LOGINPara evitar que la acusaran de favoritismo, mi madre me obligó a participar en la jornada escolar de donación colectiva de sangre, a pesar de que padecía anemia severa. Después de que me extrajeran apenas cien mililitros, la vista comenzó a nublárseme. Extendí la mano hacia la aguja para detener el procedimiento, pero la joven enfermera me sujetó por la muñeca y me inmovilizó. —¿Solo llevas cien mililitros y ya quieres rendirte? Todos los demás estudiantes donaron cuatrocientos. —Miró mi rostro pálido con los ojos llenos de desprecio—. Donar sangre es un acto de honor. ¡Las personas egoístas como tú, que fingen estar enfermas para librarse, merecen que les extraigan el doble como castigo! A pocos metros de allí, mi madre me observaba con frialdad, con la decepción reflejada en el rostro. —Briana Hayes, ¿así es como te eduqué? Todos los demás donaron. No creas que porque eres mi hija eres especial. ¡Hoy completarás los cuatrocientos mililitros, aunque te cueste la vida! Jadeé en busca de aire mientras el corazón golpeaba mi pecho con tanta fuerza que sentí que estaba a punto de estallar. Cuando llenaron la tercera bolsa, mi visión ya se había vuelto completamente borrosa e, inevitablemente, me deslomé sobre el suelo. Mi alma comenzó a elevarse poco a poco mientras contemplaba a mi madre con culpa. Lo siento, mamá. De verdad no estaba mintiendo. Esta vez... en verdad ya no pude resistir más.
View MoreDespués de decir eso, se dio la vuelta y salió de la habitación sin mirar atrás.Sharon permaneció paralizada durante un par de segundos antes de rodar repentinamente fuera de la cama y, llorando de forma histérica, se arrastró por el suelo detrás de él.—¡Me equivoqué! ¡De verdad reconozco mi error! ¡Por favor, por favor, déjame ir!Se desplomó en el suelo, sollozando con tanta fuerza que apenas podía respirar.Mientras tanto, mamá salió del hospital sumida en un profundo aturdimiento. Caminaba tambaleándose, como si hubiera perdido el alma, y ni siquiera ella podría haber explicado cómo consiguió regresar a la universidad.Entonces algo pareció romperse dentro de ella y, como una demente, irrumpió en el edificio académico y abrió de golpe la puerta de la sala de transmisiones.Los dos estudiantes que estaban de turno se sobresaltaron.—¿Señora Cole? ¿Qué ocurre? —preguntó uno de ellos. Sin embargo, ella los ignoró por completo y, después de empujarlos fuera de la sala, cerró la puer
Los tres se pusieron de pie al mismo tiempo, en el mismo instante en el que la puerta de la habitación del hospital se abrió de golpe.Sharon estaba acurrucada en la cama, con la manta hasta la barbilla,. En cuanto vio entrar a los dos policías y a mamá, se llevó las manos a la cabeza y puso una expresión de dolor.—Me duele muchísimo la cabeza. No recuerdo nada. ¡Váyanse todos!—¿Cuánta sangre le sacaste a Briana? —inquirió mi madre, arrancándole la manta. —No sé nada —respondió Sharon, negando frenéticamente con la cabeza, con los ojos cerrados—. Dejen de preguntarme.—Señorita Jones, necesitamos que coopere con la investigación —intervino uno de los policías.—¡No recuerdo nada! ¡Dejen de presionarme! ¡De verdad me duele mucho la cabeza! —repuso Sharon con la voz quebrada por el llanto. Papá se acercó a la cama con lentitud. Entonces, ante la mirada atónita de Sharon, tomó el florero de la mesita de noche y lo estrelló contra el suelo.El florero se hizo añicos al instante y los a
Ignorando por completo la cinta policial, se agachó para pasar por debajo de ella y finalmente vio el estado en el que me encontraba.El enorme charco de sangre bajo mi cuerpo se había vuelto de un rojo oscuro, y mis brazos estaban cubiertos de innumerables marcas de agujas y de moretones.Mi rostro estaba pálido y mi cuerpo… completamente helado a pesar del calor.Definitivamente, en mi cuerpo no quedaba ni el más mínimo rastro de vida.Mamá se quedó paralizada por un instante, antes de agarrarme del brazo e intentar levantarme.—Briana, deja de hacer tonterías. La policía ya está aquí. ¡Levántate!Sin embargo, por más que tiraba de mí, mi cuerpo inerte no hacía más que desplomarse una y otra vez.—Briana, ¿me oíste? —Su voz se volvió más aguda y autoritaria. El mismo tono que siempre usaba para dar órdenes—. ¡Te he dicho que te levantes!—Señora, por favor, cálmese —repuso alguien tras ella, extendiendo una mano en un intento de detenerla—. Aún se desconoce la causa de la muerte y de
La oficina quedó sumida en el silencio por un instante, hasta que Sharon rompió el silencio, hablando en voz baja:—Señora Cole, no les crea. Briana seguramente ha contratado a estas personas para montar este espectáculo. Solo intenta obligarla a ceder.Al oírla, mamá pareció recuperar la compostura y soltó una risa fría.—Briana, te has vuelto muy astuta, ¿verdad? ¿Contrataste a este par de personas para que se hicieran pasar por policías solo para engañarme?—Señora Cole, esta vez Briana fue demasiado lejos —se apresuró a intervenir Sharon—. Si esto llega a saberse, imagínese lo mal que quedará. —Hizo una pausa y mirando a los dos oficiales junto a la puerta, añadió—: Aunque debo admitir que parecen bastante convincentes. Me pregunto cuánto les habrá pagado. La expresión de mamá se ensombreció aún más y, con el ceño fruncido, observó a los oficiales de arriba abajo y preguntó con tono gélido:—¿Dónde se está escondiendo Briana? ¿Los envió para engañarme? ¿Acaso no saben que hacerse






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