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Capìtulo 11

Penulis: Gembul
last update Tanggal publikasi: 2026-09-22 21:28:30

—¿Qué cosa es esa? —Los ojos de Javier se clavaron en los objetos de niño que yacían bajo la mesa.

Valerie lo empujó por instinto, alejándolo del umbral, y cerró de golpe la puerta de madera, dejándola bien cerrada por dentro.

—¿Qué escondes? —Javier contemplaba fijamente el rostro de la mujer que tanto extrañaba.

Valerie se pegó a la puerta y cruzó los brazos sobre el pecho.

—¿Se te ocurre entrar sin que te hayan invitado? —lo soltó con una mirada de desprecio.

Que aquel hombre apareciera de l
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  • Me Hiciste La Segunda, Ahora Suplicarás   Capìtulo 14

    —Qué alegría volver a verte, señorita Delgado —dijo Javier, poniéndose de pie en cuanto vio entrar a Valerie en la sala de reuniones.Santiago le puso una mano en el hombro por detrás y le susurró con tono de advertencia:—Compórtate, Javier. No hagas ninguna tontería que nos avergüence delante de todos.Javier aclaró la garganta y adoptó de inmediato una expresión profesional. Le tendió la mano.—¿Cómo estás?Valerie miró con frialdad la mano extendida. Decidió ignorarla y se limitó a asentir con formalidad.A su lado iba Anna, la compañera que había sustituido a Bella. Sus ojos se iluminaron en cuanto vio a Javier.—Pensé que no existía nadie más guapo que el señor Marcos —le susurró con entusiasmo a Valerie, antes de estrechar la mano de Javier—. Soy Anna, compañera de trabajo de Valerie.—¡Dios mío! —se le escapó decir sin poder contenerse cuando los dedos de la mano de Javier rozaron los suyos.Valerie apartó una silla y se sentó, haciendo caso omiso a aquel pequeño alboroto. Se

  • Me Hiciste La Segunda, Ahora Suplicarás   Capìtulo 13

    —No solo con nuestra empresa de logística; Javier Mendoza también desea colaborar con Luxe Atelier —dijo Marcos, dejando un grueso documento sobre la mesa.Valerie soltó un largo suspiro. Esto era un asunto de negocios, y no quería mezclar la vida profesional con los traumas del pasado en este mismo lugar.—¿Algo no está bien? —preguntó Marcos al notar el cambio en su expresión—. ¿No estás de acuerdo con esta alianza? Ayer mismo dijiste que pensabas retirarte del proyecto de logística.Bella, que estaba sentada en un extremo del sofá, intervino de inmediato con tono de reproche:—¿Valerie quiere retirarse? Me parece que tú y el señor Mendoza se llevaban muy bien. Ayer hasta le diste tu dirección.Valerie miró de reojo a Marcos, que dejó de hacer lo que estaba haciendo. El hombre que le había salvado la vida seis años atrás entrelazó los dedos y la miró fijamente, esperando una explicación.—No deberías haber dado mi dirección a cualquiera, Bella —dijo Valerie con frialdad, sosteniéndo

  • Me Hiciste La Segunda, Ahora Suplicarás   Capìtulo 12

    "Te ves como un cadáver ambulante."Santiago cerró la puerta del baño del hotel con un golpe seco y resonante. El vapor que aún quedaba se disipaba en el aire, arrastrando un olor intenso a jabón que llenaba la habitación.Javier no se movió de donde estaba. Su mirada permanecía vacía, clavada en la alfombra gris bajo sus pies. Tenía el rostro pálido, congelado en una derrota total.“Parece que las cosas con Valerie no salieron nada bien, amigo.” soltó Santiago, pasándose la toalla por el cabello mojado."¿Y qué esperabas?" Javier se dejó caer en el sofá. Echó la cabeza hacia atrás. Levantó un brazo para cubrirse los ojos de la luz demasiado intensa de la lámpara colgante."Apenas es el primer día." Santiago se acercó y se desplomó en el sillón de al lado. "Es lógico que se haya sorprendido.""Sí.""Vas a rendirte."Javier bajó el brazo de golpe. Su cuerpo se enderezó. Clavó la mirada directo en Santiago."Durante años recé por la oportunidad de volver a verla. Ahora que por fin está

