Share

Capítulo 3

Author: Adriana Carlos Castorena
Pasó otra semana entera y Jorge casi no volvió a casa. Las pocas veces que regresó, yo ya estaba dormida.

Cuando coincidíamos, yo me mostraba dócil y obediente, pendiente de él, preguntándole si había comido, si estaba cansado o si necesitaba algo. Ni una sola vez mencioné a Leticia.

Durante esa última semana, Leticia no paró de publicar. En todas aparecía Jorge a su lado.

Yo les di "me gusta" a todas y además les dejé mis buenos deseos debajo de cada publicación.

Nuestros amigos se quedaron atónitos. Uno tras otro, le mandaron mensajes por privado a Jorge para decirle que la Juana de antes, la que tenía un carácter fuerte y no toleraba ni la más mínima traición, había desaparecido.

Incluso lo felicitaban, diciendo que por fin había sabido educar a su esposa.

Jorge leía todos esos halagos, pero en el fondo se sentía extrañamente incómodo.

Pensó que yo estaba demasiado obediente, tan obediente que ya no parecía yo.

Pero luego lo pensó mejor. Quizá ese era el poder del amor.

Creía que yo lo amaba tanto que estaba dispuesta a soportarlo todo por él, a entender sus dificultades y a ceder por su bien.

Y con esa idea en mente, volvió a quedarse tranquilo.

***

Una mañana, para mi sorpresa, Jorge me despertó.

—Levántate y arréglate. Leticia quiere pedirte un favor.

Yo arqueé una ceja, pero no dije nada.

Me levanté, me cambié de ropa y salí con él.

En cuanto llegamos, vi de inmediato a Leticia vestida de novia.

Ese vestido me resultaba demasiado familiar. Era el vestido de novia que Jorge le había encargado a un diseñador extranjero para nuestra boda, tres años atrás. Era único en el mundo.

Y ahora, ese vestido único estaba sobre el cuerpo de otra mujer.

Cuando Leticia me vio, miró a Jorge con timidez y luego caminó hasta ponerse frente a mí.

—Jorge ya me contó todo. Me dijo que eres una persona muy comprensiva y que aceptas toda esta farsa. No te preocupes. Te prometo que todo esto no es más que una puesta en escena; entre nosotros no va a pasar nada más.

Mientras hablaba, volvió a mirar a Jorge. En sus ojos había una tristeza apenas contenida.

—Él sigue teniéndote en el corazón.

Al oír eso, Jorge apretó los puños. Su expresión se tensó, como si estuviera reprimiendo algo.

Yo me quedé sin palabras, y justo cuando iba a hablar, Leticia volvió a intervenir:

—Como este vestido era el de tu boda, pensé que debía preguntarte antes. Así que, ¿me permites usarlo?

Lo que realmente quería decir era demasiado evidente. No solo pedía el vestido, también quería ocupar el lugar de la esposa.

Yo todavía no había contestado cuando Jorge, con toda naturalidad, tomó la palabra por mí:

—Claro que no te molesta. Al fin y al cabo, ese vestido lleva años guardado, llenándose de polvo, y tú ya no lo vas a usar. Si se lo prestas a Leticia para cumplir el último deseo de su abuelo, también estarás haciendo una buena obra. Hasta deberías alegrarte, ¿no?

Giró la cabeza hacia mí; en sus ojos había una seguridad absoluta.

Yo solté una risa sin humor y me acerqué para acomodarle un poco la falda a Leticia.

Mi mano rozó su cintura, y de inmediato noté lo tensa que estaba.

—Claro que no me molesta. Me enteré de que la boda será la próxima semana. Voy a llegar puntual y, de paso, les llevaré un gran regalo. Después de todo, no todos los días una tiene la oportunidad de ver cómo su esposo se casa con otra mujer. Un espectáculo así no me lo pierdo.

Leticia se quedó paralizada un segundo. Era evidente que no esperaba que yo reaccionara con tanta calma.

Yo seguí hablando:

—Eso sí, ¿no sientes que el corsé te queda un poco apretado? Parece que últimamente has estado comiendo bastante bien.

Bajé la mirada a propósito hacia su vientre.

El rostro de Leticia se endureció de golpe. Instintivamente se cubrió el abdomen, y sus ojos se llenaron de pánico.

Mi mano bajó con toda naturalidad. Entonces mis dedos atraparon una esquina del dobladillo. Ahí estaba bordado mi nombre: "Juana".

Si el corazón de quien me había regalado ese vestido ya no estaba conmigo, entonces ese vestido tampoco tenía sentido.

