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Nunca Fui Su Prioridad

Nunca Fui Su Prioridad

By:  Aita CabreraCompleted
Language: Spanish
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Mi esposo, Nicolás Ferrer, tenía la costumbre de ordenar la vida según prioridades perfectamente definidas. En nuestro calendario compartido, los eventos marcados en rojo eran inamovibles; los marcados en amarillo se podían negociar y los marcados en gris podían aplazarse en cualquier momento. El cumpleaños de su madre estaba marcado en rojo; las cenas con sus amigos, en amarillo; cualquier evento relacionado conmigo, en gris. Después de siete años juntos, yo seguía ocupando el último lugar. El día de nuestro aniversario de bodas, esperé en el restaurante hasta que las velas se consumieron. Él pospuso la cena para la semana siguiente y me envió un mensaje de voz: "Valeria es muy estricta con la limpieza y no quiere que los empleados de la empresa de mudanzas toquen sus cajas. Iré a ayudarla. Tú siempre has sido muy comprensiva. Te lo compensaré otro día". Contemplé la comida ya fría. No le pedí explicaciones; simplemente abrí el historial del calendario compartido. Mi consulta de seguimiento después de la gastroscopia había sido reprogramada para que él pudiera llevar al gato de Valeria al veterinario. No había estado conmigo durante la operación de mi padre porque estaba cambiándole la cerradura a Valeria. Incluso el día de nuestra boda civil acompañó primero a Valeria a elegir un colchón y me dejó esperando en el Registro Civil hasta poco antes del cierre. Cada vez que él reprogramaba uno de mis eventos marcados en gris, aparecía otro de Valeria marcado en rojo. Todos llevaban la misma nota: "Prioridad absoluta". Releí esas palabras varias veces y recordé algo que Nicolás solía decir: —No hay favoritismos, solo prioridades. Así que, dentro de su orden de prioridades, mi salud, mi familia y nuestro matrimonio valían menos que una sola caja de Valeria. Antes de eliminar el calendario compartido, guardé varias capturas de pantalla. Después, le envié a mi abogada la documentación necesaria para iniciar el divorcio. A él le encantaba vivir de acuerdo con sus planes. A partir de ese día, yo quedaría fuera de sus planes para siempre.

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Chapter 1

Capítulo 1

Cuando volví a casa, la única luz encendida en la sala era la de una lámpara de pie. Nicolás todavía no había regresado.

Sobre la mesa del comedor estaba el arreglo floral que había preparado antes de salir esa mañana. Las rosas blancas de nuestro aniversario ya se habían marchitado; parecían destinadas al funeral de nuestro matrimonio.

Me quedé en la entrada mientras me quitaba los zapatos. Antes, Nicolás decía que reconocía de inmediato mis pasos. Aseguraba que, por tarde que regresara, al oírlos sabía que alguien lo esperaba en casa.

Pero por fin lo entendía: no era a mí a quien quería, sino un hogar con la luz siempre encendida y alguien aguardando su regreso.

En vez de entrar en la cocina, fui directamente al estudio. En el armario del fondo guardaba una carpeta con mis documentos: el pasaporte, mis tarjetas bancarias, el expediente médico de la operación de mi padre y las escrituras del pequeño departamento que me había dejado mi abuela. Nada de eso tenía que ver con Nicolás, pero era lo que más necesitaría cuando lo dejara.

Apenas terminé de guardar los papeles en la carpeta, oí girar la cerradura. Nicolás había vuelto.

Se quitó los zapatos sin apartar la vista del celular. En su rostro se notaba el cansancio de quien acababa de resolver un problema.

—Ya terminamos de acomodar las cosas de Valeria.

Dejó caer las llaves del auto sobre el mueble de la entrada y solo entonces pareció recordar que yo existía.

—¿Ya volviste?

—Sí —murmuré.

Miró hacia el comedor y se detuvo al ver las flores marchitas.

—¿Sigues enojada?

Se aflojó la corbata. Había un dejo de fastidio en su voz cuando continuó:

—Ya te dije que te lo compensaría. Valeria se estaba mudando sola y tenía demasiadas cosas. El esposo de Valeria, que había sido mi profesor, me pidió antes de morir que cuidara de ella. No podía abandonarla.

Cerré la carpeta.

—Claro que puedes cuidarla.

Nicolás alzó la mirada. Tal vez mi tono era tan sereno que no sabía cómo reaccionar.

—Clara, tú antes no eras así.

—¿Y cómo era antes?

—Al menos escuchabas mis explicaciones.

Lo miré. Durante siete años siempre había tenido una explicación para cada promesa rota. El gato de Valeria se había alterado y tenía que llevarlo al veterinario. Una tubería se había roto en casa de Valeria y debía ir a revisarla. A veces Valeria tenía una reacción alérgica o un resfriado; otras, necesitaba mudarse, se le averiaba la cerradura o simplemente pasaba la noche en vela.

Su vida era como una casa con una gotera interminable, y Nicolás siempre era el primero en llegar con la caja de herramientas.

En cambio, yo podía soportar el dolor de estómago. El aniversario se podía celebrar otro día. Durante la cirugía de mi padre, según él, yo podía arreglármelas sola. Y, si no alcanzábamos a llegar antes del cierre del Registro Civil, siempre podíamos volver otro día para casarnos.

Durante mucho tiempo creí que él simplemente tenía un sentido del deber excesivo. Después entendí que ese nunca había sido el problema. El problema era a quién prefería.

Nicolás se acercó e intentó acariciarme el rostro.

—Ya no te enojes. Mañana por la noche reservaré una mesa y te llevaré al restaurante que tanto te gusta.

Me aparté para evitar su caricia. Su mano quedó suspendida en el aire y su expresión se endureció.

—Clara…

—Mañana tengo que salir.

—¿Adónde vas?

—A resolver un asunto.

Frunció el ceño.

—¿Qué asunto puede ser más importante que nuestro aniversario?

Resultaba casi ridículo oír esa pregunta de su boca. No contesté. Guardé la carpeta con los documentos en el fondo de la maleta.

Al ver la maleta, Nicolás comprendió por fin que algo no estaba bien.

—¿Por qué estás empacando?

—Voy a llevarme algunas cosas que son mías.

Observó la maleta durante unos segundos y soltó una risa.

—Ya basta de teatro. Solo quieres que te consienta, ¿verdad? Te dije que te lo compensaría. ¿Qué más quieres? Si todavía estás molesta, hablamos mañana.

Al llegar a la puerta, agregó:

—Por cierto, mañana Valeria tiene una revisión médica. No tienes nada programado por la mañana, ¿verdad? Pasa por ella y llévala a la consulta.

Sin moverme de mi sitio, respondí en voz baja:

—Estaré ocupada.

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