  • Me Hiciste La Segunda, Ahora Suplicarás   Capìtulo 11

    —¿Qué cosa es esa? —Los ojos de Javier se clavaron en los objetos de niño que yacían bajo la mesa.Valerie lo empujó por instinto, alejándolo del umbral, y cerró de golpe la puerta de madera, dejándola bien cerrada por dentro.—¿Qué escondes? —Javier contemplaba fijamente el rostro de la mujer que tanto extrañaba.Valerie se pegó a la puerta y cruzó los brazos sobre el pecho.—¿Se te ocurre entrar sin que te hayan invitado? —lo soltó con una mirada de desprecio.Que aquel hombre apareciera de la nada, sin mostrar ni un ápice de culpa, no hacía más que avivar el fuego de su ira. Años llevaba Valerie luchando por sanar la herida que él le había dejado. Incluso cuando descubrió que estaba embarazada, la rabia la consumió; sintió que el destino la castigaba con exceso.Desde afuera, Javier soltó un suspiro profundo.—Solo quería asegurarme de que eras tú —respondió él, con la voz que de pronto se le ablandó y aquella mirada melancólica que en otro tiempo lograba nublar el juicio de Valeri

  • Me Hiciste La Segunda, Ahora Suplicarás   Capìtulo 10

    —Quiero renunciar a este proyecto —dijo Valerie al entrar en el despacho de Marcos.—¡Maldición! —Marcos dio un respingo, sorprendido, al verla entrar de golpe sin llamar a la puerta. Solo Valerie se atrevía a hacer locuras así ante él—. Llévense a ese hombre —ordenó a su subordinado, que arrastraba un cuerpo semiconsciente sobre la alfombra.Valerie miró con tristeza al pobre hombre. Tenía el rostro irreconocible tras una paliza desmedida. La sien le estaba abierta y la sangre fresca manchaba el suelo de mármol.—¿Hasta cuándo vas a oprimir a los débiles? —lo reprochó, indignada por la costumbre de Marcos de usar la fuerza en lugar de la razón.—Hasta que aceptes casarte conmigo —respondió él con calma, limpiándose las manchas de sangre de los dedos con un pañuelo negro.Valerie soltó un suspiro pesado. Siempre la misma respuesta absurda cada vez que le hacía una advertencia.—Dime, ¿por qué quieres retirarte? ¿Te han tratado mal los clientes? Si alguien se atreve a molestarte, le di

  • Me Hiciste La Segunda, Ahora Suplicarás   Capìtulo 9

    Se escuchó el ruido de algo caer.Javier se giró y vio a un hombre adulto desplomado en el suelo; a su lado, un niño pequeño reía satisfecho.El niño se puso de pie. —Su cartera, tío.Javier la tomó, mirando fijamente el rostro del pequeño, de unos cuatro o cinco años. Esos ojos le recordaron a alguien… alguien de su pasado a quien no lograba borrar de su mente. Sacudió la cabeza de inmediato, rechazando lo que empezaba a imaginar.—¿Fuiste tú quien lo derribó? —preguntó Javier, entre asombrado y confundido. Era imposible que aquel niño tan adorable pudiera derribar un cuerpo casi tan grande como el suyo.—Sí, tiene que pagar por esto, tío —concluyó el niño, mostrando una canica que había tomado de un estante dedicado a juguetes infantiles.Javier soltó una risita y asintió. —Qué valiente eres —le acarició la cabeza—. ¿Cómo te llamas, campeón?—Mateo.—¿Mateo?—Mateo M. Delgado.—Yo soy Javier —le tendió la mano, y Mateo la estrechó con una sonrisa radiante.—¿Con quién estás, Mateo?

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