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CAPÍTULO 38

Author: LaReina
last update publish date: 2026-11-08 10:44:43

Sin soltarme la mano, me atrajo hacia él, mi pecho chocando con el suyo, y nuestras bocas casi se encontraron. —Quieres esperar ganar, Jailbait. Si no, te pasarás el resto de la noche sobre mis rodillas bronceándote el trasero—.

Sin poder detenerme, acerqué la distancia y lamí su labio inferior con la lengua. —Promesas, promesas—.

Avancé mi primer peón dos espacios y la partida comenzó. Ninguno de los dos habló mientras veíamos al otro mover sus piezas, y mi mente corría, intentando planificar
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    Sin soltarme la mano, me atrajo hacia él, mi pecho chocando con el suyo, y nuestras bocas casi se encontraron. —Quieres esperar ganar, Jailbait. Si no, te pasarás el resto de la noche sobre mis rodillas bronceándote el trasero—.Sin poder detenerme, acerqué la distancia y lamí su labio inferior con la lengua. —Promesas, promesas—.Avancé mi primer peón dos espacios y la partida comenzó. Ninguno de los dos habló mientras veíamos al otro mover sus piezas, y mi mente corría, intentando planificar con antelación a dónde creía que movería sus piezas.No tardé en reclamar su primer peón. Sonreí triunfante mientras yo la quitaba del tablero. —Ja, supongo que preguntaré primero—.—Lento pero constante se gana la carrera, Jailbait—.—Sé lo que le pasó a tu padre —empecé, recordando que Rafe me había dicho antes que Teolohabía matado a su padre—. ¿Pero qué le pasó a tu madre?Su boca se curvó en una sonrisa torcida. —Directo a lo más profundo de la mierda, Isee—.—Te lo advertí; nada de pregunt

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    Sin soltarme la mano, me atrajo hacia él, mi pecho chocando con el suyo, y nuestras bocas casi se encontraron. —Quieres esperar ganar, Jailbait. Si no, te pasarás el resto de la noche sobre mis rodillas bronceándote el trasero—.Sin poder detenerme, acerqué la distancia y lamí su labio inferior con la lengua. —Promesas, promesas—.Avancé mi primer peón dos espacios y la partida comenzó. Ninguno de los dos habló mientras veíamos al otro mover sus piezas, y mi mente corría, intentando planificar con antelación a dónde creía que movería sus piezas.No tardé en reclamar su primer peón. Sonreí triunfante mientras yo la quitaba del tablero. —Ja, supongo que preguntaré primero—.—Lento pero constante se gana la carrera, Jailbait—.—Sé lo que le pasó a tu padre —empecé, recordando que Rafe me había dicho antes que Teolohabía matado a su padre—. ¿Pero qué le pasó a tu madre?Su boca se curvó en una sonrisa torcida. —Directo a lo más profundo de la mierda, Isee—.—Te lo advertí; nada de pregunt

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    —¡Joder, Teodoro!— gritó mientras con otro movimiento de mi lengua, su clímax la reclamaba, sus caderas se levantaban de la cama a pesar de mi firme agarre sobre ella.Sin desperdiciar ni una gota de su orgasmo, lamí su dulzura hasta que no pude más. No tuvo tiempo de recuperarse del orgasmo antes de que penetrara mi palpitante verga en su estrecho calor, estirando su entrada para acomodar mi tamaño. Sentándome sobre mis encorvadas, jalé sus piernas hacia mí, apuntalando sus caderas con el apoyo de mis rodillas bajo su trasero.Con un agarre férreo en sus caderas para mantenerla quieta, embestí con fuerza, haciendo que sus pechos se movieran. Joder, se veían increíbles con las dos marcas de mordisco que le había dejado, y tomé nota mental de asegurarme de que siempre llevara mi marca.Su coño apretándose a mi alrededor fue mi perdición, y al explotar en lo más profundo de ella, otro orgasmo la invadió y todo su cuerpo se puso rígido. Siseé mientras oleadas de placer me recorrían, mis

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    Marcó el número de Kai y finalmente respondió: —Teodoro—.—¿Dónde coño te has metido? ¿Qué pasa? —gruñí, alejándome lo más posible del baño para que Sara no pudiera oírme.—¿Entonces llegaste al búnker?—, respondió, dejándome muy confundido.—Sí. ¿Cómo lo supiste?Me froté la cara con la mano. —Kai, ¿de qué carajo estás hablando? No tengo tiempo para recordar—.—Sé que te enojarás conmigo, pero estoy preocupado por ti, Teodoro. No has sido tú mismo desde que perdimos a Theo, y creo que si te das una oportunidad con Sara, podrás volver a ser feliz —continuó, sonando cada vez más distinto al despiadado primo que siempre había conocido.—Realmente estás empezando-—Apreté la mandíbula. —¿Qué quieres decir con que eran nuestros hombres los que nos seguían?——Fue una trampa, Teolo—resopló, perdiendo la paciencia—. Yo lo preparé.—¿Qué cojones, Kai? ¿Una trampa? ¡Sara estaba muerta de miedo! —gruñí, mientras mis pies se movían solos para caminar por el búnker.—Jódete, Kai, no tienes derech

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