mismo no, me duele el cuello, necesito uno de tus masajes.
John se levantó y la llevó a su habitación, lo más seguro es que se saltarían el desayuno.
Irina había salido de su departamento apenas Mark fue a llevar a Lizzie, ella no quería enfrentarlo a Melanie. La buscó y la llevó a un pequeño departamento que utilizaban al principio de su relación.
—Pensé que habías vendido este lugar —comentó Melanie.
—No te preocupes, no lo usaba de guarida, simplemente no he tenido tiempo de venderlo.
—Entonces Irina, ¿qué decidiste?
—Quiero que regreses conmigo.
—Y con Mark —completó Melanie—, eso fue lo que nos hizo daño; Mark nos hace daño, nos enfrenta como rivales, eso no está bien, no estamos hechas para tolerar esta relación.
Irina negó con la cabeza.
—No, Mark y yo debemos terminar nuestro convenio y quiero que vivas aquí mientras tanto, lo que siempre debimos hacer.
—Quieres tenernos a ambos —atacó Melanie decepcionada.
—No, me harte de eso, Mark solo sabe complicarlo todo, terminé con él, te lo juro.
Irina la miraba muy seria, Melanie quería creer en ella.
— ¿Y qué pasará con mi bebé?, él siempre estará entre nosotras, dañó nuestra relación, desde que él llegó todo fue cuesta abajo.
—Lo olvidaremos, que desaparezca de nuestras vidas.
—Pero y… —Melanie tocó su vientre.
—Piensalo mi amor, no es justo, este no es el bebé que nos hará felices, Mark siempre estará estorbando, olvidemos esto, empecemos de nuevo.
—Ya cumplí 24 semanas Irina, ya no es legal un procedimiento…
—Mi médico te hará el legrado, sé que él lo hace aunque esté un poco pasadito, los papeles dirán que tenías menos tiempo.
—No lo sé, Irina.
Melanie estaba dudosa, cuando Irina la echó su familia le abrió los brazos a ella y a su bebé, le dijeron que se fuera con ellos y ella había aceptado, ahora estaba Irina…
—Melanie, hemos pasado por tanto, son cuatro años Melanie, luchando, primero a escondidas, pero mi padre te ha aceptado.
— ¿Es en serio?
Melanie sonrió impresionada, Irina se agarró de allí para convencerla y como siempre mintió.
—Así es, le dije que te amo y que no te dejaría, sabe que solo es cuestión contractual para que saque a Mark de mi vida.
Melanie tomó las manos de Irina.
—Nunca le habías dicho que me amas.
Irina tomó a Melanie de las mejillas.
—Melanie, te amo tanto que te perdono, vayamos a acabar con el problema y sigamos adelante en una nueva pagina de amor, más adelante podremos embarazarnos de nuevo de un bebé que no nos separe, un bebé que no sea un error sino una bendición a nuestro amor.
Melanie permitió que Irina le diera un beso y afirmó con la cabeza.
—Quizás si dejamos todo atrás tú y yo logremos ser felices por fin.
El lunes en la mañana John citó a Laila a su despacho, ella entró con su coqueto caminar.
—Laila, ¿que arrojará el informe forense?
—Absolutamente nada, pero se supone que eres el mejor abogado defensor de este bufete que está en mis manos, porque de mí depende que no caiga.
John rio.
—Amenazándome no conseguirás mi buena voluntad —Advirtió John—, te explicaré, aún nadie te ha denunciado, el proceso es apenas una investigación, si el enfermero hizo un buen trabajo y no dejó evidencia te sugiero que te vayas.
—No entiendo.
Laila negó con la cabeza completamente pérdida, no era la actitud que esperaba de John.
—Estás ilegal en el país y supongo tienes accesos a cuentas irrastreables en paraisos financieros.
A Laila se le enrojeció el rostro y apretó los puños.
— ¿Me pides que me vaya, que escape?
—Yo no te pido nada, solo conversamos amenamente, sin embargo, no creo que tengamos tiempo de volver a conversar, te transferiré a la abogada Irina Wells.
—Pero ella es la esposa de Mark, estará de su parte.
—Mi prima adora su carrera y este bufete, tienes buena oportunidad con ella, salir del país o entenderte con tu abogada y poner a tu principal enemigo como aliado son tus únicas opciones ahora.
Laila lo miró mordiendo su labio inferior.
—Te quiero a ti, te he investigado John Campbell, eres un hombre discreto, algo que aprecio ahora en mi vida que tengo tanto estrés.
—No soy el más idóneo para lidiar con más estrés del que tengo ahora, estoy a punto de ser padre y estoy por completo dedicado a mi hogar.
Laila quedó con la boca abierta.
—Creo que me informaron mal respecto a ti.
—Seguramente…
John se levantó y Laila paró en la puerta.
—Aprecio tus sugerencias, pero no quiero irme del país, espero que Irina Wells sea tan buena como tú.
John dejó salir el aliento que retenía, solo le quedaba hablar con Irina, desde ayer trataba y no la había localizado.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







