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255 Lo Que Me Perdí

Author: Jenne Lopes
last update publish date: 2026-10-23 22:33:23
El olor me golpeó antes de que hubiera cruzado del todo la puerta, y mi estómago se revolvió y respondió por su cuenta, sin pedirme permiso.

Salí del baño con la toalla anudada en la cadera y el pelo goteándome por la nuca, y toda la sala había cambiado mientras yo estaba ahí dentro.

Habían puesto una mesa pequeña frente al sofá. Baja, cuadrada, a la altura justa para que un hombre comiera sin tener que levantarse, y estaba cargada de comida. Casi todo seguía echando vapor. El olor tenía capas:
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  • Mi Segunda Oportunidad: Mi Mate es un Bárbaro   261 Polvo en el Cabello

    SeraEntró sin golpear, lo cual no significaba nada, porque la habitación también era suya, y yo lo sabía, y aun así lo anoté en la lista.Ese era el estado al que me había llevado a mí misma. Una hora al borde de la cama con las manos cruzadas y la espalda recta, y en esa hora había tomado cada pequeña cosa ordinaria y le había dado la vuelta para leer lo que había debajo, y siempre hay algo escrito debajo si uno ha decidido de antemano que lo habrá. Mina desaparecida desde el amanecer. Un abrigo. Un hogar frío. Un hueco arrancado del medio de su ropero. Los había puesto en fila y la fila tenía colmillos, y lo malo de construir algo así con las propias manos es que uno no puede permitirse el alivio de no creerlo.Así que cuando la puerta se abrió de golpe y él dio tres pasos dentro de la habitación antes de notar siquiera que yo estaba sentada en la cama, la voz dentro de mí dijo ni siquiera puede mirarme, y supe exactamente qué era esa voz y, aun así, la dejé hablar.—Volviste —dije

  • Mi Segunda Oportunidad: Mi Mate es un Bárbaro   260 El Cuarto Frío

    Sera—Mina.Acerqué el oído a la madera. No había sonido de fuego, ni crujido de peso sobre las tablas, ni respiración. Hice girar el pestillo y empujé la puerta.La habitación se había enfriado. Eso fue lo primero que noté. El hogar guardaba un lecho de cenizas grises sin una sola brasa naranja, muerto desde hacía tanto que el frío había vuelto a calar la piedra por completo, y una habitación donde había estado una loba hacía apenas una hora no se enfriaba así.La cama estaba hecha. El tocador donde la había visto por última vez, con su pequeño espejo de metal y el tarro de carbón que se difuminaba en los ojos, estaba limpio y ordenado, el cepillo puesto en paralelo al peine, todo en su lugar de una manera que me heló la piel sin que pudiera explicar por qué.Fui hasta el ropero y lo abrí. No sé qué estaba buscando. Había ropa colgada, bastante, pero con un hueco en el medio donde habían sacado cosas, y en el fondo, marcada en el polvo, la forma de algo pesado que había estado ahí mu

  • Mi Segunda Oportunidad: Mi Mate es un Bárbaro   259 La Única Puerta

    Sera—Mi Luna. ¿Mando llamar a la curandera?Levanté una mano desde el borde de la jofaina antes de que pudiera venir a mi lado.—No.—Lleva un buen rato así...—Ya te oí la primera vez.El resto subió antes de que pudiera terminar la frase, delgado y agrio, y me aferré al borde de hierro frío y lo dejé venir. La muchacha se quedó donde estaba, junto a la puerta, con una pila de lino doblado contra el pecho, sin moverse, sin irse, haciendo lo peor que puede hacer una sirvienta: quedarse rondando.Escupí en la jofaina y me limpié la boca con el dorso de la muñeca.—Fue la bodega —dije—. Madra tenía las tinajas de salmuera abiertas. Me tragué mal la mitad y desde entonces no dejo de saborear sal.—La salmuera no suele...—¿Tienes la costumbre de discutir conmigo?Eso la hizo moverse. Se acercó, dejó el lino sobre la silla e inclinó la cabeza bien bajo, como hacían todos ahora, con los ojos fijos en mis botas en vez de en mi rostro.—No, mi Luna. Lo siento.—Deja el agua. Llévate la jofa

  • Mi Segunda Oportunidad: Mi Mate es un Bárbaro   258 ¿Vendrías Conmigo?

