LOGINEmma
Mi hombro se sacude mientras rompo a llorar de nuevo. Mis labios tiemblan, mi corazón hecho pedazos de tristeza.
El recuerdo de él besando a otra mujer me hace desplomarme en el suelo, con la espalda apoyada en la puerta.
¿Por qué me hizo esto?
Creí que por fin era mío. Solo mío. No soporto verlo con otra mujer.
KnoxMe levanto de la silla y me dirijo hacia Gina, con la curiosidad aflorando en mi interior.Este no es su sitio habitual. Normalmente, prefiere ir de fiesta a un club nocturno, donde la luz le da de lleno, pero hoy está en un rincón oscuro al fondo de un bar. No es propio de ella, y no puedo evitar preguntarme qué hay detrás de este cambio.Antes de que pueda dar un paso más, una voz familiar interrumpe mis pensamientos.—¡Oye, ahí estás! —dice Ben.Me giro y lo veo entrar en mi campo de visión, con su habitual sonrisa despreocupada, aunque hoy hay un atisbo de algo más serio en sus ojos.Ver a Ben por primera vez en seis meses es diferente. He estado demasiado ocupada para ver a mis amigos o relajarme. Ha sido Emma, el trabajo y luego Gina y sus constantes quejas.Intercambiamos un firme apretón de manos, como solíamos hacer en el pasado, y luego él se desliza hasta el asiento frente a mí.La silla roza ligeramente el suelo de madera. Me vue
KnoxMi corazón late más rápido y me aferro al borde de la mesa, como si fuera a perder el equilibrio si la soltara. —Puedes hablar conmigo —le digo a Emma—. Todavía tengo tiempo.En ese instante, siento una vibración en mi muslo. Miro hacia mi bolsillo. «Por favor, aguanta, cariño», le digo en voz baja, casi sin pensarlo. Ella asiente y, con mano firme y delicadeza, saco mi teléfono. El nombre de Ben ilumina la pantalla y contesto de inmediato.—Ben —digo, intentando mantener la voz firme.—Knox —responde, con la voz más cortante de lo habitual—. Creo que he encontrado algo sobre Mónica.La emoción me invade tan rápido que casi me ahogo. Una sonrisa involuntaria e incontrolable se dibuja en mis labios. —¿Hablas en serio? —pregunto, aunque ya sé la respuesta, pero necesito que me la confirmen.—Sí —dice Ben—. Tu exmujer sí que sabe cómo borrar sus huellas. Pero esta vez se le escapó la verdad.Miro a Emma, que está encorvada sobre su portát
EmmaMi corazón late tan rápido que juro que podría estallar.La idea de mantenerme completamente alejada de Knox es insoportable. ¿Cómo puedo tener sexo cuando estoy cachonda?No puedo imaginar un solo día sin él, sin el sonido de su voz, sin la forma en que me mira como si yo fuera lo único que importara. Me quedo allí, paralizada frente a mi madre, mi mente luchando por comprender las palabras, mi cuerpo luchando por moverse.—No puedo simplemente hacer las maletas e irme contigo como si fuera una niña pequeña —logro decir finalmente. Mi voz tiembla y odio cómo suena. No refleja lo que siento por dentro.Mamá se cruza de brazos y levanta la barbilla con una expresión que conozco demasiado bien. Es la misma que pone siempre que toma una decisión. «Noticia de última hora: Knox y yo nos vamos a divorciar».Sus palabras me impactaron más de lo que esperaba. Pero en lugar de la tristeza o la conmoción que creía que sentiría, algo más brotó en mi interior.
EmmaSiento una sed intensa e imposible de ignorar mientras me siento; acabo de salir a buscar un archivo que dejé en mi coche.La dejo sobre mi escritorio, todavía con sed. Luego me levanto de la silla, que roza suavemente el suelo, y camino hacia la sala de descanso.Hoy la oficina está más silenciosa de lo habitual, casi vacía, y ese silencio me inquieta.No quiero que nadie se fije en mí ahora mismo. Lo último que necesito es otra ronda de risitas disimuladas o comentarios susurrados a mis espaldas, como sucedió antes. A veces, todavía lo oigo.Al llegar a la sala de descanso, me alivia encontrarla vacía. El silencio me envuelve como una extraña sensación de seguridad. Me quedo allí un momento, respirando, y luego me dirijo al dispensador de agua.Me tiembla ligeramente la mano mientras lleno un vaso.Acerco el vaso a mis labios y doy un sorbo largo y profundo. El frescor se extiende por mi garganta, alivia
KnoxMe siento detrás de mi escritorio, con la rabia maldiciendo por mis venas.Gina está parada en el umbral. Antes de que pueda siquiera articular palabra, cierra la puerta de golpe con tanta fuerza que el sonido resuena en mi pecho como un disparo.El ambiente en la habitación se vuelve denso al instante, cargado con ese tipo de tensión que siempre parece acompañarla.Se dirige directamente hacia la mesa donde tengo mis papeles extendidos, sus tacones resonando contra el suelo con un ritmo que coincide con la frustración que crece en mi interior.La observo acercarse, notando cómo echa los hombros hacia atrás en señal de desafío, el ligero rubor en sus mejillas que podría ser de enfado o de algo completamente distinto.Aprieto las manos contra el borde del escritorio mientras intento controlar mi ira.—Gina —digo, con la voz baja y teñida de una furia que no puedo ocultar del todo—, ¿dónde demonios has estado estos últimos días?Se detiene jus
KnoxUna semana después, me siento a la cabecera de la larga mesa de conferencias con la ira ardiendo en mi pecho.Mónica, mi exesposa, ocupa uno de los asientos de los inversores como si aún perteneciera a mi mundo.Todavía recuerdo cómo intentó seducirme.Su presencia me produce una profunda irritación que se resiste a desaparecer. Jamás quise que volviera a estar cerca de esta empresa, y sin embargo, aquí está, tranquila y vigilante.Cada vez que mis ojos se desvían hacia ella, el resentimiento se hace más pesado, presionando contra mis costillas como una piedra que no puedo quitarme.Me obligo a concentrarme en la reunión, pero verla al otro lado de la mesa no deja de distraerme, removiendo viejos dolores y nuevas frustraciones que me dificultan respirar con normalidad.Hemos completado la revisión habitual de nuestros productos y sus márgenes de beneficio. Las cifras son sólidas y las proyecciones parecen







