เข้าสู่ระบบColgué la llamada, abrí el cajón y saqué una carpeta que llevaba tiempo preparada. Se la tendí a mi asistente.—Envía todo esto a la policía y a la autoridad reguladora del mercado de valores. Además, activa el plan B. Moviliza toda la liquidez de las filiales que compramos antes y lánzasela encima sin piedad. Si quiere jugar con el capital, yo le voy a enseñar lo que es el capital de verdad.Los tres días siguientes fueron una guerra sin disparos, pero no por eso menos feroz.Los fondos extranjeros de los que Jorge se sentía tan orgulloso quedaron congelados de inmediato después de mi denuncia.Todo el dinero que había apostado a la desesperada en la bolsa quedó atrapado por la presión de liquidez que le impuse, y al final lo perdió todo.Y no solo eso. Como estaba involucrado en manipulación bursátil y lavado de dinero, la policía abrió una investigación formal en su contra.Una semana después, Jorge fue arrestado.Pero no terminó en prisión. Lo enviaron a un hospital psiquiátrico po
Por fin, los invitados al pie del escenario salieron del estupor. El salón, que hasta hacía un segundo estaba en silencio, explotó de golpe.Los murmullos se convirtieron en risas abiertas y comentarios cada vez más crueles.—Dios mío, ¿así que Jorge vivía a costa de su esposa? Firmó algo así y aun así se atrevió a serle infiel. De verdad estaba buscando su propia ruina.—Juana sí que fue despiadada. Le cerró todas las salidas de un solo golpe.—Se lo merece. Se paseaba con la amante delante de la esposa como si nada, y ahora mira… salió sin un centavo y encima cargando una deuda monstruosa.—Ahora sí se va a poner bueno esto. ¿Cómo piensa pagar una suma así?Sonreí mientras lo miraba, con una compasión cruel brillándome en los ojos.—Amor, yo solo recuperé lo que siempre fue mío. La diferencia es que esta vez lo perdiste todo.La última línea de defensa mental de Jorge se hizo añicos.—¡Estás loca, definitivamente estás loca! ¡Una mujer como tú, tan oscura por dentro, capaz de tenderl
—¿Qué dijiste?La mano con la que Jorge sujetaba el teléfono le tembló con violencia, y el celular estuvo a punto de escapársele.—¿Te volviste loco? ¡Yo soy el presidente! ¿Cómo te atreves a traicionarme?—Señor Cortes. A partir de este momento, respondo ante la presidenta Justo.Apenas terminó de hablar, el asistente colgó sin darle oportunidad de decir ni una palabra más.En el salón, sumido en un silencio absoluto, el tono seco de la llamada cortada sonó como una serie de bofetadas directas a la cara.Jorge se quedó completamente inmóvil. Luego empezó a llamar frenéticamente al banco y al director financiero.—¡Revisen mis cuentas! ¿Por qué están congeladas?—¿Y el capital de trabajo de la empresa? ¿Qué significa que lo transfirieron? ¿A nombre de quién quedó?Pero del otro lado de la línea solo le respondían voces mecánicas y frías, o frases que lo hundían todavía más en la desesperación, como "La cuenta presenta irregularidades" o "Saldo en cero".El celular se le escapó de la ma
Al ver que esa jugada no le estaba funcionando conmigo, Leticia puso los ojos en blanco y, de pronto, alzó la voz:—¡Que todos juzguen, entonces! Juana siempre anda haciéndose la generosa, siempre dice que apoya nuestra boda, pero ¿y al final qué? Hace unos días fue hasta la boutique de novias solo para arruinarme el vestido. ¡Este vestido lo mandó a hacer Jorge especialmente para mí!Señaló el dobladillo, donde todavía se notaba la costura del arreglo, y se echó a llorar, haciéndose la víctima:—Siempre se daba aires de buena y comprensiva, pero a espaldas de todos es así de cruel. ¡Y ahora viene a arruinarlo todo con unos estados de cuenta falsos! ¡Es una hipócrita! ¡Está loca!En cuanto los invitados oyeron eso, los murmullos estallaron de nuevo.—¿Rompió el vestido? Qué vulgar.—¿Entonces toda esa supuesta generosidad era pura actuación?—Parece que Juana sí que está medio desequilibrada…Al ver las miradas de sospecha a mi alrededor, hasta me dio risa.—¿Loca? ¿Hipócrita?Tomé el
El salón entero quedó sumido en un silencio sepulcral.Jorge se quedó mirando la pantalla durante cinco largos segundos. Luego dejó escapar una risa. La sonrisa que se le dibujó era rígida, cargada de condescendencia y de esa falsa paciencia que siempre usaba cuando quería fingir que lo tenía todo bajo control.—Juana, ya deja de hacer escenas.Extendió la mano, intentando tomar la mía. En su voz había un ligero reproche, pero sonaba más como si estuviera tratando de calmar a una niña caprichosa.—Sé que sigues celosa. Quieres llamar mi atención con esto y, de paso, hacerle saber al mundo entero que la verdadera esposa eres tú. Este truco es demasiado obvio. Apaga la pantalla. Hoy es un día importante para Leticia; no la vayas a asustar.Incluso se volvió hacia los invitados y les explicó:—Disculpen, de verdad. Mi esposa solo me está haciendo una broma. Ella siempre ha sido así de traviesa, no se lo tomen en serio.Al verlo tan empeñado en seguir engañándose a sí mismo, no pude evitar
La boda se celebró en el Hotel Emporio, el lugar más lujoso de toda la ciudad.Aunque de puertas afuera se decía que todo era una farsa para cumplir el último deseo del abuelo de Leticia, el despliegue fue tan ostentoso que incluso superó la boda que Jorge y yo habíamos celebrado años atrás.Había ido prácticamente todo el mundo que conocíamos. Unos por curiosidad. Otros, por puro morbo. En cualquier caso, no quedaba un solo asiento vacío.Yo llevaba un vestido negro. Más que ir a una boda, parecía que hubiera ido a un funeral.A mi alrededor no había más que miradas burlonas y murmullos.—Mira a Juana, sí que se atrevió a venir.—¿No les parece demasiado humillante? Su esposo se va a casar con otra y ella sigue ahí, sentada como si nada.—Escuché que todo esto es por el abuelo de esa mujer, que se supone que todo esto es pura actuación.—¿Actuación? ¿Tú te crees eso? Mira ese anillo, mira todo este despliegue. Esta boda es más ostentosa que la que él tuvo con ella.—Shh… baja la voz…
Pasó otra semana entera y Jorge casi no volvió a casa. Las pocas veces que regresó, yo ya estaba dormida.Cuando coincidíamos, yo me mostraba dócil y obediente, pendiente de él, preguntándole si había comido, si estaba cansado o si necesitaba algo. Ni una sola vez mencioné a Leticia.Durante esa últ
—Te creo.Miré a Jorge y le hablé con total calma.Al oírme, me observó con atención, estudiando cada gesto de mi rostro.Cuando vio que de verdad no había ni rastro de enojo en mi cara, por fin aflojó el ceño.Sonrió, me rodeó con un brazo y dijo:—Me alegra que lo entiendas. Leticia siempre ha sid







