Compartir

Capítulo 3

Autor: Gale Spring
last update Fecha de publicación: 2025-03-10 06:31:38

Llego a casa después del día agotador y me dejo caer en el sofá con una taza de té caliente en las manos. Mientras soplo la superficie del líquido para enfriarlo un poco, enciendo la computadora y abro mi cuenta bancaria para verificar el saldo antes de planear las compras que Alejandro sugirió.

Cuando veo la cifra en pantalla, casi se me sale el corazón por la boca. Parpadeo, me froto los ojos y miro de nuevo, pero los números siguen ahí. En un acto reflejo, doy un sorbo al té y termino atragantándome. Comienzo a toser mientras intento procesar lo que estoy viendo.

—¡¿Qué demonios?! —exclamo, dejando la taza a un lado mientras me llevo una mano al pecho.

La transferencia reciente, con el concepto "Fondo para el viaje", ha añadido una suma tan ridícula a mi cuenta que parece irreal. Marco el número de Claudia casi sin pensarlo.

—¿Qué pasa ahora, futura esposa de mentira? —me saluda con tono burlón.

—¡Clau, me transfirió una fortuna! —le digo, caminando de un lado a otro como si el movimiento pudiera calmarme.

—¿Cuánto es "una fortuna"? —pregunta, intrigada.

Le doy la cifra, y del otro lado de la línea escucho un grito ahogado.

—¡Ay, amiga, ya quiero ver qué te compras! ¿Cuándo salimos? Porque claramente no puedes ir sola. Necesitas a alguien con buen gusto, o sea, yo.

—Tus elecciones de ropa me dan miedo, pero te veo en el centro comercial en media hora —replico, antes de colgar.

Exactamente media hora después, mi mejor amiga se acerca corriendo a mí y me abraza con fuerza.

—¡Explotemos esa tarjeta! —exclama.

Claudia prácticamente me arrastra de tienda en tienda con una energía entusiasta que no sé de dónde saca. Mientras yo intento mantener un mínimo de dignidad, ella se desvive escogiendo prendas como si estuviéramos en un programa de televisión de cambios de imagen.

—¡Esto es perfecto! —dice, sosteniendo un vestido de noche rojo con un escote que, sinceramente, me hace cuestionar las leyes de la gravedad—. Con esto, Alejandro no va a poder ni mirarte a los ojos.

—Prefiero que me mire a los ojos, gracias —respondo, tratando de devolver el vestido al perchero, pero Claudia lo esquiva hábilmente.

—Por favor, Isa. Si no quieres usarlo por él, úsalo por ti. Mírate, eres guapísima. Solo necesitas un empujoncito, y yo soy ese empujón.

Suspiro y termino cediendo con un asentimiento. Luego, pasamos a la sección de ropa casual y bikinis. Aquí es donde la cosa se pone complicada.

—¡Mira esto! —grita Claudia, sacando un micro bikini negro que apenas parece tela suficiente para un pañuelo pequeño—. Es sexy, minimalista y totalmente apropiado para una isla privada.

La miro horrorizada.

—Clau, no hay forma en el universo en que me ponga eso.

—¿Por qué no? ¡Es perfecto! Además, tienes que mostrarle a Alejandro lo que se está perdiendo.

—Primero, no estoy tratando de mostrarle nada. Segundo, eso no es un traje de baño, ¡es un intento fallido de hilo dental!

—Dramática —dice, rodando los ojos—. Bueno, al menos pruébatelo, que no se diga que no lo intentaste.

—Ni loca.

Claudia me lanza una mirada calculadora y, antes de que pueda reaccionar, lo coloca en mi carrito.

—Ya veremos quién gana esta batalla —declara con una sonrisa traviesa.

Mi amiga me sigue arrastrando por los pasillos mientras yo trato de convencerla, sin mucho éxito, de que no necesito un bikini que podría ser confundido con hilo dental.

—Mira, Clau, ya llevo dos bikinis bonitos, cómodos y decentes. No necesito este… —intento argumentar, pero ella me interrumpe.

—Decentes. Ahí está el problema. Isa, ¿quién quiere ser "decente" en una isla privada? Además, nunca sabes qué puede pasar. Tal vez terminas tomando sol y alguien te invita a un yate. ¿Quieres estar lista o no? —dice, cruzando los brazos y mirándome con una ceja arqueada.

—¿Un yate? Claudia, esto no es una película.

—Exacto, porque si lo fuera, serías la protagonista aburrida —replica con una sonrisa burlona—. Ahora, ve al probador y póntelo.

