Masuk—¡A partir de hoy, ningún archivo volverá a ocultarse para proteger el prestigio de nadie dentro de esta organización!Antonio se dirigió al micrófono principal del estrado. Su voz grave resonó por toda la sala de audiencias de Ginebra, haciendo que las conversaciones entre los miembros del consejo cesaran de inmediato.Con la mirada fija en las filas de los altos mandos de la organización, dejó claro que Fénix Dorado llevaría a cabo una auditoría exhaustiva de todas sus líneas de negocio a nivel mundial, sin excepción alguna, ni siquiera para aquellos que hasta entonces se habían amparado en sus cargos y en la influencia de sus familias.Toda infracción de la ley, abuso de autoridad o manipulación de documentos sería sancionada de acuerdo con los estatutos de la organización y la legislación internacional vigente. Nadie recibiría un trato privilegiado por pertenecer a una familia poderosa o mantener una relación cercana con sus dirigentes.En las últimas filas, Don Fernando permanecí
—¡El nombre de Mateo figura en los archivos históricos de la organización como el de una persona que murió durante un incidente de seguridad hace décadas!Valverde señaló a Mateo con la mano temblorosa. Su voz se elevó, rompiendo el silencio de la sala de audiencias de Ginebra, que acababa de escuchar el testimonio de aquel hombre.—¿Cómo es posible que alguien declarado muerto aparezca aquí y afirme ser testigo?Nadie respondió de inmediato. Cientos de miembros del consejo dirigieron la mirada hacia Mateo, esperando una explicación por la aparición de alguien a quien durante décadas habían dado por muerto.Mateo no se inmutó ante los gritos. Permaneció frente al micrófono, mirando al presidente de la audiencia con expresión serena. Solo cuando Valverde terminó de lanzar sus acusaciones, abrió la vieja carpeta que había llevado consigo.—La facción Valverde se encargó deliberadamente de mantenerme muerto en los registros para poder apoderarse de los archivos heredados de Elena —respon
—Los registros de las transacciones financieras han sido verificados por tres bancos internacionales.La voz de un miembro del equipo de auditoría resonó con claridad por toda la sala de audiencias de Ginebra. Ante cientos de miembros del consejo, leyó los detalles de los movimientos de fondos consignados en el informe oficial. La enorme pantalla mostró transferencias por sumas exorbitantes, dejando al descubierto el flujo de dinero desde las cuentas privadas de la facción Valverde hacia el candidato rival.El hombre que permanecía de pie en un rincón de la sala se quedó sin palabras. Su rostro se tensó y sus rodillas comenzaron a temblar. Agachó profundamente la cabeza para evitar las miradas penetrantes de los altos mandos del consejo, que ahora estaban fijas en él.A unos pasos de distancia, Doña Carmen apretó con tanta fuerza los reposabrazos de su silla de ruedas que los nudillos se le pusieron blancos. Respiraba agitadamente y su rostro fue perdiendo el color poco a poco.—¡Eso
—¡Antonio! ¡Detente ahí y responde nuestras preguntas de una vez!Don Fernando golpeó con su bastón de madera el suelo de la sala, cubierto por una gruesa alfombra. Su voz resonó entre las imponentes paredes del recinto, repleto de líderes internacionales. Todavía intentaba dirigirse a Antonio con tono autoritario, tal como lo hacía cuando ambos estaban en la residencia de los De la Vega.Sin embargo, esta vez sus órdenes ya no significaban nada.Los funcionarios internacionales y los guardias armados seguían mirando hacia el estrado principal. Nadie se volvió para mostrarle respeto. Para ellos, Don Fernando no era más que un familiar que intentaba interferir en una audiencia oficial.El rostro del anciano se enrojeció. Aceleró el paso hacia el estrado, pero dos guardias corpulentos se interpusieron de inmediato en su camino.—¡Exijo que me des una explicación en privado, Antonio! —gritó, mirando a su yerno con los ojos encendidos de ira—. ¡No puedes ignorar a la familia que te acogió
—¡El Líder Supremo de Fénix Dorado, el señor Antonio!El anuncio oficial resonó por todo el salón cuando las pesadas puertas dobles de madera se abrieron de par en par. El título, pronunciado con profundo respeto, atrajo la atención de los cientos de asistentes hacia el hombre que acababa de aparecer en el umbral.En la última fila, Don Fernando se quedó paralizado. El bastón de madera que había sostenido hasta entonces se le escapó de las manos y cayó sobre la alfombra. Ni siquiera se apresuró a recogerlo, como si su mente aún fuera incapaz de asimilar lo que acababa de escuchar.Doña Carmen se aferró a los reposabrazos de su silla de ruedas. El rostro perdió todo su color mientras sus ojos permanecían fijos en Antonio, quien avanzaba hacia el estrado junto a Daniela.El hombre al que tanto habían despreciado no mostraba ni un ápice de nerviosismo. Con un brazo alrededor de la cintura de su esposa, Antonio subió los escalones del estrado y se colocó frente a todos los asistentes. El
—¡Cierren la puerta! ¡Llévenme ahora mismo a la primera fila!Doña Carmen reprendió a sus guardaespaldas mientras empujaban su silla de ruedas hacia el interior del imponente salón del edificio donde se celebraba la audiencia en Ginebra. Su voz aguda interrumpió las conversaciones cerca de la entrada. Don Fernando caminaba rígidamente a su lado, aferrado al bastón de madera mientras intentaba mantener una expresión de seguridad.Acababan de llegar a Europa y se habían dirigido directamente al edificio donde se celebraba el foro internacional de negocios. Habían viajado expresamente para presenciar la caída de Antonio, el hombre al que durante tanto tiempo habían acusado de ser un estafador y una amenaza para los intereses de la familia De la Vega. Estaban convencidos de que el consorcio global lo acorralaría y de que ellos podrían observarlo todo de cerca.Sin embargo, en cuanto se abrieron las dos enormes puertas ornamentadas con detalles dorados, Don Fernando se detuvo en seco.Dent







