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Capitulo 5

Autor: Berenice
last update Fecha de publicación: 2026-10-01 13:26:10

El edificio se erguía imponente en el centro de la ciudad. El logotipo de VASILLO GROUP estaba exhibido con esplendor en la fachada, letras plateadas y relucientes que reflejaban poder y una riqueza incalculable.

Tania se detuvo unos segundos frente a la puerta principal, sujetando la carpeta con su solicitud de empleo y su currículum.

Su corazón latía más rápido de lo normal. Esta no era una empresa cualquiera.

La sede de Vasillo en el país era conocida como una de las corporaciones más grandes e influyentes. Operaba en los sectores de salud, tecnología, inmuebles e inversión. Quien lograba entrar en ella, su vida casi con certeza cambiaba para siempre. Sin embargo, había algo que siempre había sido un misterio.

Su CEO, el gran señor Roman Vasillo. La gente solo sabía que aquel hombre mayor llevaba mucho tiempo radicado en Alemania. Rara vez aparecía en público. De vez en cuando volvía al país a supervisar la empresa, y luego desaparecía de nuevo. Y durante los últimos siete años, no había habido noticias suyas.

Tania tomó aire profundamente y entró. El vestíbulo del edificio era amplio y lujoso. Mármol blanco reluciente, una gran araña de cristal colgando en el centro de la sala, y guardias de seguridad parados firmes en varios rincones.

Al otro lado del edificio, en el piso más alto, el ambiente era diferente. Los directores estaban de pie, tensos, en la sala de juntas principal.

Hoy no era un día cualquiera: hoy el heredero de la familia

Vasillo llegaba al país. Alex Roman Vasillo, el hombre que hasta ahora había sido solo una sombra de poder detrás del escenario.

Los rumores que circulaban en los círculos internos decían que su visita no era solo una visita de cortesía. Sino que venía a tomar el control.

Mientras Roman Vasillo había confiado el negocio de la sede local a su mano derecha, habían ocurrido muchas transacciones sospechosas. Informes financieros que no cuadraban. Activos que desaparecían. Colaboraciones oscuras con partes desconocidas. Y Alex nunca toleraba la traición.

Las puertas del ascensor ejecutivo se abrieron.

Los pasos de unos caros zapatos de cuero resonaron con firmeza al cruzar el pasillo de la planta de la dirección. Todos se pusieron de pie de inmediato.

Tania estaba sentada tranquilamente en la sala de espera de Recursos Humanos, aunque su corazón nunca estuvo del todo tranquilo.

Varios otros candidatos habían entrado y salido de la sala de entrevistas. La mayoría tenía el rostro tenso al entrar, y más pálido al salir.

Por fin llamaron su nombre.

—¿Tania Aldana?

Se levantó de prisa. —Sí.

Sin embargo, en lugar de llevarla a la sala de entrevistas habitual, el personal de Recursos Humanos recibió una llamada breve a través de su pequeño auricular, y su expresión se volvió seria.

—Señorita Tania, no es necesario que pase la primera etapa de la entrevista —dijo en voz baja—. La llevarán directamente con nuestro superior.

Tania frunció el ceño. —¿Con el superior... directamente?

-Sí, es un representante de la dirección central. Si logra pasar su evaluación, automáticamente supera todas las etapas.

El corazón de Tania latió con más fuerza. Eso significaba que esta selección no era ordinaria. El ascensor especial para empleados ejecutivos llevó a Tania hacia los pisos superiores.

Cuanto más alto el piso, más silencioso el ambiente.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Al final del pasillo, un hombre estaba de pie erguido vistiendo un traje gris oscuro. Su mirada era aguda pero controlada.

Era Mario, el asistente personal de Alex Roman Vasillo.

—¿Señorita Tania? -preguntó brevemente.

—Sí, señor.

Mario asintió levemente. —Sígame.

Entraron a una amplia oficina con grandes ventanales de vidrio que daban a la ciudad. La habitación no estaba muy llena, pero dejaba clara la autoridad que allí se ejercía.

—Siéntese.

Tania se sentó con la espalda erguida.

Mario abrió su carpeta y la leyó con atención. Su mirada se detuvo bastante tiempo en la sección del historial académico.

—¿Egresada de Informática de Berlín? —preguntó sin mirarla.

ーSi.

—Sus calificaciones son casi perfectas.

Tania contuvo la respiración. Mario levantó la vista y la miró directamente.

—¿Por qué regresó al país y empezó desde cero?

La pregunta era directa. Tania ya tenía lista la respuesta.

-Circunstancias familiares, señor. Y quiero construir mi carrera aquí.

Mario no respondió de inmediato. Observó el lenguaje corporal de Tania.

—Bien —dijo finalmente—. No me importa de dónde es su título. Me importan sus capacidades.

Giró la pantalla de su laptop hacia Tania.

—El sistema de seguridad de nuestra empresa fue hackeado hace tres meses. Aún no hemos encontrado la brecha exacta.

