تسجيل الدخولAdrián ni siquiera se molestó en leer lo que decían los papeles del divorcio; le habían bastado las pocas líneas de la carta. Se rio con sarcasmo y arrojó los papeles sobre la mesa.Paulina se acercó con cautela a recoger la pila de hojas; al notar que Adrián no hacía nada por impedírselo, tomó valor y las agarró de una vez. Las ojeó de corrido y luego las releyó línea por línea. Aliviada, confirmó que Olivia no había revelado la verdad sobre el asunto del voluntariado.Sin embargo, lo que descubrió a continuación la dejó estupefacta: Adrián había puesto a nombre de Olivia una cantidad considerable de propiedades, y además, acciones de la empresa. Aunque Olivia renunciara a toda su fortuna, con solo lo que se llevaría del divorcio quedaría con libertad financiera.—Adri —lo llamó Paulina en voz baja—, no te pongas mal. Olivia y tú...Tenía pensado decir: “si Olivia se divorcia de ti, todavía me tienes a mí,” pero Adrián la interrumpió antes de que pudiera terminar.—No lo hará —dijo co
La mente de Olivia rebosaba de ideas sobre el baile que había imaginado: si seguía la sugerencia de Valentina y lo convertía en un espectáculo completo, ¿cómo lo haría?Decenas de ideas la asaltaban como una tormenta interior, de tal manera que, cuando vio los mensajes de Adrián, no la alteraron. Eran como pequeñas gotas de agua engullidas por las inmensas olas que inundaban su mente, sin dejar rastro.Ni siquiera pensó en bloquearlo, pues los mensajes no la habían perturbado. Los leyó y siguió pensando en su baile.La inspiración había nacido de la imagen del fénix renaciendo de las llamas. Cuanto más lo pensaba, más se expandía la idea: el ciclo eterno de la vida, la continuidad de lo ancestral, la grandeza de lo primordial. Quería crear un espectáculo de danza enraizado en la mitología ancestral.Cada vez más entusiasmada, Olivia era inmune a cualquier otra emoción. Esa noche, incluso en sueños, todo fue paisajes inmensos y criaturas míticas que danzaban al ritmo de un mundo antiguo
Olivia volvió a la habitación de puntillas, con cuidado de no despertar a la maestra Carmen. Para su sorpresa, ella seguía despierta, inclinada sobre un cuaderno y escribiendo sin parar.—Maestra, ¿todavía trabajando? —preguntó Olivia, empapada en sudor.—¡Ay, ve a bañarte ya, no vayas a resfriarte! ¿Cuánto tiempo llevan bailando? —exclamó Carmen al verla.—¿Usted sabía que fui a bailar? —preguntó Olivia con algo de vergüenza. Era una de las discípulas preferidas de Carmen, y pensar en cómo bailaba ahora le daba pena.—Por supuesto —respondió la maestra con una sonrisa cálida—. Fui a verlos. Ustedes tres estaban ensayando una coreografía nueva.Olivia se turbó aún más.—La forma en que bailo ahora...—¡Bailas muy bien! —la interrumpió Carmen—. La danza es técnica, sí, pero también es expresión de lo que uno lleva por dentro. Es la libertad de bailar cuando el alma lo pide, y el valor de caerse mil veces y volver a ponerse de pie. ¡Bienvenida de vuelta!—Maestra... —Olivia quiso abrazar
Con ese anhelo en el corazón, cuando todos fueron a cenar, ella no los acompañó. En su lugar, se quedó en el salón de ensayos, buscando a la persona que alguna vez había sido.Como aquella tarde en el cuarto de práctica de la casa de su abuelita, aunque con una diferencia: esta vez bailó sin ataduras, guiada únicamente por lo que sentía por dentro, dejando que su cuerpo expresara el renacimiento del ave fénix.Muchos de los movimientos que imaginaba no podían concretarse.No podía ejecutarlos.Pero eso no la detuvo. Siguió bailando, sin detenerse, hasta que el último movimiento quedó completo. Entonces se tendió en silencio sobre el suelo, la ropa empapada de sudor.En el amplio salón resonaron aplausos.No eran muchos, y el sonido era tenue, pero llegaron como un aguacero repentino: densos y apasionados.Al voltear, vio a Julián y a Valentina avanzando hacia ella sin dejar de aplaudir.—¡Olivia! ¡Estuvo increíble! ¿Estabas bailando algo sobre un renacimiento? —Valentina la miraba sin
