Home / Mafia / Legado de Poder. La Reina de la Mafia. / Capitulo 7: El expediente y las sombras

Share

Capitulo 7: El expediente y las sombras

Author: Monn Star
last update publish date: 2026-05-26 11:09:26

Ahora, sentada en el sofá con el expediente abierto, Dalia unió los puntos por primera vez.

Las palabras sueltas de su cuñado, ahora cobraban sentido. Frases que no dejaban de repetir en su cabeza como si de un caset se tratarse...

— "Todo bien, amor, los jefes están pesados."

—"¿Se puede confiar en alguien al cien por cien?"

—"Cuida de Leo. Y de ella."

—"Logramos contactar con alguien cercano."

No eran frases sueltas. Eran mensajes en clave. Tessa sabía. Desde hacía tiempo, tal vez desde antes de casarse con Marco. Y le había mentido. Otra vez.

La rabia le subió por el pecho, pero no tenía tiempo para ella. Porque había algo más. Dalia no se atrevió a dejar a Leo por mucho tiempo solo, el pequeño lloraba cuando no la tenía a la vista. Puso el expediente en uno de los cajones que tenía la encimera de la cocina. Un lugar donde el pequeño no podía llegar. Está noche lo revisaría con calma ahora, mejor dejaba a un lado los pensamientos y se concentraba en la nueva rutina de su vida, ya tendría tiempo de analizar con calma lo que había descubierto.

El incidente del supermercado.

Dalia se dio cuenta después de la primera noche infernal con sus sobrino en la que solo pudo dormir tres horas luego de acostarlo junto a ella y el pequeño agarrarla cómo si fuera un pulpo. Había ido a comprar leche para Leo. Era su primer día haciendo la compra con el niño, todavía sin saber bien qué hacer, así que se limitó hacer una lista antes mientras Leo jugaba con unas cacerolas y las espátulas.

No quería ir lejos del apartamento así que se limitó a ir al pequeño supermercado que quedaba a tres cuadras de su bloque de apartamentos. Una v z allí saco el papel que tenía cuidadosamente doblado lo miro y camino hacia donde estaban los carritos. Cuando había cogido una cesta y recorrido los pasillos del súper con Leo en el carrito de la compra. Quería comprar los artículos de la lista y salir rápido del lugar, estaba hecha polvo.

En la sección de lácteos, vio a dos hombres. Uno alto, calvo, con una chaqueta de cuero que no pegaba con el clima. Otro más bajo, de gorra, con la cara medio escondida. No le prestó atención al principio. Pero luego los vio otra vez. En la caja. En la salida. Cruzando la calle detrás de ella.

Dalia apretó el paso, entró en su edificio y cerró la puerta con doble vuelta. Pensó que era paranoia. El estrés de los primeros días con un niño. Se rió de sí misma.

El incidente de la tienda de ropa.

Después de ese incidente se había limitado a estar en su apartamento pero se había dado cuenta que su sobrino tenía muy pocas ropa disponible y no quería hacer un viaje a la residencia de su hermana. Así que se arregló con ropa cómoda un pantalón mezclilla, una blusa de flores y zapatillas deportivas cualquiera de sus colegas nunca sospecharía que ella tenía semejante ropa en su clóset ya que siempre había utilizado conjunto aburridos y serios.

Vistió a Leo con el ultimo conjunto de ropa limpia y salió rumbo al supermercado del centro donde había una tienda especializada en ropa de bebe y niño pequeño. En la tienda, mientras Leo señalaba un oso de peluche, Dalia vio a los mismos hombres.

El calvo. El de la gorra.

Estaban al fondo de la tienda, fingiendo mirar chaquetas de invierno. Cuando ella salió, ellos salieron. Cuando ella dobló la esquina, ellos también.

Dalia se metió en una librería, salió por la puerta de atrás y caminó rápido hasta su casa. No había llamado a la policía. No había llamado a nadie. Porque si esos hombres estaban siguiéndola, no era un error. Solo podían ser un mensaje.

---

Horas después Dalia cerró el expediente que podía recitar de memoria y lo dejó sobre la mesa. Se levantó, fue hasta la ventana y apartó la cortina con un dedo. En la calle, un coche negro estaba aparcado en doble fila. Dentro, la silueta de dos personas.

No era paranoia. Era vigilancia. Dalia soltó la cortina y caminó hacia la cocina. Necesitaba pensar. Necesitaba un plan. Pero no era una experta en escapes. No era Irina.

Irina. La nana siempre decía lo mismo: "Una Malinche nunca está desarmada. Y si no tiene armas, tiene una puerta de atrás."

