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Capìtulo 53

Author: Gembul
last update publish date: 2026-10-07 21:16:28

—¿Perder? Esa palabra no existe en mi diccionario, Marcos.

La frase de Javier detuvo a Marcos, que ya estaba en el umbral de la puerta.

Él se volvió, con una amplia sonrisa.

—Bien —asintió Marcos—. Ya es hora de que descubras lo que significa perder. Descansa.

En cuanto la puerta se cerró, Javier masculló una maldición. Marcos había logrado herirle el orgullo.

Su mente echó a volar en mil direcciones, avivando una inquietud que le abrasaba el pecho. La noche se hacía cada vez más profunda, pero
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    Antonio salió de inmediato de la habitación. Necesitaba revisar su orgullo, que había recibido la patada mortal de Valerie, mientras iba mascullando maldiciones a lo largo de todo el trayecto.Mientras tanto, Javier, que lo había presenciado todo, se debatía con más furia todavía. Atado como estaba, se lanzó contra el hombre que lo vigilaba, y parecía realmente un poseso.—¡Suéltenla! ¡Los voy a matar a todos! —rugió, aunque nadie le respondió.Para suerte de Javier, en aquella habitación solo estaban él y ese hombre. Al parecer, no cualquiera podía entrar allí. Entre Javier y el subordinado de Antonio estalló una pelea feroz, hasta que por fin las ataduras de su cuerpo se soltaron, dejando sangre y heridas bastante graves en sus muñecas. Javier no sintió el escozor en absoluto. Golpeó a aquel hombre hasta dejarlo medio muerto. Antonio era de verdad un estúpido por haber puesto a su hombre de guardia sin ningún arma. El cuerpo del tipo ya estaba hecho un desastre, y Javier lo arrastró

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    —Tu oído todavía funciona bien, por lo visto. —Valerie soltó una risa desafinada. Pero, créanlo, su corazón ya latía desbocado, y las piernas le temblaban, sin fuerzas. Apretó la espalda contra la pared para que su cuerpo no se deslizara hasta el suelo.—¡¿Es que no tienes ni una pizca de miedo?! —siseó Antonio.—Viendo tu insensibilidad, no me extraña que esa mujer no pudiera elegir vivir contigo. Claro que tengo miedo. Solo intento ser fuerte hasta donde me alcancen las fuerzas —confesó Valerie con sinceridad—. Lo siento, Antonio, pero a mis ojos eres realmente patético. ¿No estás ahora mismo ejecutando tu venganza? Lo que me pregunto es por qué te vengas conmigo solo porque no fuiste capaz de proteger a tu mujer.Antonio se estremeció al oír las palabras de Valerie. Por un instante, la habitación quedó en silencio, y la mirada de Antonio vaciló, como una vieja herida presionada justo en su punto más sensible.—Te lo dejo claro: lo que le ocurrió a tu mujer no fue solo culpa del hom

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    —¡Arghh! —Valerie gimió de dolor cuando su cuerpo fue empujado con brutalidad contra la pared.—Empecemos el juego, y culpa al hombre de allá arriba por haberte metido en esta situación. —Antonio y Valerie alzaron la vista al mismo tiempo.Javier y Valerie se miraron, tratando de darse fuerzas el uno al otro. Si la mirada de Javier parecía decir «perdóname, esto es culpa mía», la de Valerie era distinta. Aquellos ojos serenos parecían decir «estoy bien», aunque su propio pecho retumbaba sin control.Antonio esbozó una sonrisa sarcástica cuando su mirada se encontró con la de Javier. Se señaló los ojos con dos dedos y luego apuntó con ellos hacia Javier.—Mira bien —dijo sin emitir sonido, pues aunque hubiera gritado, Javier no lo habría escuchado.Antonio se volvió hacia Valerie y encerró su cuerpo entre ambos brazos. Valerie lo miró con furia; no había el menor rastro de miedo en su rostro, aunque en el fondo de su corazón empezaba a sentir un hondo recelo.Antonio levantó una mano,

  • Me Hiciste La Segunda, Ahora Suplicarás   Capìtulo 100

    Antonio se volvió, y Bella también. Valerie, por su parte, dio gracias en silencio al oír la voz de Javier. Si él estaba bien, entonces su hijo también tenía que estarlo. ¿Qué podía ser más reconfortante que eso?—Vaya, ¿así que sobreviviste? —Antonio lo miró con aire burlón—. Parece que mi bala no logró atravesarte el cuerpo, pero estoy seguro de que sí atravesará la cabeza de tu mujer. —Antonio apoyó la punta de la pistola en la sien de Valerie—. Y créeme, Mendoza, no estoy bromeando.—¡¿Qué quieres, maldito?! —gruñó Javier, conteniendo la rabia.—A ti.—Entonces ya me tienes, suéltala. —Javier se enfureció aún más al ver el estado de Valerie, que parecía sufrir un dolor enorme. Incluso alcanzaba a ver cómo ella se esforzaba por contener el llanto; aquella mujer era realmente fuerte, no quería mostrarse débil en absoluto.—Ah, no, así no funciona esto, amigo. —Antonio soltó una carcajada y negó con la cabeza.—Suelta su cabello. Te juro que te cortaré esa mano inmunda, desgraciado.

  • Me Hiciste La Segunda, Ahora Suplicarás   Capìtulo 99

    Javier logró aferrarse a la ventana del cuarto piso. Era una suerte enorme que él y Marcos hubieran logrado reducir a los hombres de Antonio, porque así nadie lo atacaría mientras colgaba de aquella manera. Y, al parecer, Antonio tampoco había previsto su llegada, a juzgar por los pocos hombres que había dejado apostados allí.Una situación que, sin duda, los favorecía a Javier y a Marcos.Marcos, en efecto, no había bajado en persona; solo vigilaba desde lejos, pues su presencia despertaría la furia de Antonio, y era seguro que este ordenaría intervenir a todos los miembros de su grupo.Javier había entrado solo. Aparte de lidiar con Antonio, la seguridad de su hijo era, por supuesto, su responsabilidad. Todo habría podido salir bien, a juzgar por la reacción de Antonio, que ignoraba que Marcos lo ayudaba desde la distancia, hasta que la aparición de Valerie y de su hija lo echó todo a perder.—Papá, ¿vamos a caer?—No, vamos a estar bien. Seguro.Un instante después, Javier dejó de

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    Antonio soltó una maldición de dolor.—¡Atrapen también a esa maldita mujer y a la niña!El hombre corpulento que antes había guiado a Valerie y a Angel apareció de repente y se acercó a la niña.Valerie no se quedó de brazos cruzados. Lanzó enseguida el madero que sostenía y empujó a Antonio, que intentaba agarrarla.El empujón lo hizo tambalearse hacia atrás.Valerie aprovechó la oportunidad para soltarle una patada justo en la entrepierna.Antonio aulló de dolor.—¡BELLA!Sin hacer caso de los gritos de Antonio, Valerie tomó a Angel y la estrechó contra sí.Pero, antes de que pudiera alejarse, el hombre corpulento las alcanzó, tiró de la niña y volvió a arrebatársela.El llanto de Angel se hizo histérico.Valerie entró en pánico al ver a su hija otra vez en manos de otro. En su interior maldijo a Marcos, que hasta ese momento no había dado señales de vida.En aquella situación desfavorable no podía rendirse.Enseguida mordió con todas sus fuerzas la mano del hombre que sujetaba a A

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