로그인Fue como una brisa suave que le rozó el oído sin que se diera cuenta. Para cuando reaccionó, él ya se había alejado; solo alcanzó a ver su espalda perdiéndose entre la marea de gente que inundaba las calles de Venecia, hasta desaparecer.—¡Olivia! —Julián la llamó desde el barco.—¡Ya voy! —Sintió un alivio enorme. Esta vez, Adrián por fin había entendido. Ya no iba a insistir en hacerse responsable de ella para siempre.Subió al barco y, junto con la compañía, se preparó para partir hacia la siguiente ciudad.Lo que no vio fue que Adrián no se había ido lejos. En cuanto ella abordó, él apareció en el balcón del tercer piso de un hotel a la orilla del agua, observando cómo su barco se alejaba poco a poco.Detrás de él, Paulina lo alcanzó y, siguiendo la dirección de su mirada, también vio la embarcación.—Adri —dijo ella—. Ya se fue.Adrián no respondió.—Adri, todavía nos tienes a nosotros. —Paulina caminó hasta quedar a su lado, hombro con hombro—. Adri, ya no me voy a ir nunca más,
Dicho eso, le envió una captura de pantalla de todo el perfil de Adrián. No había ninguna otra publicación, solo esa.Olivia pensó: “¿Cómo que es la única? Borró todas las anteriores”.Pero eso no era algo de lo que pudiera presumir, así que lo dejó así. No valía la pena mencionarlo. Le dio largas al tema y lo dejó pasar.Daniela se dio cuenta de que no quería seguir hablando de Adrián y, con buen tino, no insistió. Después le deseó feliz cumpleaños:“Lo único que importa es que seas muy feliz, ¡todo lo demás puede irse al diablo!”Olivia por fin sonrió y le respondió con un “gracias” y un abrazo.Durmió de maravilla toda la noche.A la mañana siguiente, temprano, tenían que tomar el barco para irse de Venecia.En el muelle, todos iban y venían ajetreados, cargando cosas hacia el barco.Olivia no podía con las cosas pesadas, pero cada vez que la compañía se mudaba, ayudaba a cargar utilería más ligera y, por supuesto, llevaba su propio equipaje para no ser una carga para los demás.Cua
Olivia le describió a Mercedes cómo la compañía de gira le había organizado la fiesta de cumpleaños en el teatro.Mercedes no cabía en sí del asombro.—¡Ay, Dios, un pastel de tres pisos! Nuestra Oli es una niña bendecida, con mucho, mucho amor a su alrededor.—Así es, abuelita. Oli ahora es muy, muy feliz. —Su felicidad no tenía ni un poco de falsedad; la alegría que le brotaba de los ojos la hacía resplandecer entera.Mercedes por fin se sintió tranquila. Olivia le preguntó sobre varias cosas de su vida cotidiana, y la abuela también parecía estar bien. Abuela y nieta platicaron un buen rato, hasta que Mercedes le insistió en que se fuera a descansar y dejara de charlar. La abuela no era nada despistada: había calculado la diferencia de horario y sabía que allá ya era de madrugada.—Bueno, abuelita, buenas noches.La videollamada terminó. Ya pasaba de medianoche. Su cumpleaños había quedado atrás, así, a lo grande.¿Y cómo no iba a ser a lo grande?La noche había sido impactante. Tan
Olivia abrió la bolsa de regalo. Adentro había una caja cuadrada y plana. Por lo visto, el que le había regalado diez relojes, esta vez, por fin no le mandaba otro reloj.Al abrir la caja, encontró un collar de esmeraldas.Un collar formado por grandes esmeraldas, cada una rodeada de diamantes, con una esmeralda aún más grande como pendiente central. Seguramente era carísimo.Las chicas de la compañía de gira que estaban a su lado exclamaron admiradas, y se pusieron a adivinar quién lo habría enviado.—Olivia, ¿no viene una tarjeta? El que lo trajo dijo que adentro había una tarjeta, que con verla ibas a saber quién era —dijo una de las bailarinas con cara de angustia, aterrada de haberla extraviado—. Déjame bajar a buscarla.—No hace falta —dijo Olivia deteniéndola, con una sonrisa—. No hay tarjeta, así es él.—¿Sabes quién es? —La chica se sentía muy responsable y temía haber arruinado todo.—Sí, gracias —respondió Olivia, y guardó el collar.Así que él también había venido a ver la
La melodía inundó el escenario; era la música grabada en lo más profundo de su alma.En cuanto sonaron las primeras notas, cada célula de su cuerpo despertó y comenzó a moverse al compás.Olivia respondió a la mano que Julián le tendía.Por suerte, como necesitaba moverse con libertad durante el trabajo, ya llevaba puesto el traje de ensayo. En cuanto a las zapatillas... se quitó los zapatos de una patada y, en el instante en que sus pies descalzos tocaron el escenario, sintió una fuerza que le subía desde las plantas, encendiéndole la sangre.Cuando Julián la elevó en el aire, se transformó en mariposa y voló al unísono con la imagen de sí misma de cinco años atrás que se proyectaba en la pantalla. El público estalló en aplausos.Olivia lo sabía: era la cálida generosidad del público.Su desempeño no era igual al de su mejor momento, cinco años atrás, pero quienes amaban el arte le regalaron un aliento entrañable, sin decirle como algunos: “Ya no puedes bailar, ya te vi, ya no sirves.
Fueron los últimos en presentarse, y la música de El Vuelo de la Mariposa todavía le resonaba en los oídos, negándose a desvanecerse.Además, a juzgar por la reacción del público, la pieza había sido muy bien recibida. Los aplausos estallaron en repetidas ocasiones durante la función, y ahora que Julián y Valentina salían a hacer la reverencia final, recrearon varios de los movimientos emblemáticos de El Vuelo de la Mariposa, tanto los solos como los de pareja, y el teatro volvió a estremecerse con una gran ovación.La despedida debía terminar ahí. Los espectadores ya habían empezado a subir al escenario a entregar flores, pero la música no se detuvo y, de pronto, en las pantallas a ambos lados del escenario apareció una imagen nueva.Olivia se quedó helada.Era... era una grabación de cuando ella bailó El Vuelo de la Mariposa.El micrófono del presentador pasó a manos de Julián.Él anunció que la función había terminado, agradeció al público por su apoyo y les informó que podían retir
Olivia sintió que la realidad la golpeaba de nuevo, obligándola a ver las cosas como eran. Siempre creyó que Adrián había comprado aquel departamento de una sola planta pensando en su pierna lastimada, para facilitarle la vida. Pero no...Resultó que aquel era el hogar ideal que él había soñado con
—¡Tus celos deben tener un límite! ¡Ya te pasaste! —Adrián la miraba con impaciencia, como si su tolerancia se hubiera agotado.—No estoy celosa. —Olivia lo miró fijamente, con seriedad—. Desde el principio, lo único que he dicho es...—¡Basta! —el grito de él la interrumpió.Beto, actuando como el
En casa de Mercedes había ropa de hombre; eran modelos de hacía cinco años, pero estaban impecables. Olivia la había comprado.Las noches en el campo eran hermosas: se escuchaba el canto de los grillos, se sentía la fragancia de las flores y, cuando el cielo estaba despejado, se podía ver con clarid
—Así es, señora, esta es la propiedad con la mejor ubicación; está frente al lago —comentó la vendedora para apoyar la decisión—. Cuando el clima es cálido, llegan los cisnes. Es un lugar muy tranquilo.Adrián la llevó de la mano hacia la terraza para que apreciara la vista de la casa.La brisa fres







