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Capítulo 28

Penulis: Katja Brook
last update Tanggal publikasi: 2026-01-31 01:03:13
Luego de lo de la doble penetración con el Mudo, al terminar en un orgasmo estrepitoso, con un gesto, Greg le indicó que se retirara y se quedaron ellos dos solos.

Cuando se recuperaron, él llevó a Becca en brazos a la ducha del baño en suite donde la bañó pasando sus manos sobre cada rincón de su cuerpo, mientras besaba los globos que tenía por pechos, y la acariciaba cada rincón de su piel de nuevo.

Contra la pared del baño, cubierta de azulejos, la puso de espaldas a él con las manos apoyad
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    A la mañana siguiente desayunaron juntos.Margaret había dejado todo preparado sobre la mesa del comedor: pan tostado, huevos, café, jugo y un frasco de mermelada de frutos rojos que sabía que a ella le gustaba especialmente. Lionel ya estaba sentado cuando Viola bajó. Llevaba una camisa abierta sobre la camiseta y se veía más descansado, el color de la piel más sano. Al verla, sonrió con una calidez que a ella le resultó casi ofensiva.—Buenos días.—Buenos días —respondió ella, sentándose frente con un gestio adusto a él sin devolverle la sonrisa.Comieron en un silencio que él intentó suavizar y ella se encargó de mantener intacto. En un momento Lionel señaló el frasco.—¿Me pasas la mermelada por favor?Viola se la alcanzó. Al tomar el frasco de la mano de ella, los dedos de él rozaron los de Viola adrede, quedándose un segundo de más sobre su piel. Ella retiró la mano de inmediato, como si el contacto le hubiera quemado.—No te hagas falsas ideas por lo de anoche —dijo ella con v

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    Viola regresó a la mansión cuando la tarde empezaba a caer.Había conducido durante más de una hora después de quedarse frente a la casa de acogida, sin un destino claro, solo dejando que las calles la llevaran hasta que el tanque de la rabia contenida bajó lo suficiente como para volver. Estacionó el auto frente a la entrada principal y apagó el motor. Por un momento se quedó sentada en silencio, las manos todavía sobre el volante, antes de bajar.Apenas cruzó el umbral escuchó las voces.Venían del salón. No estaban gritando del todo, pero el tono era lo bastante alto y tenso como para atravesar las paredes. Viola se detuvo en el vestíbulo. La puerta del salón estaba entreabierta. Sin hacer ruido, se acercó lo suficiente para oír con claridad.—Estás diferente —decía Diana, la voz cargada de acusación—. Y no es por el accidente. No me vengas con eso.La respuesta de Lionel llegó más baja, cansada, pero firme:—Necesito un tiempo paraa acomodarme, es todo Diana.Hubo una pausa corta,

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    La mañana del alta amaneció gris y húmeda.Viola llegó al hospital puntual, con el auto de Lionel ya preparado y el asiento del acompañante reclinado lo suficiente para que él viajara con más comodidad. Había revisado dos veces las indicaciones médicas la noche anterior y le había enviado a Margaret una lista precisa de lo que debía quedar listo en la casa. Cuando entró en la habitación, Lionel ya estaba vestido con ropa cómoda y sentado en el borde de la cama, el andador al alcance de la mano. Parecía más delgado, los pómulos más marcados, pero la mirada se le había aclarado. Al verla, algo en su expresión se suavizó.—Listo —dijo el médico después de firmar los papeles—. Recuerde las indicaciones. Nada de esfuerzos. Fisioterapia tres veces por semana. Cualquier dolor fuerte en el pecho o dificultad respiratoria, regresa de inmediato.Viola asintió y tomó la carpeta con las instrucciones. En ese momento apareció Diana. Traía un bolso grande y una expresión determinada, como si hubier

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