Tiene diez minutos. Por favor, analícelo.

Tania guardó silencio un momento, luego sus ojos cambiaron.

Sus dedos comenzaron a moverse rápidamente sobre el teclado. Leía los patrones de código como si leyera un libro de cuentos. Rastreó el rastro de acceso, los patrones de anomalías, y se detuvo en un punto.

—Aquí —dijo en voz baja pero con seguridad—. Hay una puerta trasera plantada deliberadamente. No es un hacker externo; es alguien de adentro.

Mario agudizó la mirada.

—¿Está segura?

—Cien por ciento.

La sala quedó en silencio.

Detrás de la pared de vidrio de esa oficina, en otra habitación más privada, alguien estaba de pie observando a través de la pantalla del circuito cerrado de televisión interno.

Mientras tanto, en la sala, Mario cerró su laptop lentamente.

—Si es aceptada —dijo con calma—, trabajará directamente bajo la supervisión de la dirección central.

—Gracias —dijo Tania, y se puso de pie.

—El departamento de Recursos Humanos se comunicará con usted en pocas horas si pasa la selección. Es mejor que no se aleje demasiado de esta empresa —dijo Mario.

Tania asintió y luego se marchó de la habitación.

***

Ese mediodía.

La oficina en el piso más alto del edificio de Vasillo Group estaba en silencio.

Los grandes ventanales de vidrio mostraban la bulliciosa ciudad allá abajo, pero dentro de esa habitación el ambiente era frío y tenso.

Alex Roman Vasillo estaba de pie de espaldas a la sala, mirando hacia afuera con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. El traje negro que llevaba hacía que su figura luciera aún más firme y autoritaria.

Detrás de él, Mario estaba de pie sosteniendo una carpeta.

—El currículum de esta nueva candidata es bastante interesante, señor —dijo Mario mientras pasaba una página tras otra.

Alex no se volvió de imediato.

-¿Interesante? —preguntó con tono neutro.

Mario asintió ligeramente.

—Se llama Tania Aldana. Egresada de Informática de Berlín.

Sus calificaciones son casi perfectas; podría decirse que es una de las mejores.

Alex finalmente giró un poco, con una mirada fría.

—Si en verdad es la mejor egresada, ¿por qué solicita un puesto ordinario en la sede local? —preguntó Alex con brusquedad.

Mario guardó silencio un momento; la pregunta tenía sentido.

Volvió a mirar la carpeta.

-Según su declaración, regresó por problemas familiares.

Alex caminó lentamente hacia su escritorio. Tomó la carpeta de manos de Mario. Su mirada recorrió cada línea del texto con minuciosidad. No se le escapaba ningún detalle. Luego se detuvo en la sección del diploma. Sus ojos se entornaron.

—Hay algo raro —murmuró.

Mario arqueó una ceja.

—¿Raro?

Alex golpeó suavemente esa parte del papel con el dedo índice.

—El formato del sello de la universidad es correcto —dijo—.

Pero el código de registro digital no coincide con el sistema más reciente de Berlín.

Mario se tensó de inmediato.

—¿Falso?

Alex no respondió directamente.

—Podría ser.

Dejó la carpeta de nuevo sobre la mesa.

—Las personas que falsifican documentos generalmente solo piensan en la apariencia exterior —continuó Alex—. Pero a menudo olvidan los pequeños detalles.

Mario lo miraba.

—Sin embargo, su capacidad técnica es bastante extraordinaria, señor. Cuando la puse a prueba con el sistema de seguridad, encontró de inmediato la brecha de la puerta trasera que ni siquiera nuestro equipo de informática había detectado.

Alex se recostó en su silla, y su mirada se volvió más profunda.

—Precisamente eso es lo que la hace más sospechosa.

Mario frunció el ceño ligeramente.

—¿Por qué?

Alex sonrió levemente, una sonrisa sin ningún rastro de calidez.

—Una mujer con esas capacidades... no puede vivir de cualquier manera.

Alex volvió a tomar la carpeta de Tania. Miró ese nombre unos segundos de más. Tania Aldana. Por alguna razón, ese nombre le resultaba ajeno pero al mismo tiempo le parecía haber pasado por su memoria en algún momento.

—Recursos Humanos —dijo Alex escuetamente.

Mario entendió de inmediato su intención. Tomó su teléfono y llamó al departamento.

—Manden a la candidata llamada Tania Aldana al piso ejecutivo ahora —ordenó.

Colgó el teléfono.

—Listo, señor.

Alex se levantó lentamente, con la mirada fría y llena de escrutinio.

—Si miente dijo Alex en voz baja—, quiero ver con mis propios ojos cómo lo hace.

Mientras tanto, en el piso de abajo, un miembro del personal de Recursos Humanos se acababa de acercar a Tania.

-Señorita Tania, la llaman al piso ejecutivo.

Tania se sorprendió.

—¿Ahora?

—Sí, el señor Mario dice que el CEO quiere verla...

El corazón de Tania latió con fuerza.

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