LOGIN—No debería estar aquí, por favor, Alfa —suplicó Daphne con un hilo de voz, mirando temerosa hacia la puerta—. Me meterá en un gran problema si alguien lo descubre.—¿Qué problema? —indagó Nathan—. Daphne, ¿acaso esta familia te trata mal? Quiero que seas honesta conmigo y me cuentes qué clase de vida llevas en este lugar.—P-pues... tengo una vida decente —respondió ella tras un breve silencio, intentando sonar convencida—. Tengo techo y comida, que es lo básico que necesito para sobrevivir. Yo no podría estar sola allá afuera; no sobreviviría por mi cuenta porque soy muy torpe. En eso la señorita Rocío tiene razón. Al menos aquí estoy, de alguna manera, protegida de todo lo que ocurre en el exterior.—¿De verdad estás conforme con esta vida? —preguntó Nathan, escudriñando su expresión.—Esto es lo que puedo tener ahora y tengo que aferrarme a ello —explicó Daphne con resignación—. Además, ¿qué pensaría usted si le dijera que aspiro a algo más? Usted señaló anteriormente que yo podrí
Nathan fue recibido nuevamente en la mansión de Joel con todos los honores. La familia entera se mostró entusiasmada por el hecho de que el Alfa de Midgar hubiera aceptado hospedarse allí, algo que Joel no tardó en convertir en motivo de orgullo.No perdió oportunidad de presumir aquella noticia durante el día. Cada vez que coincidía con otros deltas o cualquier otro conocido, repetía con satisfacción que el Alfa de Midgar dormiría bajo su techo durante un par de noches. Aquello elevaba considerablemente su prestigio, y Joel disfrutaba haciéndolo saber.Después de darle la bienvenida, lo condujo hasta la habitación que había preparado especialmente para él. Más tarde descendieron al comedor para compartir la cena.Nathan se comportó con total naturalidad. Incluso con Rocío mantuvo un trato educado y cordial, sin mencionar en ningún momento el reproche que le había hecho en la noche anterior por la manera en que trató a Daphne.Joel, por su parte, continuó intentando acercarlos y tras
La velada llegó a su fin y Nathan se preparó para marcharse de la mansión. Joel y Rocío lo acompañaron hasta la entrada principal para despedirlo como correspondía a un invitado tan importante.Joel le estrechó la mano con una sonrisa.—Me ha encantado recibirlo en nuestro hogar, Alfa. Ha sido un verdadero honor compartir esta noche con usted. Espero que tanto la cena como nuestra hospitalidad hayan sido de su agrado.Nathan respondió con cordialidad, devolviéndole el apretón de manos.—Claro que sí. La comida ha estado excelente y debo reconocer que esta mansión es realmente hermosa.—También quiero disculparme por los pequeños inconvenientes que surgieron durante la noche. Espero que esos incidentes no sean motivo para que rechace una futura invitación de mi parte.—En absoluto. De hecho, estaré muy interesado en volver si decide invitarme otra vez.Aquellas palabras llenaron de satisfacción a Joel, aunque Nathan tenía una razón muy distinta para aceptarlas.Su verdadero interés no
Daphne dio un paso hacia atrás, aumentando la distancia con Nathan para evitar despertar cualquier sospecha. —Ya voy dentro de un momento —señaló el Alfa—. Estaba ayudando a la señorita porque se ha cortado un dedo.Rocío asintió con una sonrisa educada.—Sí, mi padre me lo comentó. Pero no hace falta que usted se ocupe de eso, Alfa. Ella puede arreglárselas sola —acto seguido dirigió el rostro hacia Daphne y el tono de su voz cambió—. Daphne, deja de incomodar al Alfa de esta manera. ¿Qué necesidad tiene él de perder el tiempo contigo? ¿Quién te crees que eres?Daphne se encogió sobre sí misma, bajando aún más la cabeza y sintiéndose avergonzada.—Lo siento... Ha sido un atrevimiento por mi parte.—¿Cuándo vas a dejar de ser tan torpe? —inquirió Rocío—. ¿Cómo es posible que ni siquiera seas capaz de recoger unas cosas sin terminar cortándote? Deja de causar problemas por todo.Después volvió a mirar al Alfa con una expresión amable que contrastaba con el trato que acababa de darle a
—Efectivamente, lo que hiciste no estuvo bien —señaló Nathan—. Tomaste la invitación de un miembro de la familia para la que trabajas y ocupaste su lugar en una celebración a la que no habías sido invitada, procurando que ninguno de ellos descubriera lo que estabas haciendo. Tal vez eso no constituya un crimen, pero sí fue una conducta incorrecta que merece una consecuencia. Debes reconocer que actuaste mal.Daphne mantuvo la cabeza inclinada. No intentó buscar una excusa ni desmentir las palabras del Alfa porque, en el fondo, sabía que tenía razón.Desde el mismo instante en que tomó aquella invitación fue consciente de que estaba cruzando un límite y de que, si alguien la descubría, tendría que asumir las consecuencias de sus propios actos.—Tiene razón. Lo que hice estuvo mal. También fue un descaro de mi parte pedirle a un Alfa como usted que no hable de lo que sabe. Si considera que debo recibir un castigo por ello, estoy dispuesta a aceptarlo.Nathan inclinó su torso hacia ella.
Nathan se quedó contemplando a la loba que tenía frente a él. Deseaba poder leer sus pensamientos, su alma, y con una sola mirada saber todo de ella. Pero no había manera.Daphne evitó sostenerle la mirada y, todavía incómoda por todo lo ocurrido, habló con voz baja y cautelosa.—N-no tenía por qué quedarse conmigo, Alfa. Por favor, regrese al comedor. Todos lo están esperando.—Lo que quiero es hablar contigo a solas. Llévame a un lugar donde nadie pueda interrumpirnos —impuso Nathan.Aquellas palabras sonaron más como una orden que como una petición. Daphne se encogió ligeramente, intimidada por la autoridad natural que desprendía Nathan.—Sí, Alfa —comenzó a caminar mientras él seguía cada uno de sus pasos.Finalmente llegaron a una pequeña habitación utilizada como enfermería donde se guardaban botiquines, vendas, remedios básicos y algunos utensilios medicinales.Nathan dejó la bandeja sobre una mesa cercana mientras Daphne cerraba la puerta con cuidado. Después entrelazó las man







