เข้าสู่ระบบDalia sintió su corazón latir con fuerza al ver a Sebastián después de tantos días, y se quedó allí parada, sin saber cómo reaccionar, mientras él también la miraba, muriéndose de ganas de acercarse y abrazarla. Leonardo frunció el ceño y ya iba hacia el joven para reclamarle, pero Júlia le sujetó el brazo. — Creo que debemos entrar ahora. — — ¿Qué? ¿Por qué? — Júlia miró a Dalia, que seguía inmóvil, mirando a Sebastián. Leonardo lo notó, lo que hizo que su expresión se endureciera aún más al ver al joven acercarse. — Buenas noches, señora, señor... señorita. — Los dos jóvenes se miraron, intentando calmar los latidos acelerados de sus corazones. — Buenas noches, Sebastián. Amor, ¿vienes a ayudarme con algo adentro? — preguntó Júlia, y prácticamente arrastró a su marido hacia el interior. Leonardo la siguió, dudoso, pero sabía que probablemente esa era la única forma de hacer reaccionar a su hija. Dalia oyó la puerta cerrarse detrás de ella y miró al hombre frente a ella. —
Sebastián frunció el ceño. De todas las hipótesis que había considerado, esa ni siquiera había pasado por su mente.— Llevas años en la organización, sabes cómo funciona todo, Dalia es mi sangre. Con ustedes dos al mando, puedo descansar en paz; tú la guías con toda tu experiencia y, juntos, hacen crecer el negocio por generaciones, honrando mi legado. Entonces, ¿qué dices? — Paolo esbozó una amplia sonrisa, satisfecho con su idea.Sebastián sostuvo la mirada del mayor, sin vacilar.— Estoy muy agradecido por todas las oportunidades que me ha dado, pero voy a tener que rechazar su propuesta. —— ¿Qué? — preguntó Paolo, incrédulo.— Dalia claramente rechaza su estilo de vida y todo lo relacionado con sus negocios. Jamás aceptaría ser su sucesora, y por eso quiero salir de la organización. Quiero seguir su estilo de vida, no arrastrarla a una vida llena de peligros y enemigos. Quiero protegerla, su inocencia, su bondad, su ingenuidad, porque fue por eso que me enamoré de ella, y no pien
Leonardo apretó los puños ante aquella afrenta y audacia. Había estado saliendo con su hija a escondidas, dejándolo como un idiota, ¿y ahora se atrevía incluso a decir que quería hacerla su esposa?— ¡Sal de mi vista, ahora! — rugió Leonardo al guardaespaldas.Sebastián miró al mayor, inconforme, pero sabía que enfrentarlo en ese momento no era la mejor opción.— Me iré. Pero quiero que sepa que todas las palabras que dije hoy aquí son reales y verdaderas. Amo a su hija y voy a luchar por nuestro amor. Con permiso. — Sebastián inclinó la cabeza en señal de respeto y se marchó.Leonardo se volvió hacia Paolo.— Ya es tarde. Usted también debería regresar a su casa. —Los dos hombres se miraron durante largos segundos.— De acuerdo. Me iré por ahora, pero volveré, como parte de nuestro acuerdo. Tú me dejas convivir con mi hija y mis nietos, y yo dejo de insistir en convertir a uno de ellos en mi sucesor. —Leonardo torció el gesto. No estaba contento con el hecho de que sus hijos tuvier
Sebastián se giró, y todo su cuerpo se congeló, entrando en pánico al ver a Dalia allí, con los ojos vidriosos, cargados de lágrimas y decepción.— Dalia... —Antes de que pudiera decir algo, Dalia se dio la vuelta y salió de allí a grandes pasos, casi corriendo.— ¡Dalia! Por favor, espera, ¡Dalia! — Sebastián la alcanzó por el brazo, pero ella lo apartó de inmediato.— ¡No me toques! — gritó, dejando caer las lágrimas. — ¡Tú... tú me mentiste! —— Por favor, déjame explicarte. —— ¿Explicarme qué? ¿Que trabajas para un mafioso? O mejor, ¿que formas parte de esa mafia? ¿Que viniste aquí por orden de él para espiarnos? ¿Que eres un mercenario que mata por encargo suyo? ¿Que eres la “mejor daga” de un mafioso? ¿Eso es lo que quieres explicar? —Sebastián bajó la mirada. Eso solo la decepcionó más, al verlo incapaz de negar todo aquello.— ¿Qué más puedes decirme? ¿Que conquistarme también fue un plan tuyo y de mi abuelo? —— ¿Qué? —Dalia soltó una risa seca entre lágrimas. — Claro, ¿c
Júlia estaba atareada en la cocina junto a las empleadas, preparando el almuerzo. Aunque se trataba de una visita indeseada, quería que todo saliera bien; al fin y al cabo, de ese almuerzo podía surgir un acuerdo de paz o una guerra.— ¿Por qué estás preparando tantas cosas? Parece un banquete — dijo Leonardo, entrando en la cocina.— Investigé sobre su enfermedad y tiene varias restricciones alimentarias, así que hice distintas versiones de los platos para que pueda comer. —Leonardo hizo un gesto de desagrado. — Pues debería comer como sea. —— ¡Leo! — Júlia golpeó el hombro de su marido.— Solo lo dije. No me digas que estás preocupada por ese hombre. —Júlia desvió la mirada.— No es que esté preocupada por él. Pero, de cualquier forma, es mi... progenitor y abuelo de nuestros hijos. Tú no tuviste una buena relación con tus padres, yo perdí a mi madre pronto y ahora descubro que tengo un padre. Yo solo... quiero que nuestros hijos sepan lo que es tener a alguien más. No quiero que
En los días que siguieron, Dalia y Sebastián continuaron con su rutina normal, yendo juntos a la universidad, tardando horas en volver a casa, sacando tiempo para ambos y disfrutando de sus últimos momentos juntos.Llegó el día de la publicación de los resultados y, mientras unos celebraban haber aprobado todas las materias, otros refunfuñaban y lloraban por haber reprobado.— ¡Genial! ¡Ahora podemos concentrarnos en organizarnos para el baile de fin de año! — celebró Sofía, entre las demás chicas.— ¡Vamos al centro comercial mañana para elegir los vestidos! — propuso una de ellas.— ¡Y hoy vamos a celebrar en el club! — añadió otra.— Esta vez vienes, ¿verdad? — preguntó Sofía, mirando a Dalia.— Mañana no voy a poder ir; habrá un almuerzo en mi casa. —— Entonces podemos ir el lunes. Y hoy vamos al club. —— Sabes cómo son mis padres. Es mejor que ustedes vayan, luego me cuentan cómo estuvo. —— ¡Nada de eso! ¡Sí vas a ir! Es solo una celebración. Vas a estar en el tercer año de la