Poco después llegó otro mensaje de Beto:“Algo tan importante y no nos dijiste nada. Y no le eches la culpa a Pau por meterse; ella está muy preocupada por ti y no sabía qué hacer. Nos preguntó cómo podíamos animarte, aunque fuera un poco, y me rogó mil veces que no te dijera que ella me lo había contado, con miedo de que te fueras a enojar”.Adrián le respondió:“Sé que lo hacen con buena intención. No me voy a enojar”.Beto mandó el emoji de abrazo que Paulina usaba siempre, seguido de otro mensaje:“Mira... ya sé que luego me vas a decir que siempre te canto las mismas canciones. La malcriaste cinco años, la convertiste en alguien que no reconoce límites. Si tuviera aunque fuera la mitad de la madurez de Pau, ¿estarías sufriendo así? Te digo, Adri: córtale los fondos de una buena vez y ya veremos hasta dónde llega. Sin dinero no le quedará más que volver arrastrándose”.Adrián no respondió.No podía cortarle los fondos. Olivia tenía su propia cuenta; él siempre le había transferido
Paulina negó.—Adri, ya sé. Te entiendo. No tienes que pedirme perdón; no me voy a enojar.Adrián arrugó la frente y guardó silencio.—Adri... —Paulina se mordió el labio con delicadeza—. ¿Y si compramos boletos y regresamos juntos?—No hace falta —dijo con una sonrisa—. Duerme; descansa.—No quiero —dijo Paulina, negando con la cabeza—. Si tú no estás bien, yo tampoco puedo disfrutar. Además, habrá tiempo de sobra para salir después; mejor regresemos a casa.Adrián se masajeó el entrecejo, se recostó en el sofá y la miró.—¿Y no sería injusto contigo?Paulina sonrió con suavidad.—Claro que no, Adri. ¿Todavía no me conoces? Solo quiero que estés bien, que todo te salga bien.Adrián suspiró hondo.—Duerme tú primero. Mañana vemos.—Está bien. —Asintió. Paulina se levantó del tapete y se recostó en la cama.—Ya. No me pasa nada; no te preocupes.Paulina asintió de nuevo.—Adri, habla bien con Olivia. No le vayas a perder la paciencia; mientras más la presionas, más se aleja, ¿o no?El s
Antes casi no salía y no necesitaba mucha ropa; la mayoría de las veces solo hacía pedidos para Adrián. Esbozó una mueca de ironía y le aclaró a la vendedora que buscaba un vestido de gala para mujer. La empleada se disculpó y le mandó las opciones por mensaje.Olivia eligió un diseño en color duraz
La rechazó. Rodeada por sus excompañeras, se sentó al lado de la maestra Carmen. Nadie mencionó su pierna; actuaban como si no se hubieran dado cuenta del problema. Sin embargo, sabía que, para una bailarina, una lesión así era demasiado obvia como para pasar desapercibida. Solo había una explicació
Parecía que Beto la odiaba con toda su alma. Antes ese sentimiento nacía de que ella no le llegaba ni a los talones a Adrián, pero ahora su desprecio se había vuelto tangible: el proyecto de colaboración entre Adrián y el señor Ortiz se había ido a la basura por su culpa.A Olivia le parecía de lo m
Julián conducía con cuidado mientras se adentraba en la zona de callejones donde se encontraba el consultorio. El médico atendía en una clínica que ya tenía una fila larguísima extendiéndose por la entrada.Al ver a tanta gente, Julián se preocupó de que Olivia no resistiera tanto tiempo de pie.—Ir







