بيت / Romance / Lo siento, tu tío me desea. / Capítulo 18. Vuelve a mí.

مشاركة

Capítulo 18. Vuelve a mí.

مؤلف: Amaranthax
last update تاريخ النشر: 2026-09-13 03:08:23

Rápidamente llegaron a un hospital en Malibú. Elio no lo pensó dos veces y llamó a Sara.

—Señora Arismendi.

—Dime, Elio.

—Su esposo está aquí, en el hospital central de Malibú. Insistió en venir a verla, pero en el viaje se complicó. Está sangrando y lo tienen en urgencias.

Sara se quedó impactada. Víctor había ido a verla a pesar de estar recién operado, arriesgándose de una forma que no lograba comprender del todo.

—Elio, sácame de dudas: ese niño, Andrés creo que se llama, ¿es en verdad el a
استمر في قراءة هذا الكتاب مجانا
امسح الكود لتنزيل التطبيق
الفصل مغلق

أحدث فصل

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo. 32. Un respiro.

    Sara llevaba casi una hora frente a la computadora sin conseguir avanzar.Tenía varios documentos abiertos sobre el escritorio, pero las palabras parecían mezclarse frente a sus ojos. Intentaba concentrarse en el trabajo, aunque su mente regresaba una y otra vez al mismo punto.Mateo.Desde que había aparecido nuevamente en su vida, todo se había complicado.Ahora estaba casada con Víctor, el tío del hombre que alguna vez había amado. Aquello ya era suficientemente extraño como para que cualquiera pensara que se trataba de una historia inventada.Pero lo peor era que Mateo no parecía dispuesto a aceptar que la había perdido.La buscaba, intentaba hablar con ella y actuaba como si todavía tuviera algún derecho sobre su vida.Sara cerró los ojos durante unos segundos y se llevó las manos a la cabeza. Necesitaba despejarse, aunque fuera por un momento.Lo que más le preocupaba no era solamente Mateo. Era la manera en que su presencia estaba alterándolo todo.Su matrimonio con Víctor habí

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 31. ¿Quién es su esposo?

    Mateo apenas podía creer lo que tenía enfrente. Desde que pisó el restaurante, sus ojos se clavaron en la mesa de Sara.Frente a ella estaba su tío Víctor, fresquecito, conversando como si aquello fuera lo más normal del mundo.Pero para Mateo, de normal no tenía nada. Sintió cómo le hervía la sangre en el pecho y, sin apartar la vista de ella, caminó hacia la mesa pisando fuerte.—¿Qué diablos haces con mi tío? —soltó de golpe.Sara levantó la vista asustada, pero la sorpresa le cambió rapidito a pura incomodidad.—Mateo...Víctor, en cambio, ni se inmutó por el tonito de su sobrino.Como buen hombre acostumbrado a mandar en una de las empresas más grandes de la ciudad, sabía hacerse escuchar sin necesidad de pegar gritos. Lo miró lentamente de arriba abajo.—Te me calmas, Mateo —le advirtió con voz firme y autoritaria.Mateo apretó la mandíbula.—Tío, yo solo estoy preguntando qué está pasando aquí.—Y yo te estoy diciendo que bajes la voz.Eso fue suficiente para frenarlo en seco.

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 30. Tío…

    Más tarde, la rabia por todo lo que Sara le había dicho seguía calando hondo en Mariana. No pensaba quedarse con esa sensación de derrota, así que decidió lanzar un último dardo antes de que Sara se alejara demasiado.—Ah, por cierto —dijo, alzando la voz lo suficiente para que Sara la escuchara desde la distancia—, ya tengo listas las invitaciones de mi boda. Mañana empiezo a repartirlas. Mateo está feliz, ya quiere que nos casemos pronto.Sara ni siquiera se giró del todo, apenas volteó la cabeza por encima del hombro.—Qué bien por ustedes —respondió, sin el menor interés, y siguió su camino hacia el ascensor.La verdad era que a Sara ya poco le importaba lo que pasara con Mateo. Prácticamente había pasado a un segundo plano en su vida, un capítulo cerrado.Dos años de relación que se habían ido al carajo simplemente porque él nunca tuvo el valor de comportarse como un hombre hecho y derecho, capaz de sostener lo que decía sentir.De camino a su oficina, el celular le vibró en la c

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 29. Nada que envidiar.

