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Capítulo 8

Author: dayiEscritora
last update publish date: 2025-12-05 20:22:18

Isabella

Fue hace casi tres años que me lancé frente a un auto en movimiento en plena avenida, allá en Valencia. Eran las dos y cuarto de la mañana, según el reporte policial, y yo no llevaba nada más que una playera amarilla repleta de sangre. Recuerdo que corría como loca descalza, con una herida bajo mi pecho izquierdo y el cabello rozándome el cuello tras haber sido cortado con un cuchillo. Lloraba y gritaba como loca hasta que unos brazos fuertes me atraparon y juraron protección. Una que
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  • Me enamoré del hombre equivocado    Epílogo

    IsabellaCuando por fin el silencio se traga por completo los pasos de mi prometido, no siento alivio inmediato, ni siquiera vacío. Lo que siento es algo más difícil de nombrar, algo que se parece demasiado a la ausencia de una estructura que llevaba sosteniéndolo todo sin que me diera cuenta. Como si hasta hace unos segundos hubiera habido un triángulo invisible manteniéndome en equilibrio y ahora solo quedaran dos puntos, demasiado cerca, demasiado expuestos, demasiado reales.Evans no se mueve.Yo tampoco.Y por primera vez desde que todo empezó, no hay nadie más en la escena para justificar lo que siento, no hay una tercera mirada que distorsione lo que está ocurriendo entre nosotros. Solo queda el hecho desnudo de su presencia frente a mí, una presencia que ya no puedo reducir a incomodidad, ni a tensión, ni a interpretaciones ajenas.Es algo más directo.Más peligroso.Más difícil de ignorar.Evans finalmente da un paso hacia mí, no rápido, no invasivo, pero suficiente para camb

  • Me enamoré del hombre equivocado    capítulo 128

    IsabellaLa forma en que mi prometido se da la vuelta no es brusca ni dramática, pero aun así siento que algo se rompe en ese movimiento, algo que no hace ruido, pero que cambia completamente la estructura de lo que éramos hace apenas unos minutos. Es extraño cómo una decisión tan simple, una retirada tan silenciosa, puede dejar un vacío tan grande en el centro de todo, como si de repente el espacio entre Evans y yo hubiera dejado de estar sostenido por la tensión de tres personas y ahora dependiera únicamente de lo que yo haga con lo que queda.Lo observo alejarse unos pasos antes de detenerse, no para volver, sino para ajustar algo dentro de sí mismo, como si necesitara asegurarse de que lo que acaba de decidir no es un impulso, sino una conclusión. No me mira de inmediato, y esa ausencia de mirada pesa más que cualquier reproche, porque no hay rabia en su retirada, no hay confrontación abierta, solo una claridad fría que me obliga a entender que esto no es una escena emocional más,

  • Me enamoré del hombre equivocado    capítulo 127

    IsabellaEl “ambos ya están dentro de mí” no lo digo en voz alta, pero lo siento como si lo hubiera dicho el propio aire entre nosotros, como si la tensión hubiera terminado por volverse tan densa que empieza a pensar por sí misma. Y en ese instante comprendo que ya no hay forma de mantener esta conversación en el terreno seguro de las interpretaciones, porque todo lo que se ha estado evitando decir ha terminado acumulándose en un punto demasiado frágil.Mi prometido me observa sin apartar la mirada, pero ya no hay paciencia en su expresión, hay una claridad fría, de esas que aparecen cuando alguien deja de esperar una explicación perfecta y empieza a actuar sobre lo que ya cree haber entendido.Evans, en cambio, no me mira a él. Me mira a mí. Y esa diferencia lo cambia todo otra vez, porque aunque el conflicto es entre los dos hombres, la decisión parece estar cayendo sobre mis hombros con una precisión que me deja sin espacio para escapar.—No quiero que esto se convierta en una ele

  • Me enamoré del hombre equivocado    Capítulo 126

    IsabellaEl aire entre los tres ya no se siente como una conversación, se siente como una frontera inestable que puede romperse en cualquier dirección dependiendo de quién dé el siguiente paso, y lo peor es que ninguno parece dispuesto a retroceder. La frase de Evans sigue resonando en mi cabeza, no como una defensa, sino como algo más peligroso, algo que me coloca en una posición en la que ya no puedo fingir que esto es solo una incomodidad pasajera.Mi prometido lo mira con una calma que ya no es calma, es control sostenido con esfuerzo, como si cada segundo estuviera evitando que algo dentro de él se desborde.—No la estoy presionando —dice finalmente, pero su voz no busca convencer, busca marcar un límite—. Estoy pidiendo claridad. Algo que debería existir si todo esto es tan “no simple” como tú insistes en decir.Evans no responde de inmediato, pero su postura cambia apenas, lo suficiente para que yo lo note, lo suficiente para que entienda que ya no está tratando de evitar el co

  • Me enamoré del hombre equivocado    Capítulo 125

    IsabellaLa pregunta de mi prometido no cae como una simple duda, cae como una decisión, como si en ese instante hubiera dejado de intentar entendernos a los dos para empezar a exigirme a mí una verdad que yo misma he estado evitando mirar de frente durante demasiado tiempo. “¿Te está afectando de la misma forma?” Y lo dice con una calma que no engaña, porque ahora ya no hay espacio para interpretaciones suaves, ahora todo lo que no se diga va a ser igual de revelador que lo que se diga.Siento cómo el aire se vuelve más denso, no porque la habitación cambie, sino porque yo cambio dentro de ella, porque por primera vez en toda esta conversación no puedo esconderme detrás de la confusión ni de las medias respuestas. Evans está a mi lado, demasiado consciente, demasiado quieto, y aun así lo siento como si su presencia fuera una pregunta constante que no necesita ser formulada para existir.Mi prometido me observa sin parpadear, esperando.Evans no interviene.Y ese silencio entre los do

  • Me enamoré del hombre equivocado    Capítulo 124

    IsabellaLa palabra de Evans todavía no se ha terminado de asentar cuando siento que todo el peso de la conversación cambia de dirección otra vez, como si esa admisión mínima hubiera abierto una puerta que ya no puede volver a cerrarse con silencio. “Sí.” Tan simple, tan directo, y aun así suficiente para que mi prometido deje de mirar únicamente con sospecha y empiece a mirar con una claridad mucho más incómoda, como si por fin hubiera conseguido una pieza que no encajaba en sus dudas, pero sí en algo más grande que todavía no termina de nombrar.Mi prometido no habla de inmediato. Lo noto porque su respiración cambia, porque su mandíbula se tensa apenas, no de forma explosiva, sino controlada, como alguien que está evitando decir algo que ya tiene perfectamente formado en la mente pero que todavía está decidiendo cómo y cuándo soltarlo sin perder el control del momento.Y yo me quedo atrapada en medio de ese silencio con una sensación difícil de explicar, porque no es alivio lo que

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