FAZER LOGINMeses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban.
Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo.
Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete.
Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufetes porque con la muerte de Irina y el retiro de Harry y Margot, John no quiso conservar la firma. Muchos creyeron que estaba loco, pero él prefirió comenzar con un bufete pequeño, Anabella estaba por graduarse y de vez en cuando trabajaba con él, de manera que bromeaban porque él seguía siendo el jefe, hasta que algún caso requería de estudio forense exhaustivo, entonces se seguían las órdenes de Anabella. Oliver trabajaba con John, rechazó buenas propuestas por mantener a John como su mentor, él y la pupila de Irina que trabajaba ahora para la fiscalía, tenían su propio juego de amantes rivales, seguro siguiendo otras lecciones.
Henry se encargaba de su hermano Harry quién prefería quedarse en el centro de retiro, ya que aún era paciente psiquiátrico por la gran depresión por perder a su única hija.
Teresa y Emiliano se reían bastante, así que Emiliano tenía razón y ya iba por buen camino, al menos no se despegaba de ella.
Viviana y Jeremy más enamorados que nunca planeaban un viaje a Europa, él insistía en que quería un hijo varón para ponerle Jeremy como su padre y Viviana lo insultaba por machista y que con ella no contara para volver a pasar por un embarazo.
John se encontró con la mirada de Anabella que estaba muy afanada con el trabajo y se acercó a ayudarla.
—Estoy bien, ve a sentarte con tu mamá, es muy feliz de apapacharte.
—Necesitas ayuda, pero no lo dices, siempre creyendo que puedes con todo sola.
—Ideas tuyas, Paula debería cobrar sueldo triple de tanto que me ayuda con los niños.
—¡John! —lo llamó Lizzie tratando de sujetar a William y a una de las trillizas, John corrió hacia ellos y la ayudó cargando a su hijo.
El niño vio a su padre y balbuceó su nombre.
—No Will, debes decirle papá —Lizzie roja como un tomate vio a John—, disculpa, él quiere repetir todo lo que digo.
—No importa Lizzie, luego aprenderá.
—Ya le dice mamá a mi mamá.
—Es normal —la animó John—, luego dirá papá.
—He estado pensando que quizás si no te molesta podría decirte papá John —Lizzie se echó a reír—, mejor no, suena a comida.
John se arrodilló junto a ella poniendo al niño en el suelo.
—Lizzie, puedes decirme como quieras, no tienes por qué sentirte mal por cómo me dice William.
—Bueno, si te molesta, sé que mi papá no te caía bien.
—Lizzie, mírame, para mí tú eres mi hija, yo te amo como a William, ambos son mis pequeños.
—Entonces puedo decirte papá, para que sea mejor para William y bueno, a veces mis compañeros de clase preguntan, ¿no crees que sería buena idea?
—Para mí sería un honor.
Lizzie sonrió y tomó a William de la mano para llevarlo con las niñas y John se giró hacía Anabella que escuchaba y tenía los ojos brillantes por las lágrimas contenidas.
—Ella siempre amará a su padre, pero desde hace días quería decirte papá, ya la había escuchado referirse a ti como papá hablando con William.
—Me sorprendió —le dijo John emocionado—, suena bonito que te llamen papá.
Laila, la golden que ya era una perra adulta nunca dejó de ser traviesa y destructora, era una consentida incurable, corrió al ver un frisbee volar, el problema es que no era de ellos.
— ¡Papá, Laila va por el frisbee de otras personas!
John se echó a reír y le dio un beso a Lizzie antes de correr como un atleta detrás de la perra que había que quitarle el objeto antes que lo destrozara y tuvieran que pagarlo.
Todos reían viendo a John peleando con la perra y Anabella cargó al niño y Lizzie corría detrás de John gritando a todo pulmón, lo llamaba papá y a Laila le ordenaba que soltara el objeto ajeno.
John para quitarle el frisbee le lanzó una pelota de goma, entregó el frisbee a sus dueños y regresó haciendo volar a Lizzie para que riera, luego abrazó a Anabella con el niño todos unidos en un solo abrazo, rodaron por una pequeña colina riendo.
John jamás imaginó que las tardes de picnic familiares podían ser tan divertidas y en definitiva hacerlo más feliz que sus rutinas como el abogado corazón de hielo…
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