—¡No pienso probármelo! —respondo, aferrándome al carrito como si fuera mi única salvación.

Claudia suspira teatralmente, como si cargar con mi resistencia fuera un sacrificio monumental. Luego, me lanza esa mirada que siempre precede al desastre.

—Está bien, no te lo pruebes aquí. Solo cómpralo. Al fin y al cabo, si no lo usas, no pasa nada, pero, si lo necesitas y no lo tienes, te arrepentirás. Y yo no voy a dejar que mi mejor amiga viva con ese remordimiento.

—Eso no tiene ningún sentido, Clau —digo, tratando de no reírme.

—¿Tiene sentido que estés en esta situación de "esposa por encargo"? No. Así que, si vas a vivir algo fuera de lo común, al menos hazlo con estilo —remata, poniéndome el bikini en las manos con un gesto triunfal.

Me quedo mirándola, a punto de insistir, pero sé que no voy a ganar esta discusión. Suspiro, derrotada.

—Está bien, lo compro, pero esto no significa que lo vaya a usar.

—Ya veremos —dice ella con una sonrisa tan amplia que parece que acaba de ganar un premio.

Con las bolsas llenas y mi dignidad algo golpeada, terminamos nuestra jornada de compras. De camino a casa, Claudia me lanza un vistazo de soslayo.

—De todas formas, cuando Alejandro te vea en ese bikini, seguro inventa alguna excusa para que nunca tengas que usar otro.

—Por favor, deja de hablar —le digo, dándole un empujón mientras ambas estallamos en carcajadas.

Cuando llegamos a casa, Claudia deja caer las bolsas en el sofá con un suspiro triunfal.

—Bueno, Isa, oficialmente estás lista para conquistar una isla privada. Ahora, ¿dónde tienes la maleta? Vamos a asegurarnos de que todo esté perfectamente organizado.

—Clau, puedo empacar sola, no es necesario que me ayudes —expreso, aunque sé que es inútil intentar disuadirla.

—¡Ni loca! No confío en tu criterio para estas cosas. Eres capaz de empacar solo jeans y camisetas —responde, ya dirigiéndose a mi habitación.

Suspiro con resignación y la sigo. Claudia abre mi armario y comienza a sacar cosas mientras yo intento mantener cierto control sobre la situación.

—Bien, vamos a empezar con lo básico —dice, extendiendo sobre la cama los bikinis, el vestido rojo que me obligó a comprar, y varios pares de sandalias—. Esto va sí o sí.

—¿De verdad tengo que llevar el vestido? —pregunto, mirando la prenda con escepticismo.

—Isa, si no llevas esto, me ofendes. Además, es perfecto para una cena romántica en la playa.

—No creo que vayamos a tener cenas románticas. Es un acuerdo, ¿recuerdas?

Claudia se gira hacia mí con una ceja levantada.

—Ajá, claro. Un acuerdo con un hombre guapísimo, en una isla paradisiaca, donde ambos tienen que fingir que están locos el uno por el otro. Sí, definitivamente nada podría pasar.

—Clau, por favor... —empiezo, pero ella me interrumpe con una sonrisa traviesa.

—Solo digo que deberías estar preparada para todo. ¿Y por qué no? Si te quiere besar, bésalo. Si se pone romántico, síguelo. ¿Qué tienes que perder?

—¡Mi dignidad, por ejemplo! —respondo, lanzándole una almohada.

Claudia la esquiva con una agilidad sorprendente y se ríe a carcajadas mientras yo trato de no unirme a su diversión.

—Isa, necesitas relajarte. Mira esto como una oportunidad de practicar tus habilidades de seducción. Porque, créeme, vas a tener que hacer algo más que sonreír para convencer a la gente de que estás locamente enamorada de Alejandro.

—¿Mis habilidades de qué? ¡Clau, estás viendo muchas películas románticas! —respondo, poniéndome de pie para recoger las prendas que ha dejado esparcidas por la cama.

—Solo digo que, si vas a fingir ser su esposa, al menos diviértete un poco en el proceso. ¿Qué tiene de malo jugar el papel completo? Además, dudo que Alejandro sea inmune a ti si te lo propones.

Suspiro y me dejo caer al borde de la cama.

—Clau, esto no es una novela. Es un trato, y eso es todo. No quiero complicar más las cosas de lo que ya son.

Ella me lanza una mirada comprensiva, pero no por eso menos pícara.

