LOGINEl taxista echó un vistazo a la pantalla y asintió.—De acuerdo. El tráfico está bastante tranquilo, así que no deberíamos tardar demasiado.Rafael se acomodó en el asiento trasero y miró por la ventana mientras el taxi se alejaba del aeropuerto.Su mente estaba concentrada en una sola cosa: Alma.Recordaba perfectamente la última conversación que había tenido con Sofía, la preocupación de Matilde y la desesperación de Héctor al descubrir que su esposa había desaparecido.No podía quedarse de brazos cruzados.Aunque sabía que Héctor jamás le perdonaría haberle quitado a Sofía y ahora él volvía por el gran amor de su vida Alma, en ese momento sus sentimientos personales no importaban. Lo único importante era encontrarla con vida.—Aguanta un poco más, Alma —murmuró, cerrando los ojos por un instante—. Voy a encontrarte.Lo que Rafael desconocía era que no era el único que se dirigía hacia aquella dirección.Dentro del automóvil negro, Matilde recibió una llamada.Miró la pantalla y rec
El ama de llaves respiró profundamente antes de añadir:—Si yo estuviera en su lugar, me preguntaría primero qué necesita Valeria, en vez de pensar únicamente en lo que yo quiero. Y si de verdad le importa su bienestar, debería considerar si su presencia aquí está ayudándola o haciéndola sufrir más.Sofía levantó lentamente la mirada.—¿Me está diciendo que me marche?—Le estoy diciendo que piense en la niña, señora. Esta también es la casa de Valeria, y ella necesita sentirse segura.El silencio se extendió entre ambas.Sofía no encontró palabras para defenderse.Por primera vez, comenzó a comprender que no bastaba con regresar y afirmar que amaba a su hija.Tenía que aceptar que Valeria había construido una vida sin ella.Y que el lugar que alguna vez pudo haber ocupado ya estaba lleno de recuerdos, cariño y confianza.Alma no había llegado a aquella familia para reemplazar a nadie. Se había quedado, había cuidado de la pequeña y la había amado sin exigirle nada a cambio.Sofía se l
La mansión Varela permanecía casi en silencio.El único sonido que rompía la tranquilidad de la sala era el de la televisión. Valeria estaba sentada en el sofá, abrazando uno de los cojines mientras miraba la pantalla.Sin embargo, su mirada parecía perdida.No estaba prestando atención a los dibujos animados que se reproducían frente a ella. Su mente estaba en otra parte, pensando en Alma, preguntándose cuándo volvería a casa y si su papá conseguiría encontrarla.Desde que Alma había desaparecido, la pequeña había comenzado a contar los días de una manera muy particular. Cada mañana esperaba recibir alguna noticia, y cada noche se dormía abrazada a una almohada que Alma solía colocar junto a su cama.La extrañaba demasiado.Y, aunque intentaba ser valiente, había momentos en que la tristeza terminaba ganándole.Fue entonces cuando Sofía apareció en la entrada de la sala.Se detuvo al ver a la niña sentada en el sofá. Durante unos segundos, permaneció inmóvil, sin saber cómo acercarse
Matilde levantó la mirada.A lo lejos se distinguían las instalaciones del aeropuerto y, junto a la pista, el jet privado que los llevaría hasta su destino.—Muy bien. Mi nieto debe estar esperándome.—Sí, señora.Héctor llevaba varios minutos esperando en el aeropuerto.Caminaba de un lado a otro, consultando su teléfono a cada instante.Su impaciencia aumentaba con el paso del tiempo. No soportaba la idea de perder otra oportunidad mientras Alma continuaba lejos de él.Cuando finalmente distinguió el automóvil de su abuela, se detuvo.El vehículo se estacionó frente a la entrada y Matilde descendió con la carpeta bajo el brazo.Héctor se acercó inmediatamente.—Abuela, pensé que no llegarías.Matilde le dirigió una mirada comprensiva.—Tuve que asegurarme de que Valeria se quedara bien atendida.La expresión de Héctor se suavizó al escuchar el nombre de su hija.—¿Preguntó por Alma?Matilde asintió.—Quería acompañarme. Le prometí que haríamos todo lo posible para traerla de vuelta.
Ella comprendió que discutir en aquel momento no la ayudaría. Necesitaba mantener la calma, observar sus movimientos y encontrar una oportunidad para escapar.Con desgana, le entregó los documentos.Víctor los tomó y los dejó sobre el escritorio.—Quiero que empieces a acostumbrarte a tu nueva identidad —declaró—. A partir de ahora eres Susana Alcázar. Nadie debe llamarte Alma, y tú tampoco debes hacerlo.Alma sintió que el corazón le latía con fuerza.—¿Y si me niego?Víctor la miró fijamente.—Entonces tendrás que aprender que tus decisiones tienen consecuencias.Ella no respondió.No quería demostrarle cuánto miedo le provocaba aquella amenaza.Víctor regresó al sillón y recogió sus documentos, dando por terminada la conversación.—Ve a descansar. Mañana hablaremos de cómo será tu nueva vida.Alma permaneció inmóvil durante unos segundos antes de darse la vuelta.Caminó hacia la habitación y cerró la puerta tras de sí.Solo entonces permitió que las lágrimas rodaran por sus mejilla
Mientras Matilde se preparaba para salir en busca del hombre que posiblemente podía revelar el paradero de Víctor, Alma permanecía encerrada en el departamento, intentando encontrar una solución a su desesperada situación.Cada minuto que pasaba se convencía más de que debía escapar antes de que Víctor descubriera su posible embarazo. Sin embargo, había un problema que hasta entonces no había considerado con suficiente atención.No tenía sus pertenencias.No llevaba su bolso, su teléfono ni ningún documento que pudiera identificarla. Víctor se había encargado de dejarla sin nada que le permitiera demostrar quién era o comunicarse con su familia.Aquello significaba que, incluso si conseguía salir del departamento, tendría que enfrentarse a otro obstáculo: demostrar su identidad sin documentos.Alma se levantó de la cama y se miró brevemente en el espejo.—No voy a quedarme aquí para siempre —murmuró.Después abrió la puerta y salió de la habitación.Víctor estaba sentado en la sala, r







