LOGINEra de noche cuando Viola abrió los ojos.La habitación estaba en penumbra. Solo una franja de luz de luna entraba por la ventana entreabierta, dibujando una línea plateada sobre el suelo de madera. El reloj de la mesita marcaba una hora indefinida de la madrugada. Se incorporó despacio en la cama, el corazón todavía calmado, y fue entonces cuando la vio.Rachel estaba de pie junto a la puerta.No parecía un fantasma de película. No brillaba de forma absurda ni flotaba. Simplemente estaba allí, joven y fresca, incluso con el mismo vestido claro que Viola había visto en algunas fotografías antiguas, el cabello suelto sobre los hombros y una expresión serena. Se veía etérea, como si la luz la atravesara apenas, pero al mismo tiempo era solidamente real. Los rasgos eran los mismos de las fotos, solo que más suaves, su semblante limpio y luminoso, para nada enfermo como en el último tiempo previo a su partida.Viola parpadeó una vez. No sintió miedo. Solo una extraña aceptación, como si u
Viola encontró a Margaret en la cocina, ordenando tazas que ya estaban limpias. La mujer levantó la vista apenas la escuchó entrar y le ofreció esa sonrisa contenida que siempre usaba con ella.—¿Quiere algo, señorita Viola?—Siéntate un momento —respondió ella.Margaret dudó, pero terminó sentándose frente a ella en la isla. Viola apoyó los antebrazos sobre la madera y la miró con calma.—Quiero saber más de Rachel.Margaret parpadeó, sorprendida por lo directo de la pregunta. Juntó las manos sobre el delantal.—La señora Rachel… Siempre fue la luz de este hogar, pero para serle honesta...incluso antes del cáncer tenía problemas. Había épocas en las que estaba muy alegre, muy brillante, como si todo el mundo le perteneciera. Y de un día para otro se apagaba. No podía levantarse de la cama. A veces pasaban días así. Yo estuve con ellos desde el principio, desde que se casaron. Era una mujer maravillosa, de verdad. Pero tenía momentos muy oscuros.Hizo una pausa, como si pesara cada pa
La fisioterapeuta los ayudó a regresar a la habitación. Lionel caminaba con dificultad, apoyado en ella y en el andador, el rostro todavía algo sonrojado por lo ocurrido entre las barras. Viola iba un paso detrás, en silencio, con las manos dentro de los bolsillos del abrigo. No había mencionado la erección otra vez. Tampoco él.Cuando por fin lo acomodaron en la cama, la fisioterapeuta se retiró con unas indicaciones rápidas. La puerta se cerró. Quedaron solos.Viola se quedó de pie un momento junto a la cama, observándolo. Luego, con esa calma que siempre resultaba más peligrosa que cualquier grito, preguntó:—¿Qué pasa entre tú y Diana?Lionel levantó la vista. Pareció medir la pregunta.—Nada.Ella esbozó una media sonrisa de lado, apenas perceptible.—¿Te echó en cara que dijiste el nombre de tu esposa muerta al despertar?Él la miró sorprendido. Parpadeó una vez.—No.Viola no respondió. Solo asintió levemente, como si archivara la información, y se acercó para ayudarlo a acomod
Pasaron los días con una rutina extraña y tensa.Viola iba al hospital casi todas las mañanas. A veces se quedaba solo un rato, otras más tiempo. Lionel mejoraba despacio: la voz se le aclaraba un poco más cada jornada, los moretones bajaban de color y empezaba a tolerar estar sentado por periodos más largos. Diana seguía apareciendo, aunque cada vez con el rostro más cerrado. Entre las dos mujeres no había conversaciones. Solo miradas y silencios cargados.Una mañana, al llegar al pasillo de la habitación, Viola se encontró con Diana saliendo. La mujer caminaba rápido, la mandíbula apretada, los ojos brillantes de una furia contenida. Al ver a Viola, no se detuvo. Solo le dedicó una mirada breve y hostil antes de seguir hacia los ascensores.Viola frunció apenas el ceño, extrañada, y entró en la habitación.Lionel estaba sentado en la cama, ya vestido con un pantalón de chándal y una camiseta holgada. La levantó la vista cuando ella entró, pero no dijo nada sobre Diana. Tampoco expli
Viola salió del restaurante con paso calmado. El aire de la noche en la ciudad era húmedo y cargado del olor a asfalto caliente y escape de autos. Se detuvo bajo la marquesina de cristal mientras esperaba al chofer. Sacó el teléfono para avisarle que ya estaba afuera, pero antes de que pudiera marcar, una sombra se acercó por su izquierda.Era uno de los hombres de la mesa. El de cabello oscuro y mandíbula marcada. Se detuvo a una distancia respetuosa, pero su mirada no lo era.—Disculpe… ¿tiene algo que hacer?Viola lo miró de arriba abajo con lentitud. Luego alzó una ceja.—¿Por qué? ¿Qué tiene para ofrecer?El hombre sonrió apenas. Detrás de él, el segundo —el más rubio— se acercó también. No hicieron falta muchas más palabras. Diez minutos después, el tres estaban subiendo al ascensor de un hotel de lujo a tres cuadras de allí. Viola no preguntó nombres. Ellos tampoco.La habitación era amplia, con luces bajas y una cama king-size en el centro. Apenas cerraron la puerta, Viola se
En el pasillo se cruzó con el médico joven. Él sonrió apenas al verla, con esa confianza que todavía cargaba del encuentro en el cuarto de servicio.—¿Ya te vas? —preguntó—. ¿O tienes un tiempo libre?El doble sentido era evidente. Viola lo miró con expresión neutra, aunque una pequeña sonrisa amenazó con aparecer en sus labios. Aquel hombre tenía una seguridad que rozaba la insolencia, pero debía reconocer que resultaba entretenido. Después de pasar horas rodeada de médicos, enfermeras y conversaciones sobre el estado de Lionel, no le molestaba encontrarse con alguien que no la tratara como si fuera a romperse en cualquier momento.—Tengo cosas que hacer. Luego nos vemos.El médico mantuvo la sonrisa mientras ella pasaba junto a él. Viola no necesitó darse vuelta para saber que seguía mirándola. Mientras se alejaba pensó, con frialdad absoluta: *Que sueñe si cree que vamos a acostarnos de nuevo cuando ni siquiera logró hacerme correr, JA.*La idea le provocó una pequeña sonrisa. Al m