Dalia abrió el armario de la cocina, donde guardaba las latas de conserva. Detrás de las latas, pegada con cinta adhesiva, había una bolsa de plástico negra. Dentro: un teléfono móvil viejo, de esos de los años dos mil, con su cargador, lo coloco en un enchufe y espero dos barras y lo encendió.

En la agenda del teléfono, un solo número guardado. Sin nombre. Solo un número.bIrina se lo había dado ocho años atrás, después de la discusión con Tessa.

—Esto es por si algún día todo se tuerce —le dijo la nana, con sus manos arrugadas— No lo uses para tonterías. Solo si no te queda otra salida.

Dalia había guardado el teléfono y olvidado que existía. Hasta ahora. Mantuvo el aparato en la mano un momento. Los dedos le temblaban. Marcó el número.

Al otro lado, sonó un tono. Una vez. Dos. Tres.

Una voz grave contestó. No dijo "¿diga?" ni "¿sí?". Solo una palabra.

—¿Habla?

Dalia tragó saliva. Reconoció esa voz. Era áspera, como piedra contra piedra. Había pasado veinte años sin escucharla, pero el instinto no se olvida.

—Soy Dalia —dijo— Dalia ... Necesito ayuda.

El silencio al otro lado duró cinco segundos. Luego:

—Ya era hora, pequeña. ¿Dónde estás? ¿ En tu apartamento?

Dalia dio la dirección. La voz no dijo más. La llamada se cortó.

Ella guardó el teléfono en el bolsillo de la chaqueta y fue a mirar a Leo. El niño seguía durmiendo, ajeno a todo. Ajeno a los hombres en la calle. Ajeno a que su tía acababa de llamar a alguien que tal vez era más peligroso que sus perseguidores.

Fuera, el coche negro seguía allí. Y en algún lugar de la ciudad, alguien se estaba poniendo en marcha para responder a la llamada de la última Malinche.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Legado de Poder. La Reina de la Mafia.   Capitulo 74: Alessandro Leones

    —No puede ser —susurró Tomás— Eso fue destruido. Yo mismo lo vi quemarse.Otto alzó la voz, dirigiéndose directamente a los Leones.—¿Sorprendidos, Tomás? —preguntó, con una sonrisa que era pura amenaza— Creíste que habías destruido todo rastro de mi legado. Pero los verdaderos reyes nunca ponen sus tesoros en un solo lugar. Esta noche no solo celebramos el compromiso de mi hija. Celebramos también el comienzo de una nueva era donde la justicia reclamará su parte.La tensión en el salón era palpable. La partida de ajedrez había llegado a su punto culminante, y las piezas estaban listas para caer.9:15 pm.El eco de las tablillas aún resonaba en el aire cuando Damián se adelantó con paso firme. En sus manos sostenía una rueda de chapillas metálicas, cada una grabada con nombres y símbolos que los presentes más antiguos reconocieron al instante. El sonido metálico al chocar entre ellas al caer sobre la mesa fue como una sentencia de muerte.Eran las chapillas de los capitanes de los Le

  • Legado de Poder. La Reina de la Mafia.   Capitulo 73: Revelación explosiva

    El salón contuvo la respiración.La última foto apareció en la pantalla: una mujer joven, de cabello oscuro y sonrisa cálida, sosteniendo a un recién nacido en sus brazos. La imagen estaba llena de ternura, de una felicidad que parecía congelada en el tiempo.Matías guardó silencio un momento. Luego, con una voz que era más suave de lo habitual, dijo:—Esta era su madre. La mujer que le enseñó a luchar, a soñar, a no rendirse nunca. La mujer que, aunque ya no está con nosotros, sigue siendo su guía y su inspiración.En la mesa de los Leones, el silencio era absoluto. Isabel Leones había palidecido. Sus dedos, apoyados sobre el borde de la mesa, temblaban ligeramente. Tomás, a su lado, la miraba con el ceño fruncido.—Isabel —susurró—. ¿Qué pasa?Ella no respondió. Solo miraba la pantalla, fija en el rostro de la mujer joven que sostenía al bebé. Reconocía esa sonrisa. Esos ojos.—Dios mío —murmuró, con la voz apenas un susurro—. Es ella. Es Anna.—¿Quién es Anna? — Pregunto la esposa

  • Legado de Poder. La Reina de la Mafia.   Capitulo 72: Comienzo de la fiesta de compromiso. Parte 2

