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Capítulo 3

Penulis: Luna Picante
No podía hacer mucho ruido; si despertaba a los demás compañeros en sus tiendas de campaña, nadie me creería que esto era un accidente.

Rechiné los dientes y rodeé con fuerza la cintura de Rogelio para apoyarme y levantarme. Era la primera vez que estaba tan cerca del cuerpo de un hombre.

Sin poder evitarlo, mis pechos rozaron su torso mientras mis manos subían de su cintura hacia sus abdominales. Me pegué a él para no caerme, sintiendo que mi cabeza estaba a punto de colapsar.

Rogelio me sostuvo y me ayudó a llegar a una plataforma de descanso junto a las aguas termales. En cuanto me senté en una piedra, intenté alejarlo, pero mi cuerpo seguía reaccionando y ya no tenía fuerzas.

Desde una tienda no muy lejana, se escucharon unos gemidos suaves. Me llevé la mano a la frente con angustia.

“Esto no puede estar pasando”, pensé.

Cuando empezaba a calmarme, Elena y su esposo habían decidido empezar a tener intimidad.

Me miró un momento y luego me jaló para que nos escondiéramos detrás de unos arbustos cercanos. Bajo la luz de las estrellas, alcancé a ver a la contadora apoyada en la misma piedra donde yo había estado sentada hace un momento.

Su esposo la tomaba por detrás mientras ella intentaba reprimir sus sonidos. Aquello me llegó como una descarga eléctrica que me recorría por dentro, apretándome.

Mi cuerpo, que apenas se había relajado un poco, reaccionó con una intensidad mucho más fuerte. Rogelio y yo nos quedamos inmóviles tras la vegetación, sin atrevernos ni a respirar.

Su olor ya se me había quedado grabado en la memoria. No podía seguir así. Rogué internamente para que terminaran rápido, pero el tipo resultó tener mucha condición.

Poco a poco, empecé a sentir el calor que desprendía el cuerpo de Rogelio. De pronto, volví a llegar al límite. Se me escapó un pequeño gemido que no pude controlar, y su brazo rodeó mi cabeza y me tapó la boca con la mano.

—Mmm...

Inhalé. Estaba atrapada entre sus brazos. Sentir los latidos de su corazón y la firmeza de sus músculos hizo que mi deseo se volviera casi tangible.

—Shhh... —Rogelio me hizo una señal para que guardara silencio.

Asentí sin fuerzas y empecé a temblar mientras me sostenía. Con la luz de la luna, pudo notar mi mirada perdida. Seguramente recordó que antes, por accidente, había visto mi ropa interior empapada.

Lo entendió todo.

Traté de soltarme de su agarre, pero me daba pánico que Elena nos descubriera. Las sacudidas de mi cuerpo me empujaban una y otra vez al abismo, una sensación tan fuerte que casi me hace perder el conocimiento.

Después de lo que pareció una eternidad, Elena y su esposo regresaron satisfechos a su tienda. Rogelio por fin me destapó la boca. Yo respiraba con dificultad, tratando de recuperar el aliento. Aunque debí haberme alejado de él, mi mente solo podía pensar en su cercanía; no quería y no tenía energía para moverme de su lado.

—¿Lo necesitas?

Al escuchar su pregunta, intenté escapar de su abrazo toda asustada, pero en el movimiento terminé tocando sin querer la zona de su entrepierna. Estaba duro. No necesitaba palparlo mucho para darme cuenta de que tenía un tamaño impresionante.

—Yo... yo no... —balbuceé, tratando de negarlo por puro nervio.

Rogelio arrugó la frente y, sin decir más, metió la mano por debajo de mi falda.

—¿En serio? —preguntó con un tono burlón que me puso a temblar.

Sus dedos ásperos recorrieron mi piel centímetro a centímetro. Cada lugar que tocaba se sentía como si me quemara. Inconscientemente encogí las piernas, pero él me las abrió con firmeza.

Sus dedos rozaron primero mi ropa interior por fuera. Sentí un chispazo. Todos mis sentidos se alteraron; sentía una comezón desesperada en el alma y, sobre todo, ahí abajo. Intentaba apartarlo, pero en el fondo lo deseaba con locura. Agarré su camisa con fuerza, jadeando.

—Ay... —mi voz sonaba como un gemido que ni yo misma reconocía.

Me sentía fatal por dentro; quería que siguiera, pero al mismo tiempo sentía que debía detenerlo. Era una lucha interna que me estaba volviendo loca. Jaló mis bragas y metió los dedos.
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