    Mina volvió a cruzar el arco con una cantimplora en las dos manos y acomodé mi expresión antes de que ella llegara al umbral. Me la entregó y se dejó caer en el sofá, dejando unos centímetros de cojín vacío entre nosotros al sentarse. Noté los centímetros. Bebí.El agua estaba fría hasta el fondo. Terminé casi todo y separé la cantimplora de la boca y la miré a ella, y después al espacio que había dejado entre nosotros, y dejé que algo pequeño me tirara de la comisura de la boca.—¿Sabes? Si el Norte no fuera un lugar tan atrasado, esta sería la parte donde ponemos una película y nos relajamos.Ella frunció el ceño hacia mí.—¿De qué hablas?—De un televisor.—¿Qué es un televisor?Me detuve.—No sabes qué es un televisor.Ella negó con la cabeza. Lo hizo apenas, un poco avergonzada, los ojos bajando hacia sus propias manos.Solté el aire.—Eso es... Dios. Eso es triste, Mina. Es triste de verdad.Así que le conté. Dejé la cantimplora y lo dibujé para ella en el aire con las manos, un

  • Mi Segunda Oportunidad: Mi Mate es un Bárbaro   257 La Variable

    —¿Por qué mentiría alguna vez sobre amarte?Ella siguió mirándome fijo, como si le hubiera dicho que la luna había salido verde y estuviera esperando que yo admitiera que era broma, y la dejé mirar, porque el silencio estaba haciendo mi trabajo por mí, y hace mucho que dejé de sentirme incómodo dentro de un silencio.Arrastré los últimos restos de comida fuera del plato.—Ahh. Mierda. Esto está bueno. —Me salió bajo, alrededor del bocado. Terminé de masticar el resto y dejé el tenedor contra el plato vacío con un pequeño clinc—. Gracias, Mina. Eso también lo digo en serio.Eso la deshizo. Dejó que sus ojos se apartaran de mí y la comisura de su boca se levantó.—Me alegra que lo hayas disfrutado.Se levantó y empezó a levantar la mesa. Se estiró sobre mí para alcanzar el plato y lo apiló con los demás, y a mitad de camino se detuvo en seco y dijo una palabra en voz baja que no voy a repetir, algo sobre olvidarse el agua como una tonta, y después tenía toda la pila de platos balanceada

  • Mi Segunda Oportunidad: Mi Mate es un Bárbaro   256 ¿Por Qué Mentiría?

    La luz en su rostro se apagó un poco. Ella misma lo notó. Se inclinó rápido para arreglarlo.—No, no. Está bien. No hagas eso. Ya estás aquí. Eso es lo que cuenta, ¿no? Estás aquí.—Estoy aquí.—Entonces come.Tomé otro bocado para devolverle el momento. Me vio hacerlo, y la preocupación se le fue soltando de a poco, y se acomodó. Me permití mirarla de verdad por primera vez desde el recibidor, ahora que su guardia tenía otra cosa en qué pensar.—Creciste tanto —dije—. Te miro y no encuentro a la niña. Sigo buscándola y no está ahí.—Sigo siendo yo. —Hizo un pequeño gesto con un hombro—. Solo más grande.Eso me arrancó una risa. Una de verdad.—Ahh. Ahh, no. Vamos. No eres más grande. Sigues siendo chiquita. Mírate. Eres una mujer pequeña.El gesto se detuvo. Sus cejas bajaron.—¿Qué quieres decir con eso?—Quiero decir lo que dije. Eres pequeña. Eres una mujer pequeña.—¿Y qué tiene de malo ser una mujer pequeña?Tenía el tenedor a medio camino y el olor me golpeó otra vez y perdí el

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