    Ya habían pasado tres meses desde el incidente de Víctor.Ahora estaban en Los Ángeles, en la mansión que Víctor tenía en la ciudad, y Sara ya había avanzado lo suficiente en la obra de Malibú como para poder dedicar parte de su tiempo al trabajo administrativo desde las oficinas centrales.En ese tiempo, la pasión entre ellos, lejos de apagarse, se había intensificado; el sexo se había vuelto casi una rutina diaria, algo natural entre ambos. Y sin embargo, todavía existía esa extrañeza silenciosa, ese algo que ninguno de los dos terminaba de nombrar del todo.—Ya tengo que ir al trabajo —dijo Sara, todavía enredada entre las sábanas, buscando su ropa con cierta prisa.—Tranquila, no hay prisa —respondió Víctor, observándola desde la cama con una sonrisa perezosa.—Sí la hay.Él soltó una carcajada, incorporándose apenas.—Yo soy el inversionista de esa obra. Nadie te va a llamar la atención por llegar tarde.—Por lo mismo —replicó ella, abotonándose la blusa con rapidez—. No quiero q

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 28. Atando cabos.

    Mateo salió enojado de la mansión de su tío, con el motor del auto rugiendo mientras se alejaba por el camino de entrada.No fue directo al aeropuerto para volver a Los Ángeles, como se suponía que debía hacer.En cambio, condujo hasta el otro extremo de Malibú, hacia la casa de su amigo Joel, quien también trabajaba en la constructora Larrazábal, la misma donde Sara y Mariana también trabajaban.Joel abrió la puerta con una cerveza en la mano y una expresión de sorpresa al ver a Mateo ahí, despeinado y con el rostro cargado de desengaño.—¿Y a ti qué te pasó? Pareces que acabas de salir de una pelea —dijo, haciéndose a un lado para dejarlo pasar.—Necesito hablar con alguien, Joel. Mi propio tío me cerró la puerta en la cara —respondió Mateo, dejándose caer en el sofá de la sala con desánimo.—Cuenta, cuenta. Pero antes agarra una cerveza, se nota que la necesitas.Mateo aceptó la botella que Joel le extendió y, tras un largo trago, empezó a soltar todo lo que llevaba guardado: la vi

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo. 27. Guardando las apariencias.

    Víctor estaba en la mansión, sentado en el borde de la cama mientras Iván, su amigo y médico, terminaba de revisarle la herida.Tenía el rostro tenso, la mandíbula apretada, hecho una furia que no lograba disimular ni siquiera frente a alguien que lo conocía desde hacía años.—Quédate quieto, Víctor, todavía tienes puntos que cuidar —dijo Iván, ajustando el vendaje con paciencia—. Con esa cara de pocos amigos que traes, cualquiera pensaría que te duele más el orgullo que la pierna.—No estoy de humor, Iván —respondió Víctor, cortante, con la mirada perdida en algún punto de la pared.—Pues algo te tiene así, porque desde que llegaste no has dicho ni dos palabras seguidas.Víctor se pasó una mano por el rostro, soltando el aire de golpe.—Vi a Mateo de rodillas frente a Sara. En la obra. Con un ramo de flores enorme, suplicándole algo, no sé qué exactamente.Iván detuvo lo que estaba haciendo un momento, observándolo con atención.—¿Y qué hizo Sara?—No lo sé, no me importa —mintió Víc

فصول أخرى
استكشاف وقراءة روايات جيدة مجانية
الوصول المجاني إلى عدد كبير من الروايات الجيدة على تطبيق GoodNovel. تنزيل الكتب التي تحبها وقراءتها كلما وأينما أردت
اقرأ الكتب مجانا في التطبيق
امسح الكود للقراءة على التطبيق
DMCA.com Protection Status