INICIAR SESIÓNEl trayecto de regreso transcurrió en silencio.Permanecí junto a la ventanilla, mirando las luces de la ciudad sin prestarles demasiada atención. Todavía tenía a Asdrúbal Ferrer metido en la cabeza, y no sabía cómo sacármelo de allí.Cerraba los ojos y volvía a sentir sus labios sobre los míos, sus manos recorriendo mi cuerpo, la manera en que me había atraído hacia él. Había bastado que entrara en aquel baño para que todas las precauciones que había intentado mantener durante la velada se vinieran abajo.Y lo peor era que no se trataba de un desconocido al que acababa de besar por primera vez.Ya había estado con él aquella noche en el bar. Recordaba las confidencias que habíamos compartido, la facilidad con la que nos habíamos acercado y la intimidad que surgió entre nosotros sin que ninguno pareciera dispuesto a detenerla. Después de aquello, me había convencido de que lo mejor era dejarlo como un recuerdo, algo que no tenía por qué volver a repetirse.Pero había vuelto a suceder.
Regresé a la mesa con el corazón todavía acelerado y una sensación extraña que me recorría de pies a cabeza. Mientras caminaba entre los invitados, intenté acomodarme el vestido y pasar discretamente los dedos por mi cabello, esperando que mi aspecto no delatara lo que acababa de ocurrir en el baño.¿Cómo iba a sentarme frente a Diego después de haber besado a otro hombre de aquella manera?Nunca antes había estado con alguien que no fuera él. Y ahora, después de lo que había compartido con Asdrúbal, la sola idea de regresar junto a mi prometido me resultaba incómoda. No porque me arrepintiera de aquel beso, sino porque, al verlo, tendría que fingir que nada había sucedido.¿Se daría cuenta de algo? ¿Notaría algún cambio en mí? ¿Podría descubrir, con solo mirarme, que otro hombre acababa de besarme y acariciarme de una forma que todavía me hacía estremecer al recordarla?Respiré hondo antes de acercarme a la mesa.Diego estaba de pie cuando llegué. En cuanto me vio, frunció el ceño y
Clara sintió que su cuerpo se tensaba al sentir como con el suyo, Asdrúbal la acorralaba contra el mesón de mármol.—Tú estabas besando a otra mujer delante de todos. —replicó ella intentando ponerle un límite a lo que estaba sucediendo. —Y tú estabas con Diego.—¡Es mi prometido!—Lo sé, Clara. Créeme, no he podido olvidarlo ni un solo segundo. —dijo en un tono más grave. Había frustración en sus palabras, pero también algo que ella reconocía demasiado bien, aquella necesidad de acercarse que ambos habían intentado contener desde que se encontraron en el salón.—Entonces deberías regresar con ella —susurró Clara.—¿Quieres que lo haga? —cuestionó él.Asdrúbal levantó una mano y le rozó la mejilla con los nudillos. El contacto fue tan suave que contrastó con la intensidad de su mirada.—Dime que no sientes nada cuando me tienes cerca —murmuró—. Dímelo y me marcharé.Clara quiso hacerlo. Tenía la respuesta preparada, las palabras a punto de salir de sus labios. Pero él estaba allí, t
Al otro extremo del salón, Asdrúbal observaba la escena con una expresión cada vez más seria.Al principio, cuando Andrea se había levantado para salir al jardín, no le había dado demasiada importancia. Conocía su carácter y sabía que, en ocasiones, necesitaba apartarse del ruido de las reuniones para fumar o simplemente tomar aire. Además, había estado demasiado pendiente de Clara. No había reparado en el momento exacto en que Andrea abandonó el salón.Tampoco se había preguntado dónde estaba Diego.Hasta ahora.Su rival acababa de regresar a la mesa casi al mismo tiempo que Andrea, y aquella coincidencia comenzó a incomodarlo.Asdrúbal miró primero a Diego, que conversaba con Clara como si nada hubiera sucedido, y después a Andrea, que parecía particularmente entretenida con algo que él acababa de decirle. Frunció el ceño.Diego y Andrea habían compartido una historia que Asdrúbal conocía demasiado bien, aunque prefería no pensar en ella. Una historia que había terminado con una e
—¿Y qué tal le va a Ferrer con los negocios? —preguntó Diego intentando cambiar el tema de conversación Andrea tardó un instante en contestar.—Bien.—¿Solo bien?—Es un hombre que sabe lo que quiere.—Eso ya lo sé.Ella lo miró con cierta cautela.—¿Por qué te interesa tanto?—Por nada. Es simple curiosidad.—Sigues siendo un pésimo mentiroso. Te conozco perfectamente y sé que quisieras verlo arruinado. Diego sonrió, apagó el cigarrillo, lo lanzó al cesto de basura y se acomodó los puños de la camisa.—Me alegró verte —dijo finalmente—. Había olvidado lo fácil que resulta hablar contigo.—A mí también me alegra verte. Aunque debo admitir que no esperaba encontrarte comprometido.—La vida da muchas vueltas.—¿La amas?La pregunta lo tomó desprevenido.Diego levantó la mirada y encontró a Andrea observándolo sin rastro de burla. Por primera vez desde que habían salido al jardín, ella parecía verdaderamente interesada en escuchar una respuesta.—Estoy haciendo las cosas bien con Clara
Asdrúbal observó cómo Clara llevaba la copa a sus labios y bebía con demasiada rapidez.Frunció el ceño.La conocía lo suficiente para sospechar que estaba intentando ahogar alguna emoción. Recordaba perfectamente aquella noche, su manera de beber cuando estaba alterada y la impulsividad que podía apoderarse de ella cuando dejaba de controlar sus sentimientos.Y ahora estaba allí, sentada junto a Diego, bebiendo como si quisiera olvidarse de todo.Aquello no le gustaba.No tenía ningún derecho a reclamarle nada. Sin embargo, verla junto a su prometido le provocaba una incomodidad que no podía disimular.La deseaba. Desde aquella noche, había intentado convencerse de que lo ocurrido entre ambos no debía tener mayor importancia. Pero bastaba con verla para que los recuerdos regresaran con una intensidad que lo irritaba.Había experimentado algo diferente con ella, algo que no había conseguido apartar de su mente.Y pensar que Clara podía terminar la noche en los brazos de Diego le resu







