Rechazada por mi Alfa Multimillonario, Reclamada por la Mafi

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last updateปรับปรุงล่าสุด : 2026-09-22
โดย:  Chacha tren อัปเดตเมื่อครู่นี้
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Mia siempre ha sabido su lugar: una Omega huérfana, sirvienta en la Manada de la Luna, ignorada por todos. Hasta que su loba, Pearl, despierta y le revela una verdad devastadora: el Alfa Joe es su compañero predestinado. Lo descubre el día de la boda de Joe con la hija del Beta. Desesperada, irrumpe en el banquete y anuncia la verdad ante toda la manada. Por un instante, todo parece perfecto: «Ella es nuestra Luna». Entonces Joe la rechaza públicamente. La llama Omega sin valor, huérfana sin nombre, solo su sirvienta. Nunca será su Luna. El rechazo destroza el corazón de Mia y silencia a Pearl por completo. Rota, abandona la manada sin saber que lleva la sangre de un linaje antiguo y perdido, y un poder latente que se creía desaparecido hace siglos. La Diosa de la Luna le otorga un segundo compañero: Lorenzo Castillo, el temido jefe de la Mafia Licántropa. Su bestia, que nunca había aceptado a nadie, la reconoce al instante. Pero la loba de Mia permanece en silencio. Mientras enemigos la cazan para impedir que descubra la verdad sobre su origen y su poder, Mia se convierte en la mayor debilidad de Lorenzo. Ya es demasiado tarde. Mia carga con los herederos de Lorenzo. Cuando Pearl finalmente despierte, todo cambiará. Joe querrá recuperarla al saber quién es realmente… pero ella ya no es la Omega indefensa que rechazó. Es la Luna de Lorenzo, madre de sus herederos y la mujer capaz de cambiar su mundo.

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บทที่ 1

La loba que eligió el día equivocado

Capítulo 1

La loba que eligió el día equivocado

POV de Mia

—¡Quítate de mi camino, Omega inútil!

Inmediatamente bajé la cabeza mientras la bandeja en mis manos temblaba.

—Lo siento.

—¿Lo sientes? —la ama de llaves que estaba frente a mí se burló—. ¿Sabes cuántas veces te he dicho que debes pulir la plata antes de que lleguen todos los invitados?

—Sí las pulí, señora —respondí.

—Entonces, ¿por qué todavía veo huellas dactilares?

Tragué saliva con fuerza mientras miraba la bandeja de plata. Apenas había una marca. Pero discutir solo empeoraría las cosas.

—La limpiaré de nuevo —murmuré.

—Más te vale —escupió, arrebatándome la bandeja—. Y no nos avergüences hoy. La ceremonia de compromiso del Alfa Joe es esta noche y vendrán personas importantes de todos los rincones de la manada.

—Sí, señora —respondí, bajando la mirada. Ella se alejó sin decir otra palabra, pero esperé hasta que desapareció a la vuelta del pasillo antes de soltar el aire que había estado conteniendo.

Miré mis manos: ya estaban enrojecidas por horas de limpieza. Hoy se suponía que era un día feliz para toda la Manada de la Luna… excepto para mí.

El Alfa Joe se comprometía, y yo lo sabía desde hacía meses. Todos lo sabían. Él era el lobo más rico y poderoso de la Manada de la Luna y por fin se casaría con la mujer a la que amaba desde la infancia: Silvia, la hija del Beta.

Los había visto juntos innumerables veces. Había observado la forma en que Joe miraba a Silvia, cómo su sonrisa se suavizaba cada vez que ella entraba en una habitación, y cómo todos ya la llamaban la futura Luna. Pero nunca me había permitido soñar con algo diferente.

Porque sabía cuál era mi lugar: una Omega, una sirvienta. Había aprendido hacía mucho tiempo que las chicas como yo no debían soñar con Alfas. Y mucho menos con el Alfa Joe.

Suspiré y seguí limpiando. Pero apenas había dado otro paso cuando un dolor extraño me atravesó el pecho de golpe. Me quedé congelada.

—¿Qué…?

El trapo se me resbaló de los dedos. Llevé la mano al pecho; el corazón me latía fuerte, rápido. Boom. Boom. Boom. Me tambaleé hacia atrás y me agarré al borde de la mesa.

—¿Qué me está pasando? —susurré.

La habitación se volvió insoportablemente caliente de repente. Mi respiración se volvió irregular y entonces algo se movió dentro de mí. Mis ojos se abrieron de par en par. Lo sentí: una presencia.

Algo que siempre había estado ausente, que había permanecido en silencio dentro de mí durante veintidós años. Una voz susurró de pronto en mi mente.

—Mia.

Jadeé, mirando a mi alrededor en la habitación vacía.

—¿Quién está ahí?

No hubo respuesta. Entonces la voz volvió.

—Mia.

