LOGINTenía mucha más fuerza que yo y no lograba zafarme.Mientras se desabrochaba el cinturón, me empujó contra los lavabos.—¿No estabas muy lanzada con Rogelio anoche? —me dijo con malicia—. Hoy es mi turno de darte lo que necesitas.Trataba de gritar con todas mis fuerzas, pero me tapó la boca con la mano para callarme.—No te desgastes, ya todos se fueron de la oficina y ni los de seguridad están, así que gritar no te va a servir de nada. Mejor deja que me divierta un rato.Forcejeé mientras las lágrimas empezaban a rodar por mi cara. Ricardo me arrancó el sostén y me apretó el pecho; sentí como si una descarga eléctrica me recorriera y mi cuerpo reaccionó con sacudidas. Se pegó a mí por la espalda y yo, desesperada, cerré los ojos.Cuando estaba por salirse con la suya, Rogelio entró y le dio una patada en el costado con tanta fuerza que lo mandó a volar. Ricardo terminó en el suelo, con los pantalones abajo.Exclamé llorando mientras corría a refugiarme en sus brazos.Me protegió cont
Quería alejarme de las manos de Rogelio, pero al mismo tiempo no podía dejar de disfrutar lo que me hacía sentir. Me sentí un poco apenada y dije, entre dientes:—Estoy bien, en serio. Es que no dormí nada bien anoche; con un ratito que descanse se me pasa.Elena dejó de insistir y se dirigió a Rogelio:—Ándale, sé un caballero y cuida a Ale.Me lanzó una mirada y, sin perder la calma, siguió moviendo los dedos.—Claro, no te preocupes —respondió como si nada.Sin embargo, aumentó la presión. Sentí un estremecimiento por todo el cuerpo; Rogelio notó cómo me tensaba y decidió llegar más a fondo. Un segundo después, apreté los dientes y alcancé el clímax entre sus manos. Vi cómo se burlaba de mí con una sonrisa maliciosa, pero en un instante recuperó su expresión seria mientras seguía con lo suyo.Comencé a suplicarle que se detuviera, que ya no siguiera, pero me tomó de la mano y me obligó a tocarlo por encima del pantalón. Entendí lo que quería. Todavía bajo los efectos del placer, lo
Todo fluyó de manera natural. Al terminar, me quedé sin fuerzas, apoyada en Rogelio mientras sentía mi cuerpo empapado.Noté que la pesadez se había esfumado; esa urgencia voraz que me consumía había sido dominada por él. Siempre había dependido de las pastillas para controlarme, pero nunca imaginé que hacerlo tendría el mismo efecto que la medicina, o incluso mejor.Me aparté de Rogelio con lentitud y bajé la mirada, sintiendo demasiada pena como para sostenerle la mirada.—Ale... —susurró él con suavidad.—¿Quieres ser mi novia?Su pregunta me tomó por sorpresa y me dejó sin saber qué decir. En ningún momento esperé que se sintiera obligado a hacerse responsable; de hecho, yo era la que quería agradecerle por haberme ayudado en pleno brote de mi enfermedad.—Es que... yo... —balbuceé, sintiéndome muy apenada.Rogelio me tomó de la mano y me presionó con una sonrisa:—¿O qué? ¿A poco no piensas hacerte responsable de mí?Me di cuenta de que, en cuanto él bajaba el tono de voz para hab
—Pensé que tú... —Rogelio no terminó la frase.Sabía lo que iba a decir. De seguro creía que yo era una mujer fácil y que solo estaba tratando de seducirlo a propósito.Me ganaba por varios años; era un hombre maduro. Nunca le había fallado su instinto con las mujeres, pero esta noche se había equivocado.—Perdón. No es que me importe si eres virgen o no, pero tienes que pensarlo bien —dijo mientras se detenía.Pero mi deseo no disminuyó cuando dejó de tocarme. Al contrario, parecía que mi cuerpo se estaba vengando de mí, porque las ganas se volvieron todavía más intensas.Noté que él también estaba muy excitado. Llevaba así toda la noche y seguro ya no resistía más, pero aun así se detuvo. Lo vi respirar hondo para tratar de calmarse.Sin querer, mi cuerpo seguía buscándolo. No estaba segura de si era solo una reacción física o si me estaba empezando a gustar. Verlo contenerse de esa forma era como un veneno para mí. Me sentía capaz de cualquier cosa con tal de estar con él.Ya no pud
Sus yemas ásperas presionaron mi punto más sensible.—Mmm...La emoción era casi imposible de contener. Hundí la cara en el pecho de Rogelio y gemí como una gatita.Retiró los dedos y, frente a mí, observó el rastro brillante que había extraído. Abría y cerraba la mano, dejando que la humedad bajo la luz delatara lo que me estaba pasando.Sentí vergüenza y frustración. Me molestaba que hubiera interrumpido ese placer tan intenso.—¿Segura que no quieres? —su voz resonó cerca de mi oído. Ese tono juguetón me provocó un nuevo escalofrío.Sus dedos acariciaron lentamente mi muslo. El ligero roce de la humedad me debilitó las piernas. Su tono ya no era el de alguien preocupado por mi salud; ahora me provocaba de manera directa.Tomé fuerza, negándome a admitir lo que sentía. Sin embargo, volvió a bajar la mano y, sobre la ropa interior, empezó a delinear mi intimidad con lentitud.Sentí un cosquilleo y la humedad comenzó a desbordarse, recorriendo la parte interna de mis muslos. Era una se
No podía hacer mucho ruido; si despertaba a los demás compañeros en sus tiendas de campaña, nadie me creería que esto era un accidente. Rechiné los dientes y rodeé con fuerza la cintura de Rogelio para apoyarme y levantarme. Era la primera vez que estaba tan cerca del cuerpo de un hombre. Sin poder evitarlo, mis pechos rozaron su torso mientras mis manos subían de su cintura hacia sus abdominales. Me pegué a él para no caerme, sintiendo que mi cabeza estaba a punto de colapsar.Rogelio me sostuvo y me ayudó a llegar a una plataforma de descanso junto a las aguas termales. En cuanto me senté en una piedra, intenté alejarlo, pero mi cuerpo seguía reaccionando y ya no tenía fuerzas. Desde una tienda no muy lejana, se escucharon unos gemidos suaves. Me llevé la mano a la frente con angustia. “Esto no puede estar pasando”, pensé. Cuando empezaba a calmarme, Elena y su esposo habían decidido empezar a tener intimidad.Me miró un momento y luego me jaló para que nos escondiéramos detrás