FAZER LOGINEl primer miércoles de noviembre, Leo me llama a las ocho de la noche.Los niños esta semana con Diego. Leo no suele llamar entre semanas cuando está con su padre. Cuando llama, es porque hay algo específico.—Leo. ¿Pasa algo?—No. Tengo el nombre.Estoy en el salón. La estantería enfrente. El helecho. Los sobres. El cuaderno marrón.—¿El nombre del rascacielos?—Sí.—¿Cuándo lo supiste?—Hace tres días. Pero quería estar seguro antes de decirlo.—¿Y ahora estás seguro?—Sí. —Una pausa. —¿Puedo decirlo?—Sí, Leo.Una pausa más corta.—Nuestro.El salón.La estantería.El cuaderno marrón con la primera página donde Leo dibujó cuatro figuras debajo de un árbol hace más de un año y escribió una sola palabra al pie.Nuestro.—Leo.—Sí.—¿Por qué ese nombre?—Porque es la primera palabra que escribí en el cuaderno marrón. Cuando dibujé a los cuatro debajo del árbol al principio de todo. Cuando todavía no sabía si íbamos a ser los cuatro de verdad.—Y ahora sí lo sabes.—Ahora sí.Lo proces
El jueves de la última semana de octubre, Sofía termina la carta.Son las siete de la tarde. Los niños esta semana conmigo hasta el viernes. Sofía lleva cuatro semanas con el cuaderno rosa en la mochila, escribiendo en los momentos que tiene entre deberes y taller de música y las capitales de Oceanía que finalmente terminó el martes de esta semana. Nuku'alofa fue la última. Sofía dijo: fonéticamente es la que más trabaja de todo el ejercicio.La carta está en el cuaderno rosa, que Sofía no usa como cuaderno normal sino como el cuaderno específico de la carta de Mateo. Cuatro páginas del cuaderno rosa, con la letra de Sofía que tiene el mismo carácter que su dueña: directa, sin adornos innecesarios, con la información en el orden que Sofía considera correcto.—Mamá.—Sí.—La carta está terminada.—¿La leo?—Sí.Me da el cuaderno abierto en las cuatro páginas.La carta de Sofía para Mateo:Querido Mateo:Me llamo Sofía Walker y soy tu hermana. Leo también es tu hermano pero Leo ya te es
El dieciséis de octubre, Diego me manda un mensaje a las nueve de la mañana.Diego: La carta llegó. Elena me escribió anoche. Le leyó la carta a Mateo esta mañana.Lo leo dos veces.El dieciséis de octubre. Diecisiete días hábiles desde el último sábado de septiembre.Llegó.Camila: ¿Cómo respondió Mateo?Diego: Elena dice que escuchó con atención toda la carta. Que cuando Elena terminó de leerla le preguntó quién era Leo. Elena le dijo que era su hermano. Mateo dijo: ¿el que tiene los cuadernos?Proceso esto.La primera identificación que Mateo hizo de Leo fue por los cuadernos.Porque Leo escribió sobre los cuadernos en la carta.Y eso es lo que Mateo retuvo.Tengo tres años y una carta de un hermano que no conozco. La carta tiene tres párrafos: quién soy, los cuadernos, Buenos Aires. Y lo que Mateo guarda de esos tres párrafos es los cuadernos.No el nombre. No la edad. No que es su hermano.Los cuadernos.Eso también es información sobre Mateo.No sobre sus cuadernos porque Mateo
El tercer edificio de la calle Embajadores tiene doscientos años más de historia que los dos anteriores.No como fecha de construcción. Como historia de usos: fue taller de imprenta hasta 1940, sede de un sindicato de tipógrafos en los años cincuenta, almacén durante tres décadas, aparcamiento ilegal durante otros diez años, y finalmente clausurado en 2018 por una inspección que encontró la estructura comprometida en el segundo nivel. La documentación que Julián y el aparejador reunieron a lo largo de cuatro meses de investigación de archivo llena dos carpetas. La laguna del cuarenta al sesenta, el mismo período que afectó al segundo edificio, tiene aquí más profundidad: hay una reforma de los años cuarenta que modificó la estructura original de una manera que no quedó bien documentada y que el aparejador tuvo que deducir por comparación con los edificios vecinos del mismo período.Todo eso complica y enriquece el proyecto a la vez.Los edificios difíciles enseñan más.Eso lo sé desde
El último viernes de septiembre, mandamos la carta de Leo.Diego me avisa el miércoles.Diego: El sábado por la mañana, si te viene bien.Camila: A las once en la oficina de correos de Lavapiés.Diego: De acuerdo. ¿Leo sabe que es el sábado?Camila: Leo lleva dos semanas esperando que se lo dijera.Diego: Bien.El sábado a las once, los cuatro en la oficina de correos de Lavapiés.Sofía lleva su cuaderno rosa, que Leo le dio la semana pasada con la misma atención con que preparó el blanco para Mateo. Todavía no lo abrió. Lo lleva porque dijo que quería estar cuando la carta de Leo saliera hacia Buenos Aires.En la ventanilla:—Carta certificada a Buenos Aires, Argentina —dice Leo al empleado.El empleado coge el sobre. El sobre grande. El papel de calidad de Diego. La letra de Leo en el anverso: Mateo Walker.—¿Nombre del remitente?Leo no tarda.—Leo Walker.El empleado anota. Pesa el sobre. Da el recibo.—Plazo estimado: quince días hábiles.—Gracias —dice Leo.Salimos.En la calle
El miércoles de la segunda semana de septiembre, Leo me pide que lea la carta.Son las ocho de la tarde. Los niños esta semana conmigo. Sofía está en el salón con el mapa de capitales de Oceanía, que es el continente que le queda por completar antes de tener los cinco. Leo está en el sofá con el cuaderno marrón cerrado sobre las rodillas.—Mamá.—Sí.—La carta de Mateo.—¿Quieres que la lea?—Sí.Saca del cuaderno una hoja doblada en tres. El papel grueso de Diego, el mismo del sobre de la carta de los veintinueve renglones. La hoja doblada con la atención de quien sabe que el papel importa tanto como lo que está escrito en él.Me la da.La cojo con las dos manos, que es la manera en que uno coge algo que pesa más que el papel que tiene.Leo me observa mientras la abro. No con ansiedad. Con la atención contenida de alguien que entregó algo y ahora espera que el otro lo reciba en el tiempo que necesite para recibirlo.Sofía levanta los ojos del mapa un segundo.—¿Es la carta? —dice.—S