Sonaba como una chica, joven, pero poderosa. Se me cortó la respiración.

—¿Es…? —mi voz se quebró—. ¿Mi loba?

Durante años había esperado a que mi loba despertara. Había visto a otros lobos jóvenes transformarse y descubrir a sus compañeras, había esperado en cada cumpleaños, en cada luna llena y en cada noche preguntándome si algo estaba mal en mí. La gente finalmente había dejado de preguntar. Algunos me habían llamado defectuosa y otros simplemente aceptaban que yo seguiría siendo una Omega ordinaria. Pero ahora…

Justo entonces un suave gruñido resonó dentro de mí.

—Estoy aquí.

De inmediato se me llenaron los ojos de lágrimas.

—¿De verdad estás aquí?

—Sí —respondió la voz.

Reí a través de las lágrimas. Después de veintidós años sintiéndome sola, por fin tenía a alguien dentro de mí.

—¿Cómo te llamas? —pregunté.

—Pearl —respondió mi loba.

—Pearl —repetí el nombre en voz baja y sonreí—. Es hermoso.

—Mia —la voz de Pearl cambió de pronto. Sentí urgencia en ella—. Tenemos que irnos.

—¿Irnos? —fruncí el ceño.

—Sí —respondió Pearl.

—¿A dónde? —pregunté, confundida.

—Al salón de banquetes —dijo ella.

Miré hacia la puerta.

—¿El salón de banquetes?

—Sí. Nuestro compañero está allí.

—¿Nuestro… qué? —dije, con los ojos abiertos de par en par.

—Nuestro compañero —repitió Pearl.

Mi corazón dio un salto.

—Pearl, ¿de qué estás hablando?

—El Alfa Joe —respondió.

Dejé de respirar al instante y negué con la cabeza.

—Sí —susurró Pearl.

—No, Pearl —negué.

—Él es nuestro compañero destinado.

Seguí negando rápidamente.

—Eso no puede ser verdad.

—Sí lo es —murmuró ella.

—¡Pero se compromete esta noche!

—Entonces debemos detener el compromiso —insistió Pearl.

Me quedé mirando la puerta cerrada, con las manos temblando.

—No puedo hacer eso.

—Debes —insistió Pearl.

—¡No puedo entrar en el salón de banquetes y anunciar que el Alfa Joe es mi compañero! —exclamé.

—¿Por qué?

—Porque soy una Omega —dije, casi elevando la voz.

—No importa. Eres su compañera.

Negué con la cabeza.

—Eso no es suficiente —mi voz se quebró—. Me rechazará.

Pearl guardó silencio un momento y luego habló con firmeza.

—Ve a él.

Cerré los ojos. El miedo se retorcía dentro de mí porque sabía lo que pasaría si me equivocaba. Todos se reirían, el Alfa podría castigarme y podría perder el único lugar que había conocido nunca.

Pero si Pearl decía la verdad… ¿y si realmente era la compañera de Joe?

Tomé una respiración temblorosa.

—Está bien.

Abrí la puerta y la voz de Pearl me impulsó de inmediato.

—Date prisa.

Asentí y corrí, atravesando los pasillos, ignorando las miradas confusas de los demás sirvientes.

La música del salón de banquetes se hacía más fuerte con cada paso. El corazón me latía con fuerza contra las costillas. Finalmente llegué a la entrada y me detuve. Mis ojos recorrieron el salón lleno de gente: cientos de miembros de la manada reunidos para la ceremonia de compromiso. Al frente estaba el Alfa Joe, exactamente como el hombre que todos admiraban. Alto, poderoso, atractivo. Y a su lado, Silvia, envuelta en un elegante y deslumbrante vestido, sonriendo.

Pero en el momento en que me vio de pie en la entrada, su sonrisa se desvaneció. Todo mi cuerpo tembló de miedo y de pronto quise correr de vuelta.

—Ve ahora —escuché la voz firme de Pearl.

Di un paso tras otro. Varias personas me miraron y los susurros comenzaron a extenderse por el salón.

—¿No es esa Mia?

—¿Qué hace una sirvienta Omega aquí?

—Se supone que debería estar trabajando.

Los ignoré. Mis ojos solo estaban fijos en Joe. De pronto él se giró. Nuestras miradas se encontraron. Inmediatamente algo cambió en su expresión. Frunció el ceño mientras me miraba como si me viera por primera vez. Me detuve. Su pecho se elevó bruscamente y sus ojos se oscurecieron.

Entonces un profundo gruñido escapó de él y todo el salón cayó en silencio.

—Compañera —dijo su lobo, Kart, a través de él.

Los jadeos llenaron la sala de inmediato. Mis ojos se abrieron de par en par mientras Pearl se lanzaba hacia adelante.

—¡Compañero!

Joe me miró, con expresión de incredulidad. Luego su lobo habló de nuevo.

—Somos compañeros.