—Está bien, está bien, pero no digas que no te lo advertí cuando lo veas mirarte como si fueras un postre.

Ruedo los ojos mientras ella sigue organizando la maleta, asegurándose de que cada conjunto estuviera perfectamente doblado y, según sus palabras, estratégicamente pensado.

Justo cuando estamos terminando, mi teléfono vibra sobre la mesa de noche. Claudia lo agarra antes de que pueda detenerla.

—¡Mensaje del guapo! —canta, desbloqueando el teléfono sin ningún reparo.

—¡Dámelo! —protesto, intentando quitárselo, pero ella levanta la mano para mantenerlo fuera de mi alcance.

—“Espero que tengas todo listo. Te espero mañana a las 7:00 en el hangar. Asegúrate de no llegar tarde. A.” —lee en voz alta con un tono exageradamente solemne—. ¡Qué formal! ¿Siempre firma con una letra?

—Clau, devuélvemelo —insisto, arrebatándole el teléfono.

—Relájate, mujer. Solo me estoy asegurando de que estés bien informada. Aunque, sinceramente, podría haber sido un poco más cálido. ¿Qué tal un “nos vemos, cariño” o algo así?

—Es un mensaje práctico, nada más —respondo, bloqueando el teléfono mientras ella me mira con una sonrisa que claramente no le cree nada.

—Ajá, práctico. Bueno, al menos ahora sabemos que le importan los horarios. Más te vale no hacerlo esperar.

—No planeo hacerlo —contesto, poniéndome de pie para cerrar la maleta.

Claudia me ayuda a colocar todo y luego se estira con un suspiro satisfecho.

—Misión cumplida. Ahora solo queda que conquistes esa isla o, mejor dicho, a tu futuro esposo temporal.

—Clau, por favor, deja de decir esas cosas.

—Nunca —responde con una sonrisa traviesa mientras recoge sus cosas—. Nos vemos mañana, futura señora de mentira.

La acompaño hasta la puerta y, cuando finalmente me quedo sola, respiro profundamente. El mensaje de Alejandro sigue rondando en mi cabeza, junto con las palabras de Claudia. Mañana empieza todo, y por más que intente verlo como algo sencillo, no puedo evitar sentir un nudo de ansiedad en el estómago.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Luna de miel por contrato   Epílogo

    Un año despuésUn año puede pasar volando… o sentirse eterno. En nuestro caso, fue un poco de ambas cosas. Volvimos a la rutina, sí, pero ahora las reuniones empiezan más tarde y terminan con besos en lugar de informes.Después de aquella propuesta tan inesperada —y pública—, decidimos tomar las cosas con calma. Nos dimos un año para conocernos de verdad, sin mentiras, sin disfraces ni contratos, a la misma vez que organizábamos la boda. Tuvimos tiempo para vivir juntos, viajar, pelearnos por cosas absurdas como el orden de los libros o la temperatura del aire acondicionado. Para descubrir que a él le encanta cocinar los domingos con música a todo volumen, y que yo nunca aprendí a poner bien una funda de almohada.Discutimos sobre si el pastel debía tener frutos rojos o ganache de chocolate y descubrimos que las dos cosas quedaban muy bien juntas. Probamos recetas, hicimos pruebas con familiares, y hasta tuvimos un debate sobre si el menú debería incluir opciones vegetarianas. La verda

  • Luna de miel por contrato   Capítulo 60

    La sala de reuniones está llena. No abarrotado, pero lo suficiente como para que cada silla esté ocupada, cada cuaderno cerrado sobre la mesa, cada par de ojos fijos en nosotros. El murmullo usual de la oficina se ha desvanecido por completo. Ni teclas, ni risas lejanas, ni tazas chocando en la cocina. Solo el susurro del aire acondicionado y el zumbido bajo de un proyector apagado.Las cortinas están entreabiertas, dejando que la luz de la mañana se cuele en la sala con una suavidad cálida que, en otro contexto, podría haber sido reconfortante, pero ahora solo hace que todo se vea más nítido, más real, como si el universo quisiera asegurarse de que no pudiéramos fingir que esto no está ocurriendo.Estoy sentada al lado de Alejandro, aunque con algo de distancia. No es suficiente para que parezca que no estuvimos juntos, pero sí lo justo como para sentir que cada centímetro cuenta. Mis palmas están húmedas, el corazón late con una fuerza torpe en mi pecho y tengo la mente completamente

