LOGINLa mansión Varela permanecía casi en silencio.El único sonido que rompía la tranquilidad de la sala era el de la televisión. Valeria estaba sentada en el sofá, abrazando uno de los cojines mientras miraba la pantalla.Sin embargo, su mirada parecía perdida.No estaba prestando atención a los dibujos animados que se reproducían frente a ella. Su mente estaba en otra parte, pensando en Alma, preguntándose cuándo volvería a casa y si su papá conseguiría encontrarla.Desde que Alma había desaparecido, la pequeña había comenzado a contar los días de una manera muy particular. Cada mañana esperaba recibir alguna noticia, y cada noche se dormía abrazada a una almohada que Alma solía colocar junto a su cama.La extrañaba demasiado.Y, aunque intentaba ser valiente, había momentos en que la tristeza terminaba ganándole.Fue entonces cuando Sofía apareció en la entrada de la sala.Se detuvo al ver a la niña sentada en el sofá. Durante unos segundos, permaneció inmóvil, sin saber cómo acercarse
Matilde levantó la mirada.A lo lejos se distinguían las instalaciones del aeropuerto y, junto a la pista, el jet privado que los llevaría hasta su destino.—Muy bien. Mi nieto debe estar esperándome.—Sí, señora.Héctor llevaba varios minutos esperando en el aeropuerto.Caminaba de un lado a otro, consultando su teléfono a cada instante.Su impaciencia aumentaba con el paso del tiempo. No soportaba la idea de perder otra oportunidad mientras Alma continuaba lejos de él.Cuando finalmente distinguió el automóvil de su abuela, se detuvo.El vehículo se estacionó frente a la entrada y Matilde descendió con la carpeta bajo el brazo.Héctor se acercó inmediatamente.—Abuela, pensé que no llegarías.Matilde le dirigió una mirada comprensiva.—Tuve que asegurarme de que Valeria se quedara bien atendida.La expresión de Héctor se suavizó al escuchar el nombre de su hija.—¿Preguntó por Alma?Matilde asintió.—Quería acompañarme. Le prometí que haríamos todo lo posible para traerla de vuelta.
Ella comprendió que discutir en aquel momento no la ayudaría. Necesitaba mantener la calma, observar sus movimientos y encontrar una oportunidad para escapar.Con desgana, le entregó los documentos.Víctor los tomó y los dejó sobre el escritorio.—Quiero que empieces a acostumbrarte a tu nueva identidad —declaró—. A partir de ahora eres Susana Alcázar. Nadie debe llamarte Alma, y tú tampoco debes hacerlo.Alma sintió que el corazón le latía con fuerza.—¿Y si me niego?Víctor la miró fijamente.—Entonces tendrás que aprender que tus decisiones tienen consecuencias.Ella no respondió.No quería demostrarle cuánto miedo le provocaba aquella amenaza.Víctor regresó al sillón y recogió sus documentos, dando por terminada la conversación.—Ve a descansar. Mañana hablaremos de cómo será tu nueva vida.Alma permaneció inmóvil durante unos segundos antes de darse la vuelta.Caminó hacia la habitación y cerró la puerta tras de sí.Solo entonces permitió que las lágrimas rodaran por sus mejilla
Mientras Matilde se preparaba para salir en busca del hombre que posiblemente podía revelar el paradero de Víctor, Alma permanecía encerrada en el departamento, intentando encontrar una solución a su desesperada situación.Cada minuto que pasaba se convencía más de que debía escapar antes de que Víctor descubriera su posible embarazo. Sin embargo, había un problema que hasta entonces no había considerado con suficiente atención.No tenía sus pertenencias.No llevaba su bolso, su teléfono ni ningún documento que pudiera identificarla. Víctor se había encargado de dejarla sin nada que le permitiera demostrar quién era o comunicarse con su familia.Aquello significaba que, incluso si conseguía salir del departamento, tendría que enfrentarse a otro obstáculo: demostrar su identidad sin documentos.Alma se levantó de la cama y se miró brevemente en el espejo.—No voy a quedarme aquí para siempre —murmuró.Después abrió la puerta y salió de la habitación.Víctor estaba sentado en la sala, r
Alma permaneció en silencio durante unos segundos, intentando controlar sus emociones.No podía permitir que Víctor sospechara lo que estaba pasando por su mente. Si realmente estaba embarazada, tendría que ocultárselo el mayor tiempo posible.No sabía cuánto tiempo llevaba encerrada en aquel departamento ni cuánto más tendría que soportar aquella situación, pero estaba segura de una cosa: Víctor no podía enterarse de su posible embarazo.Al menos, no todavía.Levantó la mirada hacia él y procuró mantener el rostro sereno.—No es nada. Creo que fue algo que comí.Víctor la observó con desconfianza.—¿Estás segura?—Sí.Alma sostuvo su mirada, procurando que su voz no revelara el miedo que sentía.Víctor entrecerró los ojos, poco convencido de su explicación. Sin embargo, después de unos segundos, decidió no insistir.—Está bien. Descansa un rato. Si sigues sintiéndote mal, llamaré a un médico para que te revise.—No hace falta.—Eso lo decidiré yo.Alma apretó los labios, pero no resp
—Estoy intentando localizarlo. Pero hay movimientos extraños en sus registros. Necesito verificar algunas cosas antes de darte información que podría ser incorrecta.Rafael apretó la mandíbula.—No tenemos tiempo para esperar eternamente.—Lo sé. Pero si queremos encontrar a Alma, debemos hacerlo bien.Rafael cerró los ojos durante unos segundos.—Está bien. Avísame en cuanto tengas algo.Terminó la llamada y se quedó contemplando la ciudad desde su ventana.Alma seguía desaparecida.Y él no podía quitarse de la cabeza la posibilidad de que Víctor la estuviera reteniendo en algún lugar, lejos de todos aquellos que intentaban encontrarla.—Resiste, Alma —susurró—. Te vamos a encontrar.En el departamento de Víctor, Alma continuaba llevando a cabo su propio plan.Desde aquella conversación en la que había fingido aceptar que Héctor ya no la amaba, su comportamiento había cambiado.Ya no discutía con Víctor por cada palabra.Tampoco reaccionaba con la misma intensidad cuando él mencionab







