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Los siete días que me liberaron
Los siete días que me liberaron
Author: Sandra P.

Capítulo 1

Author: Sandra P.
Después de marcharme de casa, Ethan no vino a buscarme.

A mis espaldas, nuestros amigos seguían animándolo.

—Este año, Ivy sí que está llevando el juego al límite.

—Ethan, no cedas tan rápido.

Ethan soltó una risita, completamente seguro de sí mismo.

—Ella no puede vivir sin mí. Denle tres días y volverá por su cuenta.

Esa misma noche, organizó otra apuesta en el chat grupal y puso treinta mil dólares sobre la mesa, convencido de que yo no aguantaría ni setenta y dos horas.

Para asegurarse de que yo fuera yo quien terminara, registró la huella digital de Samantha en la cerradura y le entregó la copia de la llave que siempre había sido mía.

Con mis pantuflas puestas, Samantha publicó una foto de la llave junto a su desayuno.

«Primer día como la señora Glenn».

Nuestros amigos no tardaron en sumarse a las bromas.

«Esta noche te toca dormir en la habitación principal».

«Y si ahora eres la señora Glenn, ¿no deberías usar también su camisón?».

Ethan no hizo nada para detenerlos. Al contrario, incluso le indicó a Samantha dónde encontrarlo.

—Su camisón está en el segundo estante del vestidor.

Vi el mensaje mientras desempacaba mis cosas en el pequeño departamento que mis padres me habían dejado. Hacía años que nadie vivía allí. Los alféizares estaban cubiertos de polvo y los grifos comenzaban a oxidarse.

Aun así, aquel lugar tenía algo que nuestra casa había perdido hacía mucho tiempo: allí nadie convertía mi lugar como esposa de Ethan en un juego.

El primer año, cuando Samantha se marchó con mi camisón puesto, rompí a llorar delante de todos. Ethan me abrazó y pasó un buen rato consolándome. Me aseguró que solo quería comprobar si me ponía celosa y hasta me prometió que no volvería a hacerlo.

—Esta es la primera y última vez.

Ahora, en cambio, Samantha revolvía mi vestidor y se probaba una prenda tras otra. Incluso había iniciado una transmisión en vivo para que nuestros amigos votaran por su mejor atuendo de «señora Glenn».

Cuando se puso mi camisón de seda y dio una vuelta frente a la cámara.

—¿Qué tal este?

Ethan estaba sentado a su lado. Levantó la vista y sonrió.

—En ti se ve menos aburrido.

El chat de la transmisión se llenó de risas.

Entonces, alguien preguntó por qué yo no estaba allí. Samantha bajó la mirada y, en cuestión de segundos, se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Ivy de verdad no sabe aceptar una broma. Solo es un reto y yo solo estoy haciéndole un favor a Ethan. Nunca imaginé que se enfadaría tanto como para marcharse de casa, pero todos sabemos que tarde o temprano regresará.

Ethan le ofreció un pañuelo y, acto seguido, me envió un mensaje.

«Todo matrimonio necesita un poco de emoción. No tienes por qué ponerte así por una simple broma. Si de verdad piensas mudarte, llévate también el resto de tus cosas».

Leí el mensaje sin responder.

Cuando regresé a casa para recoger lo que me quedaba, la cerradura ya no reconocía mi huella digital, por lo que Samantha tuvo que abrirme la puerta. Llevaba puesto mi camisón y mis pantuflas.

Al entrar en la habitación principal, descubrí que habían cambiado la ropa de cama por un juego rosa, justo el estilo que le gustaba a ella. Mis productos para el cuidado de la piel estaban amontonados en una caja de cartón, y nuestra foto de bodas había desaparecido de la pared. La habían dejado apoyada en un rincón, con otra caja delante que ocultaba la mitad de mi rostro.

Ethan empujó la caja hacia mí.

—Volver a marcharte no va a funcionar, Ivy.

Samantha se mordió el labio y fingió sentirse incómoda.

—Tal vez debería dormir en la habitación de huéspedes.

Sin embargo, a pesar de sus palabras, no se movió de la habitación principal.

Como era de esperarse, Ethan la sujetó del brazo de inmediato.

—La señora Glenn duerme en la habitación principal.

Dicho esto, me miró con aquella misma expresión divertida que tan bien conocía.

Probablemente esperaba que discutiera con Samantha para recuperar mi cama, que rompiera a llorar o que le preguntara a cuál de las dos amaba de verdad.

Pero, en lugar de eso, recogí la caja y miré a mi alrededor por última vez.

—¿Me queda alguna otra cosa?

Por primera vez, la sonrisa de Ethan se borró de su rostro y, durante unos segundos, me observó como si intentara averiguar qué estaba tramando. Después, su expresión se endureció.

—Esta vez sí que te estás tomando en serio tu papel, Ivy. Veamos cuánto tiempo puedes seguir con esta actuación —repuso con la barbilla en alto.

Pero yo no respondí, sino que me limité a darme la vuelta y a salir de allí, cerrando la puerta tras de mí.
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