LOGINPoco después, unos pasos apresurados resonaron en el pasillo. La puerta se abrió y Galen entró acompañado por Leif. El anciano llevaba una caja pequeña, cubierta de polvo, que depositó sobre la mesa. Tenía una de las esquinas astilladas y el cierre metálico estaba tan oxidado que Leif tuvo que ayudarlo a abrirla.—No hemos encontrado el registro completo —anunció Galen mientras retiraba las manos de la caja—, pero sí algo que estaba guardado junto a él.Kara se levantó de la silla. El movimiento le provocó una punzada en la espalda, pero la ignoró y se acercó a la mesa. Después de tantos documentos incompletos y referencias que no conducían a ninguna parte, necesitaba saber si aquella caja contenía algo más que otra pista imposible de seguir.Galen sacó una hoja doblada y la extendió con cuidado. El papel estaba amarillento, con los bordes desgastados por el tiempo. En el centro había una lista de nombres, fechas y observaciones médicas. Varias líneas estaban tachadas, mientras que ot
Kara salió de la habitación y se dirigió a los aposentos donde Darius descansaba bajo la vigilancia de la sanadora. Lo encontró sentado junto a la ventana, con una manta sobre las piernas. Tenía mejor aspecto que después del intento de transformación, aunque el tono apagado de su piel seguía siendo evidente. Había una copa de agua en la mesita y un cuenco limpio junto a la cama, por si volvía a sufrir una crisis.Darius alzó la cabeza cuando ella entró.—Por tu cara, supongo que Galen encontró otra página incompleta —comentó, con una sonrisa cansada.Kara cerró la puerta y se acercó a él.—¿Cómo lo sabes?—Porque, si hubiera encontrado una cura, habrías entrado sonriendo.Ella dejó escapar una risa breve y se sentó a su lado.—No te hagas ilusiones. He venido a contarte que seguimos sin saber qué ocurrió con las mujeres que participaron en aquella investigación.La sonrisa de Darius desapareció.—¿Qué mujeres?Kara le explicó lo que había leído, incluida la referencia a una primera pr
Galen llevaba casi una hora revisando la carpeta cuando Kara entró en la habitación. Había extendido los documentos sobre la mesa y apartado los que no parecían relacionados con la maldición. A su lado descansaban dos libros antiguos, ambos con las cubiertas dañadas y varias páginas sueltas.—¿Has encontrado algo más sobre Isolde? —preguntó Kara mientras se acercaba a la mesa.Galen levantó la cabeza. Tenía los ojos enrojecidos por el cansancio.—Todavía no lo suficiente. El documento que la menciona pertenece a una investigación realizada varias generaciones después de su muerte. El sanador que la escribió intentaba averiguar por qué algunos afectados empeoraban incluso después de perder la capacidad de transformarse.—¿Y qué descubrió? —Kara se inclinó sobre los documentos para echarles un vistazo.—No lo sé. La siguiente página está arrancada.Kara apretó los labios y se enderezó.—Cada vez que encontramos algo importante, falta la mitad de la información.Galen no intentó defender
Ya entrada la tarde, Galen regresó con otra carpeta y una expresión que no auguraba buenas noticias. Kara se levantó de la silla antes de que él llegara a la cama.—¿Has encontrado algo? —preguntó, acercándose a recibirlo.—Un registro que podría estar relacionado con la anotación —respondió Galen, dejando la carpeta sobre la mesa.Darius abrió los ojos y se incorporó ligeramente.—Habla.Galen sacó una hoja con varios párrafos escritos en una letra diferente a la de los documentos anteriores. La extendió sobre la mesa y señaló las primeras líneas.—No he encontrado un caso que confirme que alguien sobreviviera a la pérdida de la transformación. Pero tampoco he encontrado registros completos de todos los afectados. Hay varios expedientes que terminan antes de que se describa el desenlace.Kara frunció el ceño.—¿Los destruyeron?—No lo sé —contestó Galen, negando con la cabeza—. Algunos podrían haberse perdido con el tiempo. Otros parecen haber sido retirados deliberadamente.Darius a
La sanadora consiguió que Darius bebiera una infusión y se recostara. Le advirtió que debía avisarle si volvía a sentir dolor en el pecho o ganas de vomitar. Después salió para preparar un remedio que ayudara a aliviar las náuseas.Kara se quedó junto a la cama. Darius tenía los ojos cerrados, pero ella sabía que seguía despierto. Su respiración no era lo bastante regular para alguien que hubiera conseguido descansar.—¿Te duele? —preguntó Kara, inclinándose un poco hacia él.—Estoy cansado —respondió Darius sin abrir los ojos.—No te he preguntado eso.Él abrió los ojos y giró la cabeza hacia ella. Tras una breve pausa, asintió.—Sí. Me duele.Kara se sentó en el borde de la cama. No intentó tocarlo hasta que Darius extendió una mano y buscó la suya. Cuando sus dedos se entrelazaron, ella se los apretó con suavidad.—Cuando era joven, vi morir a lobos que habían perdido la capacidad de transformarse —dijo él, mirando sus manos unidas—. Algunos eran ancianos. Otros habían sufrido heri
Galen llegó pocos minutos después de que el mensajero fuera a buscarlo. Traía las mangas remangadas y varias hojas manchadas de polvo. Al entrar, miró primero a Darius, que seguía sentado en la cama, y después a Kara.—Me han dicho que encontraron algo en el archivo —dijo, extendiendo la mano hacia el mensajero.—Una caja que no aparecía en el inventario —respondió el joven mientras le entregaba los documentos—. Estaba sellada detrás de unos estantes viejos. No hemos revisado todo su contenido.Galen examinó las primeras páginas sin sentarse. Al reconocer la escritura de uno de los márgenes, frunció el ceño y acercó la hoja a sus ojos.—¿Qué ocurre? —preguntó Kara, aproximándose a la mesa.El anciano pasó el pulgar por una línea casi borrada.—Estos documentos son más antiguos que los registros que hemos estado utilizando. Algunos podrían pertenecer a quienes estudiaron la maldición durante sus primeros años.Darius se inclinó hacia delante, aunque el movimiento le arrancó una mueca d