Tiré con fuerza. De un tirón, arranqué el encaje carísimo donde estaba bordado mi nombre.

Leticia lanzó un grito y retrocedió dos pasos, cubriéndose el pecho, con los ojos llenos de lágrimas.

—¡Ah! ¡Mi vestido! ¿Qué estás haciendo? Aunque no estés de acuerdo, no hacía falta romperlo delante de todos para humillarme así.

Jorge también estalló de furia. Se abalanzó hacia nosotras, me empujó de un manotazo y la protegió entre sus brazos.

—¿Te volviste loca o qué? ¿Ni siquiera a una mujer puedes dejarla en paz? Ese vestido ya lo usaste; tenerlo guardado es un desperdicio. ¿Qué tiene de malo prestárselo a Leticia? ¿Cómo puedes ser tan cruel?

Frunció el ceño, visiblemente irritado.

—Como castigo, el proyecto que tu familia estaba negociando con nosotros queda suspendido. Y por un tiempo no voy a volver a casa. Quédate sola y ponte a pensar bien en lo que hiciste.

Después de decir eso, la rodeó por los hombros y se marchó con ella sin mirar atrás.

Yo apreté entre los dedos aquel trozo de tela arrancado, sin prestarle la menor atención a su amenaza.

Pues que no coopere, entonces. De todos modos, ya no iba a poner ni un peso en ese proyecto.

Saqué el celular e hice unas cuantas gestiones.

Luego transferí todos los activos que quedaban a su nombre.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina   Capítulo 9

    Colgué la llamada, abrí el cajón y saqué una carpeta que llevaba tiempo preparada. Se la tendí a mi asistente.—Envía todo esto a la policía y a la autoridad reguladora del mercado de valores. Además, activa el plan B. Moviliza toda la liquidez de las filiales que compramos antes y lánzasela encima sin piedad. Si quiere jugar con el capital, yo le voy a enseñar lo que es el capital de verdad.Los tres días siguientes fueron una guerra sin disparos, pero no por eso menos feroz.Los fondos extranjeros de los que Jorge se sentía tan orgulloso quedaron congelados de inmediato después de mi denuncia.Todo el dinero que había apostado a la desesperada en la bolsa quedó atrapado por la presión de liquidez que le impuse, y al final lo perdió todo.Y no solo eso. Como estaba involucrado en manipulación bursátil y lavado de dinero, la policía abrió una investigación formal en su contra.Una semana después, Jorge fue arrestado.Pero no terminó en prisión. Lo enviaron a un hospital psiquiátrico po

  • Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina   Capítulo 8

    Por fin, los invitados al pie del escenario salieron del estupor. El salón, que hasta hacía un segundo estaba en silencio, explotó de golpe.Los murmullos se convirtieron en risas abiertas y comentarios cada vez más crueles.—Dios mío, ¿así que Jorge vivía a costa de su esposa? Firmó algo así y aun así se atrevió a serle infiel. De verdad estaba buscando su propia ruina.—Juana sí que fue despiadada. Le cerró todas las salidas de un solo golpe.—Se lo merece. Se paseaba con la amante delante de la esposa como si nada, y ahora mira… salió sin un centavo y encima cargando una deuda monstruosa.—Ahora sí se va a poner bueno esto. ¿Cómo piensa pagar una suma así?Sonreí mientras lo miraba, con una compasión cruel brillándome en los ojos.—Amor, yo solo recuperé lo que siempre fue mío. La diferencia es que esta vez lo perdiste todo.La última línea de defensa mental de Jorge se hizo añicos.—¡Estás loca, definitivamente estás loca! ¡Una mujer como tú, tan oscura por dentro, capaz de tenderl

  • Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina   Capítulo 7

    —¿Qué dijiste?La mano con la que Jorge sujetaba el teléfono le tembló con violencia, y el celular estuvo a punto de escapársele.—¿Te volviste loco? ¡Yo soy el presidente! ¿Cómo te atreves a traicionarme?—Señor Cortes. A partir de este momento, respondo ante la presidenta Justo.Apenas terminó de hablar, el asistente colgó sin darle oportunidad de decir ni una palabra más.En el salón, sumido en un silencio absoluto, el tono seco de la llamada cortada sonó como una serie de bofetadas directas a la cara.Jorge se quedó completamente inmóvil. Luego empezó a llamar frenéticamente al banco y al director financiero.—¡Revisen mis cuentas! ¿Por qué están congeladas?—¿Y el capital de trabajo de la empresa? ¿Qué significa que lo transfirieron? ¿A nombre de quién quedó?Pero del otro lado de la línea solo le respondían voces mecánicas y frías, o frases que lo hundían todavía más en la desesperación, como "La cuenta presenta irregularidades" o "Saldo en cero".El celular se le escapó de la ma

  • Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina   Capítulo 6

    Al ver que esa jugada no le estaba funcionando conmigo, Leticia puso los ojos en blanco y, de pronto, alzó la voz:—¡Que todos juzguen, entonces! Juana siempre anda haciéndose la generosa, siempre dice que apoya nuestra boda, pero ¿y al final qué? Hace unos días fue hasta la boutique de novias solo para arruinarme el vestido. ¡Este vestido lo mandó a hacer Jorge especialmente para mí!Señaló el dobladillo, donde todavía se notaba la costura del arreglo, y se echó a llorar, haciéndose la víctima:—Siempre se daba aires de buena y comprensiva, pero a espaldas de todos es así de cruel. ¡Y ahora viene a arruinarlo todo con unos estados de cuenta falsos! ¡Es una hipócrita! ¡Está loca!En cuanto los invitados oyeron eso, los murmullos estallaron de nuevo.—¿Rompió el vestido? Qué vulgar.—¿Entonces toda esa supuesta generosidad era pura actuación?—Parece que Juana sí que está medio desequilibrada…Al ver las miradas de sospecha a mi alrededor, hasta me dio risa.—¿Loca? ¿Hipócrita?Tomé el

  • Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina   Capítulo 5

    El salón entero quedó sumido en un silencio sepulcral.Jorge se quedó mirando la pantalla durante cinco largos segundos. Luego dejó escapar una risa. La sonrisa que se le dibujó era rígida, cargada de condescendencia y de esa falsa paciencia que siempre usaba cuando quería fingir que lo tenía todo bajo control.—Juana, ya deja de hacer escenas.Extendió la mano, intentando tomar la mía. En su voz había un ligero reproche, pero sonaba más como si estuviera tratando de calmar a una niña caprichosa.—Sé que sigues celosa. Quieres llamar mi atención con esto y, de paso, hacerle saber al mundo entero que la verdadera esposa eres tú. Este truco es demasiado obvio. Apaga la pantalla. Hoy es un día importante para Leticia; no la vayas a asustar.Incluso se volvió hacia los invitados y les explicó:—Disculpen, de verdad. Mi esposa solo me está haciendo una broma. Ella siempre ha sido así de traviesa, no se lo tomen en serio.Al verlo tan empeñado en seguir engañándose a sí mismo, no pude evitar

  • Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina   Capítulo 4

    La boda se celebró en el Hotel Emporio, el lugar más lujoso de toda la ciudad.Aunque de puertas afuera se decía que todo era una farsa para cumplir el último deseo del abuelo de Leticia, el despliegue fue tan ostentoso que incluso superó la boda que Jorge y yo habíamos celebrado años atrás.Había ido prácticamente todo el mundo que conocíamos. Unos por curiosidad. Otros, por puro morbo. En cualquier caso, no quedaba un solo asiento vacío.Yo llevaba un vestido negro. Más que ir a una boda, parecía que hubiera ido a un funeral.A mi alrededor no había más que miradas burlonas y murmullos.—Mira a Juana, sí que se atrevió a venir.—¿No les parece demasiado humillante? Su esposo se va a casar con otra y ella sigue ahí, sentada como si nada.—Escuché que todo esto es por el abuelo de esa mujer, que se supone que todo esto es pura actuación.—¿Actuación? ¿Tú te crees eso? Mira ese anillo, mira todo este despliegue. Esta boda es más ostentosa que la que él tuvo con ella.—Shh… baja la voz…

  • Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina   Capítulo 2

    A las siete de la noche, Jorge me llevó al restaurante.La verdad, el lugar era inmejorable. Al otro lado de los ventanales, la ciudad brillaba bajo el cielo nocturno.Con toda la cortesía del mundo, me retiró la silla para que me sentara y sonrió:—Come primero. Más tarde tengo una gran sorpresa pa

  • Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina   Capítulo 1

    —Te creo.Miré a Jorge y le hablé con total calma.Al oírme, me observó con atención, estudiando cada gesto de mi rostro.Cuando vio que de verdad no había ni rastro de enojo en mi cara, por fin aflojó el ceño.Sonrió, me rodeó con un brazo y dijo:—Me alegra que lo entiendas. Leticia siempre ha sid

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status