LOGINPero ella no.Ya pasaba de los treinta. Había conocido el amor y el odio en sus formas más intensas. No había nada que no pudiera decir.—Adrián —dijo sin rodeos—. La verdad, no me gustan las adivinanzas. Tal vez entendí mal lo que quisiste decir; pero, si entendí bien, quiero decirte esto: quizá la Olivia de antes te quiso, pero ya no.Vio que a él se le apagaba el brillo en la mirada de golpe. ¿Así que eso era lo que ella imaginaba? Era una lástima, Adrián. ¿Por qué siempre te enamoras de Olivia cuando ella ya no te ama?—¿Por qué? —Cuando se aferraba a algo, no lo soltaba. A esas alturas, necesitaba una respuesta clara.—Ya te lo dije. —Olivia rio bajito—. Ahora sé lo que quiero. Y no eres tú.Cuando terminó de hablar, se le iluminó el celular; su primo le escribía para avisarle que ya había llegado y que bajara.—Me voy. —Se dio la vuelta y salió de la pastelería.Adrián la siguió con la mirada mientras ella se alejaba; la vio llegar al borde de la calle y subirse a un auto… o, mej
Todo eso tenía algo de berrinche, aunque Olivia no sabía bien por qué.Ojalá él no lo malinterpretara. No lo decía en respuesta a la conversación que él había tenido con Federico en las escaleras el otro día; ella solo…Sentía que él la había ido contagiando, porque veía los regalos que ella hacía con tanto esmero como cosas vistosas pero inútiles; por eso, al hablar con él, a ella también le salió decirlo así, sin querer.—Ese día…Los dos hablaron al mismo tiempo. Olivia quería decir que no hablaba de ese modo por haber escuchado su conversación con Federico. Él, en cambio, quería preguntarle si lo había escuchado hablar con Federico.Olivia sintió que ya no tenía caso seguir explicando.—Adrián… —Se acercó a la caja con una charola de pan en los brazos—. Cóbrame.Eso frenó a Adrián antes de que pudiera decir nada.Tomó los panes, los escaneó uno por uno, los empacó, y cuando el precio apareció en la pantalla, algo dentro de él se resistió con fuerza; no aceptaba que su relación se h
—Con tanta gente en el autobús, ¿qué había que temer? —dijo ella, como si fuera obvio.De la parada del autobús al edificio comercial, el camino estaba bordeado de fresnos y había gente que iba y venía.Caminaban entre la multitud, en silencio.—Olivia… —Intentó hablarle varias veces, pero cada vez que pasaba un grupo de gente se quedaba callado, y al final, cuando llegaron al edificio, no había dicho nada.Ella ni se imaginaba que él quería decirle algo. Al llegar a la puerta de la pastelería en la planta baja, le hizo un gesto con la mano y dijo: —Adiós, ya me voy.Se quedó mirándola alejarse; al final, se tragó todo lo que quería decir. Cuando Olivia terminó de bailar, ya habían pasado dos horas.Había quedado con su primo en que pasaría por ella, pero a Santiago lo atrapó el tráfico en el camino y no llegaría a tiempo; todavía tardaría veinte minutos.Estaba pensando si esperar ahí en la acera o subir a dar una vuelta por el supermercado del edificio o por el centro comercial cuan
A esas alturas, ¿qué pasajero del autobús no había entendido lo que pasaba?Ese sujeto sin duda le había robado el celular a la anciana. Enseguida todos apoyaron a Olivia y le exigieron que lo sacara.La anciana también se desesperó y le suplicó:—Devuélveme mi celular, por favor. Ahí tengo muchísimas fotos de mis hijos…El sujeto se puso nervioso, pero se aferró a lo último que le quedaba de terquedad.—¡Si digo que no lo tomé, es porque no lo hice! ¿Qué pretenden? ¿Registrarme? Te aviso que registrar a alguien es ilegal; ¡viola la privacidad! ¡Y tú! —le gritó a Adrián—. Ya me lesionaste; te voy a demandar, ¡vas a tener que indemnizarme!—¡Perfecto! —Adrián no se dejó intimidar por sus amenazas—. Pues vamos a demandar. Chofer, abra la puerta, por favor; nos bajamos. ¡Vamos a buscar un lugar donde puedas demandarme!—¿Ir… ir a dónde? —El sujeto intentó zafarse aprovechando un descuido de Adrián, pero volvió a fracasar; Adrián lo sujetaba de la muñeca con tanta fuerza que no había maner
Apuró el paso y subió al mismo autobús que ella.Era hora pico y el autobús iba lleno. Olivia había subido primero y quedó atrapada en el centro, mientras él iba apretado en la parte delantera. Entre ellos había varias filas de gente; si no se buscaban a propósito, era imposible que se vieran.Por eso, Olivia no sabía que él iba en el autobús.Él apenas alcanzaba a verle el perfil de vez en cuando, en las curvas. Ese verano se había bronceado bastante, pero sus rasgos se veían más definidos; ya no era la muchachita tímida de antes.El sol del atardecer le daba de perfil, como si la bañara en oro, y ella resplandecía.El autobús llegó a una parada, bajaron varios pasajeros y se abrió un poco de espacio. Se desplazó hacia donde ella estaba y quedó más cerca.Solo los separaban dos o tres personas. Subió mucha más gente y volvieron a empujarlo hacia el fondo. Olivia seguía sin verlo; miraba distraída por la ventana.Entonces él también se quedó absorto. De pronto, hubo un movimiento brusc
Apenas terminó de hablar, Federico comprendió que había metido la pata y se apresuró a volverse para explicarle a Adrián.—No, a lo mejor me equivoqué, perdón, jefe, yo…Adrián no esperó a que terminara; se dio media vuelta y se fue. Federico se sintió fatal. Todo era culpa suya; no debió haber abierto la boca…Pero si él había visto clarito que la base de esa bola de cristal del firmamento llevaba grabadas las dos letras AV. No podía equivocarse con unas letras tan simples, ¿o sí? Si era para Leonardo, ¿no tendría que decir LM?Angustiado, corrió hasta donde estaba Leonardo.—¡Déjame revisar esto!Dicho eso, tomó la bola de cristal y revisó la base a toda prisa. La base estaba en blanco; no tenía nada…—No puede ser… —murmuró; enseguida dejó la bola de cristal y salió corriendo.Federico volvió corriendo al salón y vio a Adrián sentado muy derecho mientras resolvía problemas.—Adri… —Llegó corriendo, ya sin atreverse a hacerse el gracioso—. Adri, perdón, acabo de revisarla y no era la