Los murmullos comenzaron.

—¿Qué?

—¿La compañera del Alfa Joe?

—¿No es esa Mia? ¿La sirvienta Omega?

Joe dio un paso hacia mí. Sus fosas nasales se dilataron, como si intentara comprender el aroma que venía de mí. Sus ojos no se apartaban de los míos.

—No sabía que eras tú todo este tiempo —dijo su lobo de nuevo.

Se me llenaron los ojos de lágrimas y una sonrisa se dibujó lentamente en mis labios. La mirada de Joe se suavizó por un breve instante mientras su lobo añadía:

—Hueles bien.

Algunos susurros de sorpresa recorrieron la multitud. El corazón me revoloteaba mientras lo miraba.

—Compañero…

Pearl sonaba casi triunfante dentro de mí.

—Te lo dije.

—Ella es nuestra Luna —gruñó de nuevo el lobo de Joe.

El salón estalló. Algunos jadearon, otros susurraban entre ellos. Mis manos temblaban. Luna. La palabra sonaba imposible.

Porque había pasado toda mi vida siendo tratada como si no fuera nada… y ahora el lobo del Alfa me acababa de llamar Luna. Pero no todos estaban contentos. Silvia permanecía congelada a su lado, con el color drenado del rostro. Me miró a mí, luego a Joe, apretando con fuerza la tela de su vestido. Siempre había creído que esta noche le pertenecía. Que ella se convertiría en Luna. Pero ahora el lobo del Alfa me había elegido a mí.

—Joe… —llamó Silvia, con los ojos llenos de pánico.

Pero Joe no respondió. Su mirada seguía fija en mí. Los murmullos crecían.

—¿Significa esto que el compromiso se cancela?

—¿Elegirá el Alfa Joe a su compañera?

—Solo es una Omega.

—Pero es su compañera destinada.

—La Diosa de la Luna la eligió.

Justo entonces Silvia se acercó más a él.

—Joe, di algo.

Por fin apartó la mirada de mí. Su rostro cambió. La suavidad en sus ojos desapareció y su mandíbula se tensó.

—¿Joe? —llamé, mientras mi sonrisa se desvanecía lentamente.

Me miró durante varios segundos y luego su expresión se endureció.

—No.

El corazón se me hundió.

—¿Qué?

—Dije que no —repitió, con la voz fría.

El salón quedó completamente en silencio. Lo miré.

—Pero… tu lobo dijo…

—Lo oí —me interrumpió con dureza.

—Entonces, ¿por qué? —pregunté.

—Porque eres una Omega sin familia, sin estatus, sin posición —dijo, mirándome de arriba abajo sin ninguna calidez en los ojos.

Mis labios se entreabrieron mientras los murmullos recorrían la multitud. El pecho se me apretó.

—Joe…

—Además eres mi sirvienta —continuó—. Nunca serás nada más que eso. No te haré mi Luna.

La respiración de Silvia se estabilizó ligeramente y la esperanza volvió a sus ojos. Yo miraba a Joe con incredulidad.

—Pero somos compañeros.

—Lo sé —respondió, con la mandíbula apretada.

—Entonces no puedes romper el… —mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Puedo. Y lo digo para que todos lo oigan —declaró, mirándome directamente—. Yo, Alfa Joe Howard de la Manada de la Luna, te rechazo, Mia Malkova, y rechazo el lazo con el que la Diosa de la Luna nos ha unido como compañeros.

Las palabras me golpearon como un golpe físico. Me tambaleé.

—No, por favor, detente… me estás haciendo daño. ¿Cómo voy a sobrevivir a esto?

—Nunca serás mi Luna —dijo con voz plana y firme.

—Por favor… —negué con la cabeza mientras la multitud permanecía en silencio.

Joe tomó aire y asestó el golpe final.

—Te rechazo, Mia.

Las rodillas se me debilitaron. Busqué a tientas la silla más cercana antes de caerme. Las lágrimas me borronaban todo a mi alrededor. El corazón me dolía como si me lo hubieran desgarrado con un cuchillo quirúrgico.

Podía oír a la gente susurrando, ver el alivio en el rostro de Silvia, pero ya no entendía lo que estaba ocurriendo. Desesperada, busqué a Pearl.

—Pearl…

Ninguna respuesta. El corazón me latía con fuerza.

—¿Pearl?

Solo recibí silencio. Mis ojos se abrieron de par en par.

—¿Pearl?

Nada. La loba que había aparecido solo momentos antes de pronto se había quedado en silencio. Presioné una mano temblorosa contra mi pecho.

—Por favor… Pearl.

Todavía ninguna respuesta. Y mientras estaba sola en medio del saló

n, rodeada de cientos de lobos que me observaban, de pronto escuché una voz detrás de mí.

—Mia…

Me giré. Y la persona que estaba allí me heló la sangre.

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