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CAPÍTULO 2 – Contratada en el Caos

ผู้เขียน: Bárbara Monteiro
last update วันที่เผยแพร่: 2026-04-23 07:59:46

—¿Está jugando conmigo? —preguntó Augusto, entrecerrando sus ojos verdes con pura desconfianza.

Eloise cruzó las piernas, manteniendo una postura impecable. Su vestido rozaba sutilmente la piel expuesta de sus muslos, y sabía que él lo notaba, aunque fingiera ser una estatua.

—Ni un poco —respondió—. Leí todo sobre su empresa, conozco su agenda de reuniones, sé que despidió a su última secretaria por servirle el café con azúcar en lugar de edulcorante. Y aun así, estoy aquí. Esto no es un juego, es valentía.

Augusto se levantó de la silla. Imponente. Metro noventa y dos de pura tensión masculina. Su traje negro a medida delineaba su cuerpo fuerte, y su mirada penetrante la enfrentaba como si pudiera desnudar no solo su cuerpo, sino también sus defensas.

—La valentía puede confundirse con insolencia —dijo, rodeando el escritorio hasta detenerse muy cerca de ella.

Eloise también se levantó. Más baja que él, pero sin apartar la mirada. Nunca lo hacía.

—La insolencia es como usted llama a la humanidad. Yo solo soy sincera, señor Monteiro. Debería intentarlo alguna vez.

Silencio.

Una sonrisa cínica curvó los labios de él.

—Ha ido demasiado lejos. Está contratada.

—¿Qué?

—Ya que quiere demostrar que es diferente… esta es su oportunidad. Preséntese mañana a las 8. Y no llegue tarde.

—Nunca llego tarde —respondió, con una sonrisa atrevida.

Augusto caminó hasta la ventana, dándole la espalda, pero aun así dominando todo el espacio.

—Y una cosa más, señorita Nogueira… no me involucro con empleadas.

Ella alzó una ceja.

—Qué suerte la suya. Yo no me involucro con hombres como usted.

Augusto se giró bruscamente. Pero antes de que pudiera decir algo, Eloise ya había salido de la sala.

El sonido de sus tacones resonó por el pasillo.

Apenas cruzó la recepción y sintió el viento en el rostro, la actitud desafiante que había mantenido allí dentro comenzó a desvanecerse.

Caminaba firme, pero por dentro su estómago se revolvía.

“Tal vez fui demasiado lejos…”, pensó, mordiendo el borde del labio. “Pero necesitaba que me notara.”

Había enviado currículums a todas partes. Aceptado trabajos temporales. Rechazado propuestas indecentes. Había hecho lo que pudo para sobrevivir.

Pero ahora… su padre estaba peor.

Los medicamentos eran caros. El alquiler estaba atrasado. Y todo el peso recaía únicamente sobre ella.

No iba a suplicar por un puesto.

Nunca fue de las que adulan para conseguir algo.

Al contrario… prefería provocar. Incomodar. Llamar la atención por lo que era: intensa, auténtica, valiente.

Y si tenía que enfrentarse a Augusto Monteiro para salvar lo que quedaba de su vida en ruinas… entonces lo haría.

Pero en el fondo, algo dentro de ella temblaba.

Tal vez no por el trabajo.

Tal vez… por él.

Arriba, en el último piso, Augusto observaba la ciudad iluminada.

El vidrio reflejaba la silueta de un hombre que lo tenía todo: dinero, poder, fama. Un imperio construido con sangre fría, disciplina… y sin espacio para sentimientos.

Pero había algo que el reflejo no mostraba.

Un vacío.

Un nombre que evitaba pronunciar.

Un rostro que se negaba a recordar.

Un sabor que, incluso después de años, seguía ardiendo en su memoria.

“Juré que nunca volvería a dejar que nadie me engañara.”

La cicatriz aún dolía.

Y la llegada de aquella mujer atrevida, de mirada desafiante y alma indomable, removía algo que él creía haber enterrado.

—Maldita suerte… —murmuró, cerrando los ojos—. O tal vez una maldición.

Eloise Nogueira acababa de entrar en su mundo.

Y tenía el presentimiento de que no saldría ilesa.

Ni él tampoco.

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