FAZER LOGINCristal pensó que había encontrado al hombre que la protegería, que su vida había cambiado para siempre y que ya no sufriría. Pero ahora no estaba segura de nada. Franco cada día iba cambiando un poco más.Una mañana, mientras recogía la ropa sucia de la canasta, notó una mancha rosada en el cuello de una de sus camisas, era lápiz labial, sin duda, no era suyo, ella casi no usaba. Se sentó en el borde de la cama con la camisa en las manos.Marlene pasó por el pasillo y se asomó.—¿Qué pasa, nena?Cristal levantó la camisa sin decir nada. Marlene se acercó, miró la mancha y apretó los labios.—Ay, Dios…—No digas nada —susurró Cristal— por favor.—Nena, eso no está bien.—Ya sé, pero no digas nada, si él se entera de que hablamos, se va a enojar más.Marlene suspiró, negó con la cabeza y se fue, Cristal dejó la camisa otra vez en la canasta, como si no hubiera visto nada.Esa noche Franco llegó tarde de nuevo, oliendo a alcohol. Cristal estaba en la cama, fingiendo dormir, él se sentó
Al día siguiente Franco se fue temprano a la empresa, Marlene estaba en su pieza con Thiago. Cristal pensó que no se encontraría a nadie, así que bajó de rápido solo quería un vaso de leche. Todavía tenía el labio un poco hinchado y las marcas del cuello empezaban a tomar un color morado. Se sirvió la leche con prisa, antes que las chicas de la limpieza llegaran, y cuando estaba por subir las escaleras, alguien dijo su nombre.Volteó, era Diogo, llevaba unos documentos en la mano.—Cristal —saludó, con una sonrisa— solo vine a dejar estos papeles para Franco en el despacho.Ella asintió, nerviosa, Diogo se acercó un poco más. Su mirada fue primero al labio hinchado y después al cuello, apretó los puños con fuerza, pero no dijo nada. Se dio la vuelta y se dirigió al despacho.Cristal subió a su habitación nerviosa, si Diogo le decía a Franco que había salido de la pieza, la iba a regañar, le había dicho que no saliera, que Marlene le dejara la charola con la comida en la puerta.Diog
Afortunadamente para Cristal, Franco decidió retirarse después de la cena, se levantó, se despidió de sus socios, le hizo una seña a ella y salieron del Club Palazzo.En el auto él intentó besarla. Cristal volteó el rostro hacia la ventana, estaba bastante pasado de copas, su personalidad había cambiado por completo. Ya no era el hombre cariñoso de los últimos días. Ella lo había notado desde antes de salir de la mansión, cuando se estaban arreglando, estaba nervioso, se notaba que la opinión de aquellas personas era importante para él. Eran inversores poderosos. Cristal se sentía triste, en la cena el alcohol había sacado a relucir lo que él realmente pensaba de ella, una lágrima bajó por su rostro, sentía vergüenza y tristeza, recordó las palabras de la madre de Franco, de que algún día él se avergonzaría de ella, y ese día había llegado.Franco se dio cuenta, chasqueó la lengua.—No empieces con tus dramas, no me arruines la noche más de lo que ya me la has arruinado, todos se die
Días después, la habitación principal de la mansión se había convertido en un camerino, tres mujeres contratadas por Franco se movían alrededor de Cristal, corrigiendo cada mínimo detalle de su vestido.Cristal no decía nada, se había dejado vestir como si fuera una muñeca de porcelana, una muñeca a la que le habían puesto un corsé que le apretaba las costillas y le dificultaba respirar. El vestido era una obra de arte, era de seda color champán, bordado con hilos de plata que caían en cascada hasta sus pies, dejando los hombros y la espalda al descubierto, en su cuello llevaba, un collar de diamantes que Franco le había dado esa mañana.—El señor D’Ávila tiene un gusto impecable, señora —dijo una de las mujeres—. está usted deslumbrante.Cristal miró su reflejo en el espejo de cuerpo entero, la chica del espejo era hermosa, sí pero no era ella, era un disfraz, era la esposa que Franco quería mostrar.La puerta se abrió y Franco entró, llevaba un traje oscuro, hecho a la medida, que
Los días siguientes fueron tranquilos, Franco se iba temprano a la oficina y regresaba por la tarde, trataba de pasar más tiempo con Cristal, cenaban juntos, a veces se sentaban en la terraza a ver el jardín, él le preguntaba cómo había estado el día, si había salido, si necesitaba algo.Pero a Cristal le dolía una cosa: Franco seguía ignorando a Thiago, el niño jugaba cerca de ellos y Franco apenas lo miraba, siempre pedía a Marlene que se lo llevara, nunca lo cargaba, nunca le hablaba. Cristal se lo quedaba viendo en silencio, con un nudo en el pecho, pero no decía nada, no quería empezar una discusión.Esa noche estaban cenando en el comedor, Cristal había pedido que prepararan el pollo como a Franco le gustaba, él estaba hablando de un asunto de la empresa cuando de pronto se escucharon pasos apresurados y la puerta del comedor se abrió de golpe.Entraron dos mujeres como una tromba, eran la madre y la hermana de Franco, doña Cecilia tenía los ojos desorbitados de furia, detrás v
La vigilancia en la casa D’Avila, estaba reforzada desde hacía días, dos enormes hombres vigilaban el portón, habían colocado cámaras nuevas y Kauê revisaba cada auto que se acercaba. Por eso, cuando el vehículo negro y la camioneta del canal de televisión llegaron, les impidieron el paso.La madre de Thiago bajó primero, detrás venía un abogado con una carpeta y un reportero con la cámara ya encendida, la mujer empezó a gritar desde la calle.—¡Abran! ¡Quiero ver a mi hijo! ¡Tengo derecho!Uno de los guardias habló por el intercomunicador.—No pueden pasar, el acceso está restringido, retírense.—¡Llamen a Franco D’Ávila! —gritó ella— ¡Que salga! ¡Me están quitando a mi hijo!El reportero filmaba todo, el abogado se acercó al intercomunicador.—Somos representantes legales de la madre biológica, exigimos ver al menor delante de testigos. Si no abren, esto va a ser noticia en todos lados.Dentro de la mansión, Cristal estaba en el jardín con Thiago, el niño jugaba con unas pelotas, de







