—Te creo.Miré a Jorge y le hablé con total calma.Al oírme, me observó con atención, estudiando cada gesto de mi rostro.Cuando vio que de verdad no había ni rastro de enojo en mi cara, por fin aflojó el ceño.Sonrió, me rodeó con un brazo y dijo:—Me alegra que lo entiendas. Leticia siempre ha sido muy caprichosa y, con su abuelo gravemente enfermo, a mí tampoco me quedaba otra.Me recosté obediente contra su pecho, aunque por dentro no hacía otra cosa que burlarme de él.En mi vida pasada, justamente por no entender esa supuesta falta de opciones, le armé un escándalo.Y, para cobrármelas por lo de Leticia, se ensañó con la empresa de mis padres hasta llevarla al borde del colapso. Mis padres acabaron arrojándose de un edificio.Él me encerró a la fuerza en un hospital psiquiátrico. Ahí me obligaron a tomar medicamentos, me sometieron a electrochoques y dejaron que me golpearan.A veces, Leticia iba a verme.Se acurrucaba en los brazos de Jorge y se reía de mí, diciendo que parecía
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