    Mientras la familia Leones se dirigía a su mesa, Leonardo se detuvo un momento junto a Dalia. Su voz era baja, apenas un susurro, pero cargada de intención. —Cuídate, Dalia Scott. Mi padre no es un hombre que olvide las ofensas. Y yo tampoco. Dalia mantuvo su sonrisa, aunque sus dedos se tensaron alrededor de la copa de champán. —Yo tampoco, Leonardo. Yo tampoco. Joaquín, que había estado observando la escena con una sonrisa burlona, se inclinó hacia Dalia al pasar. —Mi hermano siempre ha sido un poco dramático. Pero en una cosa tiene razón: no sabemos cuánto durará esta fiesta. Disfruta mientras puedas. Dalia lo miró fijamente, sin inmutarse. —No te preocupes, Joaquín. La noche es joven. Y yo tengo muchas ganas de disfrutarla. Joaquín rió, un sonido seco y sin humor, y siguió a su familia hacia la mesa principal. Andrea se acercó a Dalia, con el rostro imperturbable pero la voz baja. —Eso ha sido un aviso. Quieren que sepamos que están aquí para algo más que celebr

  • Legado de Poder. La Reina de la Mafia.   Capitulo 71: Comienzo de la fiesta de compromiso. Parte 1

    Apartamento en la Tarde. El apartamento era un hervidero de actividad cuando el reloj marcó las seis de la tarde. Dalia estaba sentada frente al tocador del dormitorio principal, con el cabello recogido en un elegante moño bajo y las manos apoyadas sobre la superficie de madera. Su reflejo en el espejo le devolvía una imagen que apenas reconocía: la de una mujer que estaba a punto de enfrentarse al mundo, pero que también había aprendido a confiar en quienes la rodeaban. —No me muevas —dijo Maite, que estaba detrás de ella, ajustando el broche de su vestido—. Que esto es más complicado de lo que parece. Dalia sonrió, sintiendo el cosquilleo de los dedos de su amiga en la nuca. —Si sigues así, vas a acabar siendo mi estilista personal. —Pues no me vendría mal un cambio de profesión —respondió Maite, con un tono que intentaba ser ligero—. Por lo menos no tendría que lidiar con fiscales corruptos y familias mafiosas. Dalia se rió, y el sonido llenó la habitación, disipando la

  • Legado de Poder. La Reina de la Mafia.   Capitulo 70: Horas antes

    La luz del sol se filtraba a través de las cortinas del salón, iluminando la mesa del desayuno donde Andrea y Dalia estaban sentados, compartiendo tostadas y café. Leo, en su trona, jugaba con un trozo de pan mientras observaba a los adultos con sus grandes ojos avellana.La puerta del apartamento se abrió y Lucas entró, seguido de Damián. Dalia levantó la cabeza.—¿Dónde está Matías? —preguntó, con curiosidad.—Fue a hacer un encargo —respondió Andrea, sin levantar la vista de su taza de café—. Dijo que llegaría en veinte minutos.Dalia iba a preguntar más, pero el sonido de la puerta abriéndose de nuevo la interrumpió. Esta vez, no fue Matías el que entró solo. Venía discutiendo con alguien, su voz elevada y claramente molesta.—Te he dicho que no quería venir —decía una voz femenina, tensa y familiar—. Pero tú, con tu empeño de meterte donde no te llaman…Dalia reconoció la voz antes de ver la cara. Se levantó de la silla y fue hacia la entrada, donde Matías apartaba la chaqueta pa

  • Legado de Poder. La Reina de la Mafia.   Capitulo 69: Sinceridad

    La puerta del salon se cerró tras la salida de los hombres, y el silencio del salón la envolvió como un manto. Andrea estaba de pie junto al sofá, con los brazos cruzados y la mirada fija en ella. No había reproche en sus ojos, solo una curiosidad contenida que esperaba ser satisfecha.—¿Quién te ha dado el aviso? —preguntó, con voz baja, pero firme.Dalia lo miró un momento. No había razón para ocultarle nada. No después de todo lo que habían compartido. Sacó el móvil del bolsillo y se lo tendió.—Lee el mensaje. Y luego, mira el historial de llamadas.Andrea tomó el teléfono con cuidado. Sus ojos recorrieron el mensaje, frunciendo el ceño al leer las palabras. Luego, deslizó el dedo por la pantalla y revisó el historial. Cuando levantó la vista, su expresión era una mezcla de sorpresa y cautela.—¿Quién es? —preguntó— ¿Sabes quién te ha llamado?Dalia se sentó en el sofá, apoyando los codos en las rodillas.—No sé quién es. Pero sé que es alguien que me conoce desde que era niña. —

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status