  • Luna de miel por contrato   Capítulo 59

    Las puertas de vidrio se abren con su clásico zumbido suave, pero para mí suenan como una sirena de alerta. La recepción de la agencia está exactamente igual: pulcra, moderna, con ese aire de “acá solo entra gente que sabe lo que hace”. Pero hoy, mientras atravieso el umbral junto a Alejandro, siento que no pertenezco.Nuestros pasos suenan más fuertes de lo normal. Quizá sea mi paranoia. O quizá sea que cada escritorio por el que pasamos parece detenerse un microsegundo. El murmullo constante de teclas, teléfonos y comentarios se transforma en un murmullo distinto. De ese que nace cuando algo —o alguien— confirma un rumor que lleva días flotando en el aire.Y nosotros, entrando juntos por la puerta principal, con café en mano, bien vestidos y quizás todavía oliendo a perfume de hotel caro… somos el combustible perfecto.—¿Todos siempre nos miran así o es especial por hoy? —susurro sin mirarlo, tratando de mantener la dignidad mientras esquivo miradas.—Diría que es un poco de ambas —r

  • Luna de miel por contrato   Capítulo 58

    Despierto con una punzada en la nuca, un cosquilleo extraño en el brazo izquierdo y la sensación incómoda de tener algo —o alguien— demasiado cerca. Parpadeo varias veces hasta que mis ojos logran enfocarse. Y entonces me doy cuenta: nos quedamos dormidos en el sillón.—Ay, no… —murmuro, intentando incorporarme sin desarmar a Alejandro, que duerme como si fuera una estatua griega: hermoso, quieto y totalmente fuera de lugar en mi pequeño sofá.Su cabeza está apoyada en mi pecho, una de sus piernas colgando por el costado, y su mano aún en mi cintura como si el universo se fuera a desarmar si me alejo un centímetro. La manta cubre la mitad de su espalda, mientras que yo tengo una rodilla fría y el cuello hecho trizas.Intento moverme con cuidado, pero siento un chasquido sospechoso en mi espalda.—Auch.Alejandro se queja sin abrir los ojos.—¿Eso fue tu cuello o el mío?—No lo sé, pero algo se rindió —respondo, masajeándome la nuca.Se sienta, despeinado, con la expresión de alguien qu

  • Luna de miel por contrato   Capítulo 57

    Deja su chaqueta colgada en el respaldo de una silla, como si ese gesto marcara el abandono de su papel anterior. Luego, mira alrededor otra vez, inseguro.—¿Dónde me siento? —pregunta.—Donde quieras, pero si te sientas en mi rincón del sofá, te lo haré pagar —respondo con fingida seriedad, señalando la esquina izquierda como si fuera terreno sagrado.Alejandro suelta una risa leve y camina hasta el otro extremo del sofá, dejándose caer con lentitud.—¿Así tratas a los invitados que llegan sin drama y con buenas intenciones? Estoy empezando a sentirme poco valorado.—Dale gracias a tu cara bonita —contesto, sentándome a su lado con una sonrisa en los labios—. Y ahora que estás aquí, necesito saber: ¿vienes en plan charla intensa, confesiones de madrugada… o solo quieres ver una película para fingir que todo está bajo control?Alejandro gira la cabeza hacia mí.—Definitivamente una película. No estoy preparado para otro “¿qué somos?” esta noche.—Perfecto —digo, tomando el control rem

  • Luna de miel por contrato   Capítulo 56

    “Aunque sea por un rato” lo dije porque sabía que Claudia iba a estar acá en cuanto se enterara de que regresé.Y no me equivoco. El timbre suena con la precisión de un reloj suizo apenas termino de darme una ducha rápida. Ni siquiera me dio tiempo de dejar la valija abierta. Estoy en jogging y con el pelo mojado cuando abro la puerta. Ella entra como si viviera acá desde siempre, con dos bolsas de papel en la mano y una expresión de urgencia dramática que solo Claudia puede justificar con total naturalidad.—¿Estás viva? ¿Completamente entera? ¿No te tragó un tiburón ni te fuiste a vivir con los suegros? —pregunta sin respirar, y sin esperar respuesta, me da un abrazo con olor a comida china.—Hola, Clau —respondo, aún sorprendida por la velocidad de su llegada—. Apenas me bajé del avión y ya estás acá.—Obvio —dice mientras se quita la chaqueta y se dirige directo a la cocina—. Necesitaba verte. Y traigo lo esencial: arroz tres delicias, tallarines picantes, rollitos primavera y tu

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status